By 90Min
October 24, 2019

River está en una nueva final de América, la segunda consecutiva y la tercera desde que Gallardo asumió como DT millonario en julio de 2014. No jugó bien en la Bombonera, sufrió más de lo esperado, pero venció a su clásico rival por quinta vez consecutiva en series mano a mano (todos los que jugó Gallardo) y estará el 23 de noviembre en el Estadio Nacional de Chile buscando su quinto trofeo continental.

El 0-1 en cancha de Boca le quitó algo de brillo a la abrumadora superioridad que hubo en el Monumental el 1º de octubre, pero cualquiera que afirme que el conjunto de Alfaro mereció la clasificación por lo hecho en la vuelta estará cayendo en un análisis vacío que poco tiene que ver con lo que pasó a lo largo de los 180'.

Boca fue más que River el martes, eso está fuera de discusión. Redujo a la visita a su mínima expresión como en los mejores partidos de la era Alfaro, le quitó la pelota, fue más intenso y dispuso de las (pocas) mejores, situaciones de gol. River no pudo hacer su juego de presión alta y dinámica en el ataque, sus mediocampistas no encontraron el balón, Nacho Fernández y Palacios tuvieron roles casi exclusivamente defensivos y los delanteros no conectaron. Pero a diferencia de lo sucedido en la ida, el dominio territorial y de posesión xeneize no se tradujo en peligro en el arco de Armani como sí lo tuvo River en el de Andrada.

Rodrigo Valle/GettyImages

Alfaro sabe cómo neutralizar a un rival (no le salió en el Monumental), pero no le es tan sencillo ir a buscarlo con argumentos y una idea de fútbol clara y concisa. Su arma casi exclusiva es la pelota parada y ayer contó con la llamativa ayuda de un árbitro increíblemente localista (ver el hilo de tweets debajo) que le permitió meter una gran cantidad de pelotas dentro del área de River. De esos centros nace la sensación de que Boca fue muy superior a River y el gol de Hurtado, pero no encontramos otro argumento que nos haga pensar que el resultado se quedó corto y que Tevez, Wanchope y compañía merecieron más como se escuchó decir al mismo Alfaro, a los jugadores y a periodistas partidarios.

Queda la espina de no haber podido hacer un mejor partido en cancha de Boca, de volver a demostrar la diferencia entre uno y otro. Aún así, que no queden dudas, en la Bombonera pasó el mejor.

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