By 90Min
May 19, 2019

Una de las eminencias del estudio de los conflictos en el deporte madre, se detiene en desnudar las intrincadas relaciones entre el fútbol y la violencia que lo secunda.


Pablo Alabarces es Licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires (UBA), doctor en Sociología, docente universitario e investigador del Conicet. Su campo de estudio a lo largo de su carrera han sido las culturas futbolísticas.


Todo empieza con el concepto del 'aguante'. En su artículo académico “Fútbol, violencia y política en la Argentina: ética, estética y retórica del aguante”, plantea que en el universo redondo de los últimos decenios, el aguante comienza a cargarse de significados muy viscerales, intrínsecamente vinculados con la "puesta en acción del cuerpo". Esa potencia del cuerpo de la que hablaba el filósofo Spinoza, se manifiesta en el famoso “aguante” de las hinchadas. “Aguantar es poner el cuerpo”, afirma Alabarces, nacido y criado en Liniers, postulando su simpatía por Vélez Sarsfield. Es decir, aguantar es sinónimo de violencia física, en su sentido dominante. Casi como si fuera un mandato, un contrato social entre los barras de cada club. 






“La visión de la violencia como una práctica que no sólo no puede ser rechazada, sino que, por el contrario, es legítima, tiene mucho que ver con el honor, y es hasta obligatoria. Porque organiza el colectivo hinchada: porque la hinchada no puede dejar de tener aguante”, plantea desde un concepto de las ciencias sociales. Etimológicamente, la definición es simple: aguantar consigna a ser soporte, a apoyar. Desde una mirada lingüística de Saussere, el significado de "aguante" sería, justamente, "apoyo" a un equipo. Su significante concreto, la violencia que trae aparejada dicho "aguante".


“Porque el aguante es una forma de nombrar el código de honor que organiza el colectivo hinchada y muchas de sus prácticas: esa defensa del honor implica, como en las culturas más antiguas, el combate, el duelo, la venganza”. El aguante significa, entonces, una orientación hacia el otro, no puede ser individual, es colectivo. Necesita del otro para demostrar su poderío.

En este último punto, recientemente, en el auditorio de la Sociedad de Cirugía del Uruguay dictó una conferencia, partiendo de una premisa: “La violencia no es algo excepcional de individuos excepcionales”.


"Cuando se trae a colación la frase “los inadaptados de siempre”, no desarrollas nada", relata. Hay algo que hace distinta a la Argentina a la hora de pensar soluciones al respecto: la relación de los barras con el poder. 


Un viejo aforismo de Oscar Wilde dice: “No importa si lo hablas bien o mal, lo importante es hablar de ello” y, al aplicarlo a la pelota, el catedrático cuestiona el rol de los medios de comunicación que reproducen la retórica del aguante, dándole entidad a estos "marcos de interpretación”.


Lamentablemente, la violencia dejó de ser una excepción de simples individuos asilados, para convertirse en la regla de un grupo social determinado. La problemática debe abordarse desde una mirada múltiple e interdisciplinaria que involucre a todas las partes, y su comprensión combine un abanico de distintas epistemes. 

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