Josh Fuentes, el obstinado tercera base de los Charros de Jalisco

La estadística dirá que su apellido compartido con un astro es apenas una anomalía en los registros de MLB. La verdad más profunda es que Josh Fuentes representa otra forma de heroicidad: la del hombre que, desde la periferia, se rehúsa a ser únicamente el primo de alguien.
Josh Fuentes, otrora jugador de Colorado, ahora lo hace para los Charros de Jalisco
Josh Fuentes, otrora jugador de Colorado, ahora lo hace para los Charros de Jalisco / Justin Edmonds/Getty Images

Más de veintitrés mil hombres han pasado por las Grandes Ligas desde 1876. De esa vasta multitud, apenas 255 combinaciones padre-hijo han repetido la gesta y un número aún menor corresponde a hermanos, tíos o primos que coincidieron en el mismo Olimpo. 

Por eso, que dos primos nacidos y criados en Orange County —descendientes de abuelos cubanos que emigraron con el ímpetu de rehacerse—hayan alcanzado la cima del beisbol profesional no puede reducirse a un capricho del azar: es la manifestación de un linaje obstinado. 

La saga de Josh Fuentes Arenado comienza en un vecindario del sur de California, donde los juegos infantiles junto a su primo, Nolan Arenado, pronto adquirieron la intensidad de las batallas mitológicas. Para ellos no había pasatiempos inocuos. Así lo relataba Mercedes Arenado-Melian, madre de Josh y hermana del padre de Nolan: el juego más inofensivo se transforma en un aquelarre de competencia exacerbada. 

“Los deportes y juegos que practicaban siempre eran extremos, siempre exagerados”, le dijo Mercedes al Denver Post. 

Los torneos de ping-pong, los partidos de futbol en el patio, los uno a uno en baloncesto, pero sobre todo, estaba el interminable duelo de Wiffle Ball, que lleva dos décadas cabalgando entre jardines traseros y estacionamientos, en Scottsdale o en Laguna Hills, donde Nolan se autoproclama comisionado y, entre sonrisas, manipula votaciones para coronarse MVP del clan. Josh lo acusa de tramposo, pero sonríe: “Él corre todo, él se hace el MVP… él hace trampa”.

De la fragua familiar brotaron dos destinos: Nolan, precoz elegido en la segunda ronda del draft de 2009, con un bono de firma de 625 mil dólares, recorrió la senda del elegido. Josh, en cambio, no figuraba en ninguna lista de prospectos, y cuando el draft de 2014 seleccionó a más de mil doscientos peloteros, no estuvo entre ellos. Lo firmaron después, casi de rebote, por diez mil dólares. A los ojos del mundo, su identidad era un apéndice: “el primo de Nolan”.

Pero el muchacho decidió convertir ese mote en combustible. Durante un verano entero, saltó la reja de su preparatoria con un balde de pelotas para batear y fildear hasta que la luz se extinguía. “Cuando Nolan fue drafteado, todo cambió”, recordó años más tarde. “Hasta entonces vivíamos en nuestra burbuja y, de pronto, el mundo abrió una rendija. Pensé: si él lo logró, quizá yo también pueda”.

El ascenso de Fuentes fue lento, más obstinado que glorioso. Fue nombrado Jugador Más Valioso de la Liga de la Costa del Pacífico y también ganó el MVP del Juego de Estrellas de Triple-A. Era el clímax de un hombre sin pedigrí. Y sin embargo, aún así, parecía no bastar: “Incluso después del MVP, decían: es solo el MVP de la PCL, eso no significa nada. Sentía que nunca podía ganar un respiro”, confesó. 

Josh escribe capítulos en la liga mexicana con los Charros de Jalisco
Josh escribe capítulos en la liga mexicana con los Charros de Jalisco / Sports Illustrated

En 2019 debutó en Grandes Ligas con Colorado. El simbolismo era ineludible: reemplazar en la antesala al primo que entonces acumulaba Guantes de Oro y se consolidaba como uno de los mejores jugadores de su generación. La sombra era larga, pero Josh la asumió con humor y una pizca de osadía: “Moriré diciendo esto: creo que soy mejor que Nolan”, declaró entre risas a la prensa en Scottsdale. Aquella insolencia no era arrogancia, sino un modo de sobrevivir a la comparación perpetua. Nolan, por su parte, respondió con calma: “Puede intentarlo”.

En 2020, durante la temporada mutilada por la pandemia, Josh se adueñó por un momento de la primera base y bateó .306 en treinta juegos. En mayo de 2021 fue nombrado Jugador de la Semana en la Liga Nacional. Su nombre, por fin, encabezaba titulares sin necesitar de paréntesis familiares. Pero la consistencia lo traicionó: descendió al Triple-A, fue liberado, y en 2022, tras un breve paso por la organización de Toronto, se encontró a sí mismo en México, con los Leones de Yucatán. Allí, lejos de las comparaciones, conquistó un campeonato y fue vitoreado como pieza fundamental del equipo.

Hoy, mientras Nolan sigue consolidando su candidatura a Cooperstown, Josh escribe capítulos discretos en la Liga Mexicana con los Charros de Jalisco, que disputan la postemporada en la Liga Mexicana de Beisbol. No serán historias de monumentos, pero sí de dignidad. 

El propio Nolan lo ha reconocido: “Es raro tener una familia como la nuestra. Que Josh esté aquí es una bendición. Ha trabajado muy duro para llegar”. Y Josh también lo ha dicho: “Él me ayudó en todo lo que pudo. Pero quiero que me reconozcan como Josh Fuentes”.

La estadística dirá que su apellido compartido con un astro es apenas una anomalía en los registros de MLB. La verdad más profunda es que Josh Fuentes representa otra forma de heroicidad: la del hombre que, desde la periferia, se rehúsa a ser únicamente el primo de alguien.


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Alejandra González Centeno
ALEJANDRA GONZÁLEZ CENTENO

Reportera y creadora de contenido en Sports Illustrated México.