Encefalopatía Traumática Crónica, los rostros de la CTE en la NFL

De los 878 exjugadores fallecidos en ese periodo, 235 donaron sus encéfalos para evaluación neuropatológica. Entre ellos, 215 mostraron evidencia de CTE.
El ex ala defensiva de los Dallas Cowboys, Marshawn Kneeland, fue diagnosticado de manera póstuma con Encefalopatía Traumática Crónica (CTE) en etapa 1 en julio de 2026
El ex ala defensiva de los Dallas Cowboys, Marshawn Kneeland, fue diagnosticado de manera póstuma con Encefalopatía Traumática Crónica (CTE) en etapa 1 en julio de 2026 / Getty Images

El futbol americano profesional representa una de las industrias deportivas más lucrativas, pero enfrenta de manera paralela una profunda crisis de salud ocupacional de dimensiones epidemiológicas. 

La Encefalopatía Traumática Crónica (ETC o CTE, por sus siglas en inglés) se ha consolidado como un riesgo neurológico inherente para los jugadores de la NFL tras su retiro. 

Un nuevo y  exhaustivo estudio longitudinal y retrospectivo, publicado en agosto de 2026 por The British Medical Journal (BMJ), ha establecido métricas concretas sobre la incidencia de esta patología: al menos el 24.5%, es decir, cerca de uno de cada cuatro exjugadores de la NFL fallecidos entre 2016 y 2021, padecía esta enfermedad neurodegenerativa en el momento de su deceso.

Elaborado por un consorcio de especialistas del Mass General Brigham, la Universidad de Boston y la Concussion & CTE Foundation, el análisis revela un panorama crítico. 

De los 878 exjugadores fallecidos en ese periodo, 235 donaron sus encéfalos para evaluación neuropatológica. Entre ellos, 215 mostraron evidencia de CTE, lo que representa una tasa de positividad del 91.4% en las muestras evaluadas. 

Uno de los argumentos institucionales de las organizaciones deportivas ha sostenido históricamente que los avances en ciencias de los materiales para los cascos y los estrictos protocolos modernos para conmociones lograrían mitigar el riesgo de neurodegeneración en las nuevas camadas de atletas. 

Marshawn Kneeland

El caso clínico de Marshawn Kneeland cuestiona estructuralmente esta premisa. 

Kneeland, un talentoso ala defensiva seleccionado en la segunda ronda del draft de la NFL de 2024 por los Dallas Cowboys, desarrolló su formación juvenil, universitaria y profesional amparado bajo los actuales estándares de seguridad del deporte. A pesar de ello, su salud mental sufrió un colapso prematuro y fatal.

En noviembre de 2025, con tan solo 24 años de edad y apenas un par de días después de haber anotado el primer touchdown de su carrera en la liga, Kneeland experimentó un episodio psiquiátrico agudo. 

Tras rehusarse a detenerse ante una orden policial de tránsito rutinaria en el estado de Texas, inició una huida vehicular a alta velocidad que alcanzó los 257 km/h (160 mph). 

Luego de accidentar el automóvil y abandonar la escena a pie, envió mensajes de texto a sus familiares expresando una ideación suicida inminente, quitándose la vida horas después con un disparo.

El posterior análisis forense ejecutado por el Centro CTE de la Universidad de Boston arrojó un diagnóstico inobjetable: CTE en Fase 1.

Especialistas como el Dr. Chris Nowinski señalaron que este caso corrobora médicamente que los protocolos de conmoción contemporáneos no previenen el desarrollo del CTE. 

La patología se desencadena por la carga acumulativa de múltiples micro-impactos subconcusivos inherentes a la práctica consuetudinaria del futbol, no exclusivamente por colisiones aisladas de gran magnitud. 

En consonancia con esta afirmación, el estudio del BMJ precisa que alrededor del 70% del volumen total de dichos impactos cerebrales ocurre rutinariamente durante las sesiones de entrenamiento a lo largo de la semana, y no durante el tiempo efectivo de juego oficial.

El caso de Phillip Adams

El origen del CTE se debe a que los constantes impactos en la cabeza hacen que una proteína del cerebro, conocida como tau, se dañe y comience a acumularse formando grumos anormales. Con el paso del tiempo, esta acumulación tóxica destruye las células cerebrales poco a poco, apagando lentamente las funciones de la mente y alterando el comportamiento del jugador.

La manifestación clínica de este daño anatómico adquiere su cariz más extremo en el caso de Phillip Adams, un exesquinero con seis años de experiencia en la NFL, lapso en el que jugó con franquicias como los San Francisco 49ers y los Atlanta Falcons.

En abril de 2021, Adams, de 32 años y sin ningún antecedente de conducta criminal previa, perpetró un homicidio múltiple al irrumpir en una vivienda en Rock Hill, Carolina del Sur, donde asesinó a tiros a seis personas—incluyendo a dos menores de edad y un prominente médico de la localidad—para posteriormente suicidarse al ser rodeado por unidades tácticas policiales. 

El riguroso análisis neuropatológico practicado a su encéfalo identificó la presencia de CTE en Etapa 2, revelando adicionalmente un patrón morfológico inusual: una carga degenerativa excepcionalmente severa y densamente concentrada en ambos lóbulos frontales.

Demaryius Thomas y Vincent Jackson

Existe una concepción errónea prevalente entre los deportistas que asocia la preservación neurológica a la ausencia de diagnósticos formales de conmoción cerebral durante la carrera activa. 

El expediente de Vincent Jackson desmonta esta suposición mediante evidencia forense. A lo largo de sus 12 temporadas en la NFL, sus tres nominaciones al Pro Bowl y sus 23 años acumulados practicando futbol americano de contacto desde su juventud, Jackson no registró ni un solo diagnóstico médico de conmoción cerebral.

A pesar de este historial aparentemente limpio, Jackson comenzó a evidenciar síntomas psiquiátricos incapacitantes al superar la barrera de los 35 años de edad. 

Su cuadro incluyó el desarrollo de depresión severa, amnesia progresiva a corto plazo, paranoia aguda e incapacidad para resolver problemas y tareas cotidianas elementales. 

Recluido voluntariamente en un estado de intenso aislamiento social, falleció a los 38 años de edad en una habitación de hotel en el estado de Florida en febrero de 2021. 

La autopsia de su tejido encefálico arrojó un dictamen de CTE en Fase 2, demostrando empíricamente que la sumatoria de miles de colisiones subconcusivas de baja magnitud a lo largo de décadas comporta un potencial neurotóxico suficiente para causar el desarrollo integral de la patología.

Demaryius Thomas tiene una historia similar. Falleció de forma súbita en diciembre de 2021 a los 33 años de edad, transcurridos tan solo seis meses desde su retiro formal de la competencia activa. 

De acuerdo con el testimonio documentado de su núcleo familiar, durante la etapa final de su existencia, el jugador experimentó cuadros de ansiedad incapacitante, episodios recurrentes de depresión y continuos ataques de pánico. 

Su autopsia confirmó de igual modo el desarrollo patológico de CTE en Fase 2. A la par del daño anatómico degenerativo, Thomas padecía de una epilepsia post-traumática adquirida tras eventos ajenos al terreno de juego (como un accidente automovilístico severo), lo cual ejemplifica la extrema vulnerabilidad clínica de un cerebro con alteraciones celulares previas.


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Alejandra González Centeno
ALEJANDRA GONZÁLEZ CENTENO

Reportera y creadora de contenido en Sports Illustrated México.