ENTREVISTA EXCLUSIVA | Kelsie Whitmore, la mujer que quiso hacer historia en la Liga Mexicana de Beisbol

Ser mujer en el beisbol es vivir al filo de una sentencia.
Kelsie Whitemore, la pitcher californiana que en 2022 se convirtió en la primera mujer en jugar en una liga afiliada en MLB, con los Staten Island FerryHawks en la Atlantic League, se unió a lapretemporada 2025 de la Liga Mexicana de Béisbol con el Águila de Veracruz, aunque su paso por el equipo no terminó como esperaba.
Kelsie se subió al montículo. Lanzó una entrada ante los Pericos de Puebla en un juego de pretemporada. Permitió un hit y dominó a los siguientes bateadores con dos rodados a segunda base y un elevado. No admitió carrera.
A pesar de haber hecho su trabajo, de haber sacado outs, no fue incluida en el roster final del equipo para enfrentar la temporada. "México no está listo" para ver a una mujer en el beisbol, dice Whitmore. Y no lo hace desde el resentimiento, sino desde la experiencia de quien ha aprendido a reconocer las puertas cerradas sin dejar de buscar otras por abrir.
No lanza a 95 millas por hora, pero maneja sus pitcheos rompientes con inteligencia, estrategia y comando. Su cambio de nudillos, que perfeccinó junto a los nudilleros de MLB RA Dickey y Phil Niekro, es conocido como "La Cosa" y causa estragos en los bateadores.
Kelsie es la clase de lanzadora que juega con el timing del bateador, que lanza un cambio de velocidad en cuenta llena, que pone la pelota justo donde quiere. Pero en un sistema que busca cada vez más a los atletas del molde único —más velocidad, más poder, más músculo—, ¿quién está dispuesto a ver valor en lo distinto?
Las razones que el equipo dio para dejarla fuera, fueron varias. algunas técnicas, otras políticas, muchas ambiguas—, pero todas orbitaban en torno a una verdad más cruda: en ciertos espacios, la tradición pesa más que el talento. Kelsie, desde el moncítulo, cargó sobre sus hombros con el peso de una historia que no estaba lista su presencia. Y cada uno de sus lanzamientos fue una grieta en una muralla que aún se niega a caer.
En esta conversación con Sports Illustrated México, habla con honestidad sobre los retos de ser mujer en un deporte que aún le teme al cambio. Habla de la fiesta caótica que es el béisbol mexicano, de las miradas escépticas en el clubhouse, del peso de la expectativa, y de esa constante sensación de tener que demostrar, una y otra vez, que pertenece ahí.
¿Cómo describirías tu experiencia en la Liga Mexicana de Béisbol?
Se sintió como beisbol. Era simplemente eso. Lo único diferente era el lugar donde estaba. El país, el ambiente, eso sí era distinto, pero el juego en sí nunca cambió. Aunque había caos afuera —música a todo volumen, fans gritando, presión en el ambiente— había algo especial en estar bajo las luces a ese nivel.
Lo que sí fue muy diferente, en comparación con Estados Unidos, fue el ambiente. Cuando estuve en Nayarit, y jugamos contra Puebla, había música sonando todo el tiempo. Justo cuando estaba a punto de soltar la bola, tenían la cortesía de detener la música. Y luego, una vez que la soltaba y el catcher la atrapaba, la música empezaba a sonar inmediatamente.
Eso fue completamente nuevo para mí. Yo soy más tranquila, me gusta el silencio, la calma. Fuera de eso, fue increíble. Se siente como una fiesta. Literal, es como estar en una fiesta en la que estás tratando de jugar béisbol. Pero es una buena vibra, buena energía. Eso fue algo diferente, pero también muy especial.
La experiencia fue genial. Competí lo mejor que pude. Me sentí muy bien con lo que hice. Claro que me sentí decepcionada por no poder seguir con el equipo, porque creo que lo hice bien, saqué outs, di lo mejor de mí. Pero también sé que las cosas buenas toman tiempo. Y tengo la esperanza de que en el futuro habrá otra oportunidad.
