Del bebé Lamine que Messi sostuvo en brazos, a su rival en una final del Mundial

Hay fotografías que parecen perderse entre miles de archivos hasta que, muchos años después, adquieren un significado imposible de imaginar.
Una de ellas muestra a un joven Lionel Messi sosteniendo en brazos y bañando a un bebé de apenas unos meses durante una sesión benéfica organizada por UNICEF y el diario Sport en 2007. Casi dos décadas después, ese niño es Lamine Yamal, y el destino los reunirá nuevamente, ahora como rivales en la final del Mundial 2026.
La imagen, que dio la vuelta al mundo durante la Eurocopa 2024, se ha convertido en una de las postales más simbólicas del futbol moderno. No solo une a dos generaciones separadas por 20 años, sino que parece resumir el cambio de estafeta entre quien dominó una época y quien apunta a protagonizar la siguiente.
El contraste resulta inevitable. Messi tiene 39 años y disputa la última Copa del Mundo de su carrera, mientras que Lamine Yamal acaba de cumplir 19 y jugará su primera final mundialista cuando apenas comienza un recorrido que muchos imaginan extraordinario.
¿Cual fue la razón del encuentro entre Messi y el bebé Lamine?
Todo comenzó en 2007, cuando UNICEF, la Fundación Barça y el diario Sport organizaron un calendario benéfico para recaudar fondos destinados a proyectos infantiles. Como parte de la iniciativa, varias familias participaron en un sorteo para que sus hijos aparecieran fotografiados junto a futbolistas del primer equipo del Barcelona.
La familia de Lamine Yamal, entonces residente en el barrio de Rocafonda, en Mataró, fue una de las elegidas. El fotógrafo Joan Monfort captó una escena poco habitual: un Messi de apenas 20 años, tímido y todavía lejos de convertirse en el futbolista más famoso del planeta, sosteniendo al pequeño Lamine dentro de una bañera de plástico azul mientras su madre, Sheila Ebana, ayudaba durante la sesión.
Durante más de quince años, aquellas imágenes permanecieron prácticamente olvidadas. Fue el padre de Lamine, Mounir Nasraoui, quien las recuperó y compartió en redes sociales cuando el extremo comenzó a convertirse en una de las grandes joyas del futbol europeo. Desde entonces, la fotografía alimentó una narrativa que mezcla casualidad, destino y relevo generacional.
Las redes sociales hicieron el resto. Miles de aficionados comenzaron a bromear con que Messi había "bendecido" a Lamine aquel día o incluso le había transmitido parte de su talento. Aunque la historia pertenece más al terreno de la coincidencia, la imagen terminó adquiriendo un enorme valor simbólico.
Ahora el destino vuelve a cruzarlos donde nadie podía imaginarlo. Messi llega a la final como el máximo referente de Argentina, líder de goleo y asistencias del torneo, con la posibilidad de cerrar su carrera mundialista conquistando un segundo título consecutivo. Del otro lado aparece Lamine Yamal, convertido ya en la nueva figura de España y en uno de los futbolistas llamados a dominar la próxima década.
Pocas veces una fotografía ha envejecido tan bien. Lo que comenzó como una campaña solidaria terminó convirtiéndose, casi veinte años después, en una de las historias más singulares que ha regalado el futbol. El domingo ya no estarán un joven futbolista y un bebé frente a una cámara, sino dos generaciones separadas por 20 años, disputando el trofeo más importante del deporte.
