La “latinoamericanización” que cambió a Capitanes

La clave detrás de la histórica clasificación a playoffs del equipo de Ciudad de México en la G-League se construyó más allá de la duela
Boo Bui III saluda a un compañero, en un partido de los Capitanes.
Boo Bui III saluda a un compañero, en un partido de los Capitanes. / Capitanes CDMX

La primera clasificación a playoffs en la historia de los Capitanes de Ciudad de México en la G-League, la Liga de Desarrollo de la NBA, tiene varias explicaciones deportivas, pero dentro del equipo hay una palabra que resume gran parte del logro: la latinoamericanización.

El entrenador brasileño Vitor Galvani llegó en el inicio de la temporada: si el equipo lograba adoptar una mentalidad latinoamericana, que describe como colectiva, solidaria y basada en el grupo, tendría más posibilidades de competir en una competición en la que el talento individual ser la regla.

“Yo veía que el equipo estaba muy cerca de lo que imaginaba desde el principio. Esa mentalidad latinoamericana de hacer las cosas juntos, de compartir el balón, de celebrar el éxito del compañero. Para mí era importante que todos entendieran que representamos algo más que un equipo de la liga, que representamos una cultura”, explicó el “coach” a Sports Illustrated México.

La intención era que los jugadores entendieran que Capitanes no representa únicamente a un equipo de la Ciudad de México, sino a la primera franquicia con sede en América Latina en el sistema NBA. Para conseguirlo, el trabajo no se limitó a la cancha.

Un proceso fuera de la duela

Parte del plan de Galvani consistió en acercar a los jugadores, muchos de ellos extranjeros, a la cultura y a la historia del país.

Una de las actividades que más recuerda fue una visita al Bosque de Chapultepec y al Castillo de Chapultepec, en donde los integrantes del equipo recorrieron el lugar acompañados por un guía, quien les contó parte de la historia de México.

El entrenador contó que incluso utilizó lo que escucharon en esa visita en una charla previa a un partido.

“Escuchamos la historia de los Niños Héroes y de cómo defendieron su país en un momento muy difícil. Después utilicé ese ejemplo en una charla con el equipo, porque hablábamos de defender nuestra casa, de proteger lo que representamos como grupo. Son historias que ayudan a transmitir valores”, relató.

Más allá de la anécdota, la intención era que los jugadores se sintieran parte del lugar en el que viven durante la temporada.

“Muchos viven cerca del parque y ni siquiera sabían el tamaño que tiene o la historia que hay detrás. Después de la visita algunos regresaron por su cuenta. Para mí eso era importante: que tuvieran curiosidad por conocer la ciudad y entender el lugar donde están jugando”, explicó.

Las salidas incluyeron también visitas culturales, cenas en grupo y momentos de convivencia que, aunque parecieron pequeñas, ayudaron a construir una dinámica “latinoamericana” en el vestidor.

Galvani recuerda un momento que le hizo pensar que el equipo estaba adoptando esa mentalidad. Antes de un partido en Memphis, los jugadores decidieron salir juntos a cenar a Chipotle Mexican Grill.

En la G-League, en la que los planteles suelen convivir poco fuera de la cancha, no es habitual ver a todo el grupo reunido en un día libre: “Cuando vi que todos iban juntos al restaurante me quedé feliz. Eso normalmente no pasa en esta liga”.

Un equipo que juega como uno

El estratega buscaba que esa convivencia se reflejara en la cancha. Desde el primer día insistió en que el equipo debía jugar como lo haría cualquier conjunto latinoamericano: priorizando el grupo por encima de las individualidades.

“Representamos a un pueblo que disfruta hacer las cosas juntos. En América Latina el deporte muchas veces se vive así, como algo colectivo. Entonces les dije a los jugadores que, si queríamos competir, teníamos que jugar de esa manera: compartir el balón, ayudarnos en defensa, celebrar las jugadas del compañero”, añadió.

El resultado fue un equipo que celebra el éxito del compañero y que evita depender de una sola figura, al estilo FIBA, en el que se crían los basquetbolistas de la región.

“Si jugáramos como individuos no estaríamos donde estamos. En esta liga hay mucho talento, pero cuando juegas como equipo puedes competir contra cualquiera”, aseguró el técnico.

Esa identidad colectiva se convirtió en una de las principales fortalezas de la quinteta durante la histórica campaña, en la que por primera vez han dominado la Conferencia Oeste, de la que están cerca de asegurar el liderato.