¿Y cómo surgió tu conexión con El Águila de Veracruz?
Uno de los dueños era muy, muy partidario de apoyar a las mujeres en el béisbol. Bueno, en realidad toda la directiva, al menos por lo que yo conocí, apoyaba mucho el tema de las mujeres en el beisbol.
Creo que fue hace como un año cuando Bernardo (Pasquel), uno de los dueños, ya sabía de mí y tenía interés en mí como jugadora. Y eventualmente, mostró interés en que yo fuera parte del Spring Training. Así que me invitó, y tuve la posibilidad de asistir al campamento de primavera. Él sabía que estoy buscando llevar mi carrera al siguiente nivel. Quería darme esa oportunidad para intentarlo.
¿Cómo fue para ti ese momento? El momento en el que recibiste la invitación para unirte al spring training de la Liga Mexicana.
Desde hace dos años he estado muy interesada en jugar a nivel internacional. He jugado con muchos chicos que han estado en la Liga Mexicana y también contra otros que han pasado por ahí. Así que era algo que pensaba: “Si ellos lo están haciendo, si ese es el siguiente nivel, yo también quiero hacerlo”. Yo también quiero poder seguir ese camino.
Al principio no conocía a los muchachos. Había un poco de intimidación. Nunca los había visto, no sabía quiénes eran. Existía esa barrera del idioma, y pensaba: “Espero que hablen inglés”, que podamos comunicarnos. Pero al final del día, el idioma que todos hablamos es el béisbol.
Así que llegar ahí fue increíble. El estadio era hermoso. Y los chicos durante el spring Training fueron geniales, no tuve ningún problema con ninguno. Eran como cualquier otro pelotero con el que he jugado o contra el que he competido. El manager, el cuerpo técnico, todos fueron muy amables y muy solidarios.
¿Qué reacción tuvo el equipo cuando llegaste a México y te uniste al clubhouse?
Hubo muchas miradas… como de “¿ella de verdad está aquí para jugar o solo vino vestida con el uniforme por diversión?”. No sé si ellos sabían que yo iba a estar ahí. Normalmente me gusta que, como cortesía, la directiva le avise al equipo: “Oye, va a venir tal persona”, solo para que no se sientan incómodos, para que no sea tan raro para ellos… y también para que yo no lo sienta así.
Yo traté de presentarme con cada jugador que me topaba: darles la mano, decirles quién soy, preguntarles dónde han jugado, contarles un poco de mí. Todo eso para generar un poco de respeto mutuo.
Y todos los chicos fueron muy respetuosos. Obviamente no sé qué pensaban de mí realmente, pero por la forma en la que me trataron, la manera en que me hablaron, sentí que me trataron como a cualquier otro pelotero. Así que sí, fue una buena vibra, definitivamente.
Kelsie Whitmore lanzó esta noche en Nayarit, en el duelo de exhibición de El Glorioso ante @Pericos_Oficial. 🙌
— El Águila de Veracruz (@elaguilabeisbol) April 6, 2025
El trabajo de la estadounidense fue de una entrada, aceptando un hit y no permitió carreras. 👍
📸 @CarlosAlegreM pic.twitter.com/s6Ss8KhTp4
¿Cuál fue el mayor reto que enfrentaste mientras jugabas en México?
Diría que el mayor reto fue saber que estaba enfrentándome a algo... No sé cuál sería la mejor palabra, pero digamos que algo político. Sé que ser mujer en un deporte dominado por hombres no es algo a lo que muchos países estén acostumbrados. Y eso lo digo desde mi experiencia y también por cosas que la gente allá me decía directamente.
Uno de los mayores desafíos fue luchar contra esas políticas y todo lo que implica ser la única mujer tratando de perseguir algo que nunca se ha hecho antes o que no es común. Siempre va a ser difícil. Es romper una barrera, enfrentarse a algo nuevo, y no todos se sienten cómodos con eso.
