Apnea de profundidad: el deporte donde el límite humano se mide en metros bajo el mar

Un Mundial celebrado en Honduras tuvo como medallista al mexicano Pedro Tapia, en una disciplina donde la mexicana Camila Jaber es referente.
Pedro Tapia se convirtió en medallista en el Mundial de Apnea 2026 en Honduras.
Pedro Tapia se convirtió en medallista en el Mundial de Apnea 2026 en Honduras. / Especial

Hay deportes extremos y está la apnea de profundidad. En ningún otra disciplina el atleta enfrenta de forma tan directa y literal los límites de su propio cuerpo: sin tanque de oxígeno, sin red de seguridad, con una sola respiración y una línea que desaparece hacia el azul. El Mundial CMAS de Apnea de Profundidad 2026, celebrado en Roatán, Honduras, cerró este miércoles sus nueve jornadas con atletas que superaron los 100 metros de profundidad, y con una medalla de plata para México, con Pedro Tapia que alcanzó 116 metros en Peso Constante con Bialetas.

Para dimensionar lo que significa descender 116 metros con una sola bocanada de aire hay que entender qué le ocurre al cuerpo humano en ese proceso. A esa profundidad, la presión del agua es más de doce veces la que existe en la superficie. Los pulmones, que en la superficie tienen un volumen de entre cuatro y seis litros, se comprimen hasta el tamaño de un puño. Los senos paranasales y los oídos siguen la misma lógica. Y si el atleta no compensa activamente esa presión en cada tramo del descenso, el dolor puede ser incapacitante. Todo esto ocurre mientras administra la única reserva de oxígeno que tiene disponible y controla cada movimiento para no desperdiciarla. El reflejo de pánico es el enemigo principal. La relajación, la herramienta más importante.

El atleta moderno de apnea no entrena solamente para contener la respiración. Su preparación incluye compensación de presión, economía de movimiento, adaptación fisiológica a la hipoxia, la reducción de oxígeno en la sangre, y un trabajo mental que se parece más a la meditación que al entrenamiento convencional. La diferencia entre un apneísta de élite y uno amateur no está solo en los pulmones: está en la capacidad de mantener la calma a 80 metros de profundidad cuando el cuerpo empieza a enviar señales de alarma.

El CMAS (Confederación Mundial de Actividades Subacuáticas) estructuró el Mundial en cuatro modalidades que exigen técnicas distintas. En CWT el atleta desciende con aletas usando peso constante. En FIM se desplaza tirando de una línea sin propulsión. En CNF lo hace sin aletas, solo con el movimiento del cuerpo. Y en CWT-BF usa bialetas en lugar de monofin. Cambiar de modalidad es casi como cambiar de deporte: modifica el desgaste muscular, la estrategia de descenso y los riesgos específicos de cada inmersión.

Roatán no es una sede casual. La isla hondureña ofrece paredes submarinas que permiten descensos verticales limpios, visibilidad excepcional y condiciones de temperatura que hacen posible llevar estas exigencias a su nivel máximo. Ya en 2017 fue sede de un Mundial CMAS — competencia en la que participó la mexicana Camila Jaber, una de las figuras más reconocibles de la apnea en el país. Jaber no compitió en esta edición pero regresó a Roatán para entrenar alrededor del campeonato, lo que habla de la continuidad que ha ganado México en una disciplina que durante años fue prácticamente invisible en el país.

La apnea de profundidad ha crecido como deporte de competencia a lo largo de la última década. El circuito internacional incluye competencias como Vertical Blue en Bahamas, Deep Dominica y la Caribbean Cup en Roatán antes de llegar al Mundial. Cada sede tiene sus condiciones particulares (temperatura, visibilidad, profundidad disponible) y los atletas de élite ajustan su preparación a cada escenario. La seguridad, con jueces en el agua durante cada descenso, forma parte inseparable del reglamento y del rendimiento.

Lo que hace extraordinario este deporte, y lo que le da contexto a los 116 metros de Tapia, es que no existe un cronómetro tradicional ni una pista medible desde fuera. Existe una línea que desaparece hacia el azul, un atleta que desciende hacia ella y un regreso que nadie puede garantizar hasta que la cabeza vuelve a emerger. En ese espacio, el límite humano no es una metáfora, sino una medida en metros.


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Patrick Charles
PATRICK CHARLES

Redactor de Sports Illustrated México