El escolta James Bouknight, el líder del ataque, reconoció que el ambiente del equipo es distinto al de otros lugares en donde ha jugado.

“Creo que lo que tenemos es que jugamos como uno solo. Nadie está tratando de ser el héroe cada noche. Hay partidos en los que uno anota más, otros en los que alguien más toma ese rol, pero todos entendemos que lo importante es ganar”, explicó el ex jugador de los Charlotte Hornets de la NBA.

Bouknight, elegido por los Hornets en el lugar 11 del Draft de 2021, también señaló que vivir en México fue parte importante de la experiencia.

“Si vas a vivir en México tienes que disfrutar la ciudad. No puedes quedarte encerrado. A mí me gusta salir, conocer lugares, probar la comida, entender un poco la cultura. Es parte de la experiencia de jugar aquí”,

Incluso en el aspecto cotidiano, el jugador estadounidense se adaptó rápido. Cuando se le preguntó por su comida favorita en el país, respondió sin pensarlo demasiado: tacos de pastor, que suele consumir más de dos veces por semana.

Un equipo construido para competir

El gerente general, Orlando Méndez, reconoció que la identidad latina fue un elemento importante, pero no el único. La directiva tomó decisiones clave desde el verano para cambiar la dirección del proyecto.

“Hubo varias áreas de trabajo y varias decisiones que tomamos en el verano para construir el equipo que queríamos. Desde la elección del entrenador hasta el perfil de jugadores que buscábamos”, afirmó el directivo.

Una de las más importantes fue. Capitanes apostó por un plantel más joven, integrado por jugadores que aún buscan consolidarse y que tenían motivación para demostrar su nivel.

“Buscamos jugadores que tuvieran mucho que demostrar. Jugadores que vieran esta temporada como una oportunidad para dar el siguiente paso en su carrera, no ex jugadores de la NBA con la urgencia de volver a la liga", explicó Méndez, parte de la generación de la selección mexicana conocida por los “12 guerreros”, que regresó al país a un Mundial de baloncesto luego de 40 años.

En temporadas anteriores el equipo trataba de cumplir demasiados objetivos al mismo tiempo: desarrollar talento, tener presencia mexicana y latinoamericana, generar oportunidades hacia la NBA y competir por resultados. Este año la meta fue más clara.

“El objetivo de esta año era llegar a los playoffs y construir un equipo ganador”, dijo.

Estabilidad en una liga cambiante

Otro elemento que jugó a favor del equipo fue la estabilidad del plantel. En la, G-League es común que los equipos pierdan jugadores durante por llamados a la NBA o por movimientos hacia otras ligas. No hay forma que los equipos se opongan a los fichajes.

Capitanes logró mantener gran parte de su núcleo, solo perdió al dominicano Andersson Garcia, contratado por el Utah Jazz en los últimos días de la campaña regular. Méndez admite que en eso también hubo un factor de fortuna. “Nos tocó suerte en algunas cosas”.

Algunos jugadores del equipo han tenido números que normalmente llamarían la atención de franquicias de la NBA, pero ese llamado no llegó durante gran parte de la temporada. Eso permitió que el grupo mantuviera continuidad.

También influyó la presencia de jugadores latinoamericanos como el argentino Tomás Chapero o el chileno Felipe Haase, quienes aportaron una mentalidad competitiva y una adaptación más rápida al entorno.

“Los latinos ayudan mucho durante la temporada porque entienden rápido el contexto, la cultura y lo que representa el equipo. Eso también ayuda a mantener unido al grupo”, comentó.

Una temporada histórica

La combinación de identidad cultural, estabilidad en el roster y un plantel motivado terminó produciendo el resultado que Capitanes buscaba desde su llegada a la liga: competir por algo más que desarrollo. Para Méndez, la clave fue construir un equipo con mentalidad ganadora.

“Tenemos jugadores que luchan, que no se rinden y que quieren ganar. Esa mentalidad ha sido fundamental durante toda la temporada”, expresó.

Esa forma de pensar permitió al equipo remontar partidos en los que parecía superado y proteger su casa durante la temporada. El resultado fue histórico: Capitanes jugará los primeros playoffs en los cinco años de su historia en la G-League.

Y aunque hay múltiples factores detrás de ese logro, dentro del vestidor la explicación se resume en una idea que Galvani repitió durante toda la temporada: jugar como un equipo latinoamericano.


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Rodrigo Corona
RODRIGO CORONA

Reportero en Sports Illustrated México. Apasionado por contar historias del mundo deportivo.