Me decían que en México los hombres son los que tienen más oportunidades en el deporte y eso se nota. Yo he jugado cinco años de beisbol profesional en Estados Unidos, pero romper esa puerta a nivel internacional ha sido complicado.
Cuando te enteraste de que no jugarías con El Águila, ¿alguien del equipo te explicó por qué? ¿Te dieron una razón clara?
Recibí explicaciones distintas de diferentes fuentes, lo cual fue un poco confuso para mí porque no sabía cuál era la verdadera.
Una de las razones fue el tema de la velocidad. Me dijeron que si lanzara 90 millas por hora, o más duro, tal vez habría tenido una mejor oportunidad.
Y yo, respetuosamente, les pregunté: "Si esa es la razón, ¿por qué no me cortaron desde el primer día?". Porque ese primer día ya estaban midiendo mi velocidad con radar. Entonces, si sabían desde entonces que no lanzaba tan duro, ¿por qué mantenerme tantos días y darme la esperanza de que, si tenía buenas salidas, tendría una oportunidad de quedarme?
Otra razón que me dieron fue que no sería justo que yo me quedara en lugar de un jugador mexicano. Me dijeron que estaría ocupando el lugar de un mexicano. Eso también me frustró un poco porque pensé: Hay cupos para extranjeros… No estaría ocupando un lugar que no corresponde. No dije nada en ese momento, pero lo pensé después.
Y otra fuente dentro de la organización —que no era una fuente solo externa, sino de las que toman decisiones— me dijo que también había un tema político. Y para mí, "político" significa un tema de género. Y siento que México aún no está listo para eso. Siempre ha sido frustrante cuando esa es la razón.
Pero trato de enfocarme en controlar lo que sí puedo controlar.
Lo demás—mi género, mi nacionalidad—eso no lo puedo controlar. Y cuando las decisiones se basan en eso, lo único que puedo hacer es buscar un equipo que valore lo que yo sí puedo aportar como jugadora. Y eso significa encontrar a las personas y organizaciones correctas.
A pesar de todo, agradecí la honestidad. Prefiero que me digan la verdad, por dura que sea, a que me den razones falsas. Al menos así sé dónde estoy parada. Como dije, voy a seguir trabajando en lo que puedo mejorar, y seguir buscando ese lugar donde sí me den la oportunidad.
Uno de los argumentos comunes de quienes están en contra de que las mujeres jueguen béisbol al mismo nivel que los hombres tiene que ver con el físico: la velocidad de los lanzamientos, la potencia de los batazos, cosas así. ¿Cuál es tu opinión al respecto?
Mucha gente en el mundo del beisbol está tratando de enseñar a los jóvenes a cómo pegarle más fuerte a la pelota, cómo lanzarla más rápido, cómo hacer todas estas cosas, lo cual está bien. Y creo que es algo importante, algo por lo que también quiero luchar. Quiero lanzar más fuerte, golpear más fuerte, correr más rápido, todo eso.
Pero si eso no se traduce al juego real, si no te ayuda a conseguir hits, a ganar juegos, ¿de qué sirve todo eso?
Como lanzadora, lo que yo pienso es que el beisbol está avanzando hacia una mentalidad de “molde único”. Cuando digo “molde único” me refiero a que quieren que los jugadores encajen en un solo perfil, y todo lo que no encaje en ese perfil no tiene lugar en el juego. Pero si miras al beisbol en sus primeros días, había tantos jugadores únicos. Tenías tipos que pegaban batazos largos, otros que se destacaban con el promedio de bateo, los que tenían velocidad, los que jugaban el "beisbol pequeño", los que se destacaban por su poder, o los lanzadores que eran consistentes pero no necesariamente lanzaban a 97 millas por hora.
