By 90Min
November 05, 2019

Un ídolo del Atlético de Madrid fichó por el Barcelona la pasada temporada. Todo parecía que debía ir sobre ruedas, pero, con el paso de los días, la operación ya no parece de tan necesidad. No es que Griezmann esté cuajando un mal nivel, pues aunque no ha mostrado su mejor fútbol y todavía sigue adaptándose, Le Petit Prince está cumpliendo sobre el verde. El problema reside en las aficiones. Probablemente, la luna y el sol tengan más parecido que culés colchoneros. Pese a que ambos comparten rivalidad con el Real Madrid, las exigencias de una hinchada y otra son muy diferentes.

David Aliaga/MB Media/GettyImages


La afición del Atlético de Madrid está forjada en el cinturón industrial madrileño. Curtidos en mil derrotas, valoran como nadie el esfuerzo del obrero. Acostumbrados a vivir en una ciudad reinada por el ruido, el asfalto y el estrés, sus valores casan con el esfuerzo y el trabajo. Obreros del fútbol como Raúl García terminaron siendo ídolos. Griezmann aprendió del trabajo y su esfuerzo siempre fue recompensado.


Al otro lado del planeta fútbol, está la hinchada del Barcelona. Ellos aprecian el arte, siguen a la vanguardia del fútbol internacional. Sus aplausos no van dirigidos hacia el jugador que se desquita presionando, los reservan para el toque sutil, el pase rompedor de líneas, el fino regate… en definitiva, el fútbol total. Esa hermosura heredada de la Ciudad Condal que todavía siente nostalgia del legado de Gaudí y de Salvador Dalí. En este bagaje, el sacrificio de Griezmann cubriendo todas las subidas de Jordi Alba y apoyando en el centro del campo pasa desapercibido. No lo hacía Coutinho.

TF-Images/GettyImages


El Camp Nou, aunque le pitaba, en el fondo quería al atacante. Sabían que el brasileño es un jugador de otro planeta y que ve fútbol donde otros solo ven césped, regates donde temen piernas y disparos con rosquita y al segundo palo, como Henry. Ahora por el estadio suena aquello de que siempre será mejor lo malo conocido y lo bueno por conocer. Empiezan a pensar que el perico les gustaba más que el colchonero. Coutinho, mientras tanto, hace florecer las praderas de Baviera.

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