By 90Min
May 17, 2019

Griezmann ha anunciado su marcha del Atlético de Madrid. El galo ha querido despedirse bien. Lo ha anunciado mes y medio antes del cierre de mercado y ha dado un vídeo dando las gracias tanto al club como a los aficionados por sus años vestido con la elástica rojiblanca. Su futuro todavía no se conoce, podría ser el FC Barcelona o el París Saint Germain. Sin embargo, pese a las buenas maneras, tendrá casi imposible el perdón de muchos de los hinchas del Atlético de Madrid. Se sienten engañados tras el espectáculo dantesco de La Decisión en el que jugó con sus sentimientos. Un montaje que perdonaron para que solo un año después haga las maletas.


Le costó al Wanda Metropolitano. Aquellos hinchas que habitualmente iban al Calderón decidieron perdonar en el nuevo estadio a Antoine Griezmann. Decidieron perdonar sus meses de dudas, aquellas palabras vacías en las que dejaba a la hinchada rojiblanca, que lo adoraba, en vilo sobre su futuro. Les costó, pero finalmente hicieron borrón y cuenta nueva. Creían en el galo para pasear triunfante el nombre del Atlético de Madrid por el camino europeo. No los ha llevado a la gloria y no debieron creer en él. Tras la decisión, se marcha. Abandona a los suyos. Esta vez lo hará de una manera elegante, pero la segunda traición es mucho más difícil de asimilar.

Los defensores de Antoine argumentarán que los rojiblancos deberían enfadarse tan solo si la marcha es de Koke o Saúl. De canteranos a los que el Atlético de Madrid les ha dado todo. Griezmann se debe a la Real Sociedad y, en todo caso, al Olympique de Lyon, el equipo de sus amores. Sin embargo, ellos olvidarán el orgullo de una afición que ha querido a alguien como suyo y ha sentido las carcajadas a sus espaldas. Porque el baile del Fortnite, el del cocodrilo o el de Drake no es suficiente para aliviar la pena que sienten los atléticos. Porque podrían haber perdonado una marcha como la de este año si no hubiera tentado a los malvados del lugar como la pasada campaña.

Denis Doyle/GettyImages


Griezmann se marcha del Metropolitano dejando una huella en su camino. Se marcha con una estrella y con la duda de si se respetará. Puede que algún día los colchoneros logren evitar la traición y tan solo se centren en las alegrías, el cerebro trata de aliviar los traumas, pero por el momento el galo no encontrará perdón. Los vídeos para redimirse quedarán en simples vídeos engullidos por la red social. El alma de los que llevan aquella camiseta que han vestido Torres, Futre o Luis Aragonés está herida. El colchonero no perdona dos veces.

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