By 90Min
September 09, 2019

Burlas por finales perdidas, fracasos de último minuto, el invento del término "cruzazulear", refuerzos nefastos, así como decepciones en cada torneo, son sólo algunas de las cosas que el aficionado del Cruz Azul ha tenido que soportar durante los últimos 10 años, viendo como su equipo es incapaz de salir campeón de liga, sucumbiendo incluso ante sus rivales más odiados, pero la gota que derramó el vaso cayó esta semana, cuando ante todo el mundo fueron exhibidos los problemas y la mala administración que hay en el equipo desde dentro de la institución.

Era admirable ver como a pesar de no salir campeón, de fracasar cada torneo, la afición cementera regresaba cada seis meses a apoyar a su equipo, incluso cuando las derrotas habían sido de lo más dolorosas posibles; en ese momento hubiera sido lógico que los fanáticos perdieran la fe y poco a poco se alejaran del club, sin embargo, la lealtad perduró pese a los malos resultados. 

Ahora, tras salir a la luz la guerra fraternal que hay en la directiva, así como los actos de corrupción, desatando la renuncia de Ricardo Peláez y la pérdida de un plan a largo plazo tras la salida (hasta el momento) de Billy Álvarez del aparato deportivo para que éste sea tomado por su hermano Alfredo y el señor Víctor Garcés, todo aficionado de La Máquina tiene el derecho a sentirse indignado, a querer alejarse de lo que pareciera ser una estafa y mostrar su enfado ante una institución que parece más perdida que nunca.

El aficionado celeste ha aguantado todo y se ha caracterizado por su lealtad al club, pero el equipo no le ha correspondido y ahora les ha demostrado que está más hundido que nunca, pues mientras el señor Garcés dice que lo más importante es la afición, sus acciones muestran todo lo contrario. 

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