By 90Min
October 08, 2019

Viajar. Somos muchos los que nos gusta viajar. Muchos a los que nos han conquistado los avances tecnológicos y el proceso globalizador. En cada viaje descubrimos nuevas formas de vida, nuevas culturas que nos alejan de pensamientos etnocéntricos y rancios. Apostamos por abandonar nuestra casa, aunque sea solo por unos días, para salir a conocer el mundo en el que vivimos: ciudades nuevas, gente diferente… Experiencias. Al final todo se reduce a eso. Experiencias que nos ayudan a madurar y crecer en nuestro intelecto, porque todo lo pasado es sabiduría en el hoy.

Kaz Photography/GettyImages


No obstante, no todo es bueno. Recuerdo un viaje a Colonia, Alemania, en el que llegue casi arrastrándome desde el avión. El cansancio acumulado pudo conmigo… y eso que ni tan siquiera salí de mi zona horaria. Imagínense como sería esto si voláramos a Singapur… y no para relajarnos en un sofá, sino para entrenar. Algo así le ocurrirá a Arthur Melo en unos amistosos inexplicables. Brasil viajará al país asiático para enfrentarse a Nigeria y Senegal, dos selecciones africanas. El sinsentido del fútbol y su mercado en su más pleno auge. De nuevo el gran perjudicado es el aficionado, seguido por el jugador de fútbol, convertido en un mero esclavo del dinero, mercancía.

Brasileños, nigerianos y senegales no podrán ver estos partidos desde el estadio y tendrán que ver a sus ídolos por televisión, sin opción. El futbolista tendrá que recorrerse miles de kilómetros por un partido intrascendente. En el caso de Arthur, el viaje será de más de 20.000 kilómetros. Un recorrido demasiado largo del que nadie puede salir airoso. Un recorrido por el que ni tan siquiera va a regresar a su país con los suyos ni va a disputar un partido oficial. Solo va a enriquecer a la federación de su país. Dinero, mercado. Hasta los países, encarnados en selecciones, se han convertido en empresas. Neofútbol.

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