El beisbol está convirtiéndose en un deporte en el que se busca un jugador estándar, una receta para el éxito. Pero, si no puedes encajar en ese molde, como yo, puede ser complicado. Yo no soy una jugadora que lanza una recta de 95 millas por hora y luego te pone fuera con un slider de 87. Mi enfoque es diferente. Tengo un repertorio de cuatro o cinco lanzamientos, la mayoría son rompientes, y lanzo mi recta para poner en juego mis otros lanzamientos. Si no puedo sobrepasar a los bateadores con mi recta, entonces mi estrategia es interrumpir su timing, sacarlos de su balance. Mi objetivo es colocar mis lanzamientos, tener comando y no tener miedo de lanzar un rompiente con tres bolas y dos strikes, cuando el bateador espera la recta.
Sin embargo, lo más difícil es encontrar un equipo que valore eso. Muchos equipos prefieren a los jugadores del "molde estándar", y eso está bien, cada equipo tiene su propio enfoque. Para mí, la cuestión es encontrar un equipo que valore lo que yo puedo aportar.
Hay presión… presión por sentir que tengo que ser perfecta. Presión por sentir que no puedo cometer errores. Presión porque a veces parece que el mundo está esperando que falle, y que en el momento en que lo haga, esa será la razón por la que “no debería estar aquí”. Como si todo lo que he logrado se borrara por un solo tropiezo. Como si el fracaso fuera lo único que cuenta.
- Kelsie Whitmore, pitcher estadounidense
¿Cómo lidias con esa presión de ser mujer en un deporte dominado por hombres?
Muchas veces estoy enfocada, concentrada en mí misma. En lo mío. Y hay presión… presión por sentir que tengo que ser perfecta. Presión por sentir que no puedo cometer errores. Presión porque a veces parece que el mundo está esperando que falle, y que en el momento en que lo haga, esa será la razón por la que “no debería estar aquí”. Como si todo lo que he logrado se borrara por un solo tropiezo. Como si el fracaso fuera lo único que cuenta.
Y ese tipo de presión existe, pero lo que me ayuda a superarla es, primero, mi fe. Saber que mi identidad no está definida por el mundo, sino por Dios. Lo segundo que me ayuda a manejar la presión es saber que me preparé. Que he hecho el trabajo. Que sigo mi rutina, que cuido mi cuerpo y mi mente. Que hice todo lo que tenía que hacer como atleta. Y cuando sabes que te preparaste, la presión disminuye.
Lo tercero que me ayuda es recordarme constantemente que solo puedo controlar lo que está en mis manos. Lo que no puedo controlar, lo suelto. Se lo dejo a Dios, al universo, a donde tenga que ir. Porque muchos de nosotros en este deporte nos frustramos por cosas que no podemos controlar: la zona de strikes del umpire, un grito desde las gradas, una mala decisión de un árbitro en el campo, el clima… No puedo hacer nada con eso. Si hace calor, si llueve, si hay viento, tengo que jugar igual.
Yo me concentro en lo que sí depende de mí. Porque muchos de nosotros en este deporte nos frustramos por cosas que no podemos controlar: la zona del umpire, un grito desde las gradas, una mala decisión de un árbitro en el campo, el clima… No puedo hacer nada con eso. Si hace calor, si llueve, si hay viento, tengo que jugar igual.
¿Es común que la gente te grite cosas durante los juegos?
Sí, he escuchado tanto cosas buenas como malas, ¿sabes? Recuerdo que en México hubo una vez que alguien me gritó desde las gradas. No fue nada negativo, al contrario, fue algo positivo. Estaba lanzando y escuché: "Te amo, Kelsie". Fue gracioso y fue algo realmente positivo.
Pero también he tenido momentos en los que todo está en silencio, como en los EE. UU., por ejemplo, estaba calentando y de repente escuché a alguien gritar desde las gradas. Era un hombre, porque reconocí su voz, y él gritaba, "¡Bola, bola!" después de cada lanzamiento, y luego decía: "¡Voy a batearla profundo! ¡Voy a pegar un jonrón!" Y yo, en mi mente, estaba pensando, "¿Dónde estás tú ahora? ¿Estás jugando beisbol profesional?" Pero, claro, no iba a decir nada, solo pensaba que tal vez estaba molesto con su vida o, quizás, simplemente molesto por verme a mí allá.
