By 90Min
October 18, 2019

El fútbol es un deporte roto y corrompido. Por dentro y por fuera. El dinero se ha hecho con todo. Los futbolistas han olvidado el honor de la camiseta y tan solo luchan por el color del billete. Muchos empiezan a ser millonarios antes de ser adultos y empiezan a tener comportamientos descontrolados, ególatras y que difieren mucho en lo que a humildad se refiere. A veces, en medio del desierto descubrimos un oasis: Saido Mané. El jugador no olvida sus orígenes, en los que jugó descalzo, trabajó en el campo y pasó hambre. Esta es la razón por la que es ajeno a toda la parafernalia monetaria de la que otros hacen gala.

PAUL ELLIS/GettyImages


En una entrevista para nsemwoha.com, el futbolista senegalés se hizo la siguiente pregunta: “¿Para qué quiero diez Ferraris, 20 relojes con diamantes y dos aviones? ¿Qué haría eso por el mundo?”. Una pregunta retórica a la que no le hacía falta ni responder, pues el atacante lo tiene bastante claro: “Yo pasé hambre, trabajé en el campo, sobreviví a tiempos difíciles, jugué descalzo y no fui al colegio. Hoy, con lo que gano, puedo ayudar a la gente”.

El futbolista no se quedó en solo palabras, pues tras hacerse esta pregunta y rememorar sus orígenes, explicó en qué invertía el dinero que podría gastarse en esos lujos pretenciosos. “Construí escuelas, un estadio, proporcionamos ropa, zapatos y alimentos para personas en extrema pobreza. Además, doy 70 euros al mes a todas las personas en una región muy pobre de Senegal para contribuir a su economía familiar”, confesó. Ojalá todos fuéramos Saido Mané. 

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