Y eso pasa, ¿no? Hay gente que hace esos comentarios. Y lo que tienes que hacer es bajar la presión, apagar tus oídos y mantenerte concentrada. Tienes que seguir con lo tuyo.
Seas exitoso o no, siempre va a haber comentarios. Incluso hay jugadores en las Grandes Ligas, futuros miembros del Salón de la Fama, y la gente sigue criticándolos.
¿En qué momento supiste con certeza que querías ser beisbolista profesional?
Siempre lo he llevado en el corazón desde que era niña. No puedo señalar una fecha, una hora o una edad específica. Simplemente, siempre ha estado ahí. Y como siempre ha estado ahí, siempre me digo a mí misma y le digo a los demás que creo que Dios pone los sueños en nuestro corazón, y yo creo que Dios puso en mi corazón el sueño, la pasión y las metas relacionadas con el béisbol. Por eso ha estado ahí tanto tiempo.
Siempre me he dicho: “Quiero hacer de este juego una carrera. Quiero jugar este juego para ganarme la vida”. Porque, ¿qué niña no querría despertarse cada día y tener un campo de béisbol como oficina? ¿Quién no querría eso? Y bueno, yo era esa niña que sí lo quería.
Así que sí, desde que era muy pequeña, siempre lo he sentido en el corazón. Nunca supe cómo iba a lograrlo. No sabía si iba a poder, pero sí sabía que iba a hacer todo lo posible para conseguirlo.
¿Hubo algún momento en el que pensaste en rendirte?
Absolutamente. Sí, definitivamente. Ha habido muchos momentos que me han hecho cuestionarme y querer... no necesariamente rendirme, pero sí preguntarme si debería hacerlo. Esos son, sin duda, los momentos más solitarios y oscuros.
Ya sabes, cuando estás en un punto bajo y te preguntas: “¿Todavía pertenezco aquí? ¿Tengo un lugar en esto? ¿Vale la pena todo esto?”. Empiezas a cuestionarte muchas cosas.
Y todo se remonta a la versión de mí de seis años. Me imagino preguntándole: “Oye, si las cosas se ponen difíciles, ¿aun así vas a querer hacerlo?”. Y sé que esa versión de seis años me diría: “Sí, no me importa. No me importa si hay una pared de ladrillos frente a mí, voy a hacer lo que pueda”.
Así que todo se trata de eso: del amor, la pasión, el deseo. Y quitar del camino todo lo que diga el mundo exterior, lo que piensen los demás, lo que determinen con sus opiniones. Si quitas todo eso… ¿todavía lo quieres? Y en mi caso, la respuesta es sí: todavía lo quiero.
Así que sí, definitivamente he tenido muchas dudas. Me he preguntado: “¿Cuál es el punto de todo esto?”. Pero no hay nada en esta vida que me dé tanto amor y pasión como esto. Así que pienso: pues mejor ir por ello hasta la tumba, ¿no? Voy a seguir hasta que ya no pueda más. Y así es como me siento al respecto.
¿Qué le dirías a una niña de 10 años que sueña con jugar béisbol profesional, pero le dicen que ese deporte no es para niñas?
Le diría que es capaz. Que sí puede. Que es digna de estar en el campo, sin importar lo que le digan los demás.
También le diría que no va a ser fácil. Que va a escuchar más veces “no” que “sí”, que habrá muchos fracasos en el camino. Pero que todo eso forma parte del proceso. Que lo importante es mantenerse firme, seguir trabajando duro, y no rendirse—ni siquiera en sus momentos más bajos. Porque esos momentos difíciles son los que más nos hacen crecer.
Le diría que siga adelante. Que no deje que nadie le diga que su sueño es demasiado grande. Porque si tu sueño no te asusta un poco, entonces tal vez no sea lo suficientemente grande.
Así que sueña en grande. Persíguelo con todo. Va a ser duro, sí, pero tú puedes con eso. Tú tienes lo necesario.
