El hombre que corrió 1,019 kilómetros en seis días, con una hamburguesa como parte de la estrategia

La semana pasada, Phil Gore se detuvo en el kilómetro 1,019. No porque quisiera, sino porque su cuerpo finalmente encontró un límite que llevaba seis días y quince horas buscando. El australiano, bombero, padre de cuatro hijos y uno de los grandes especialistas del mundo en carreras de ultradistancia, completó 152 vueltas consecutivas de 6.71 kilómetros (a un circuito marcado dentro de un club de futbol en Perth, Australia) una cada hora, durante 152 horas seguidas, estableciendo un nuevo récord mundial en la modalidad conocida como backyard ultra.
El formato cambia por completo la manera tradicional de entender una carrera. No gana quien corre más rápido. Cada participante tiene una hora para recorrer 6.71 kilómetros y debe estar nuevamente en la salida cuando comienza la siguiente. Terminar una vuelta en 40 minutos significa disponer de 20 para comer, ir al baño, cuidar los pies o dormir. Tardar 55 deja solamente cinco. El evento no tiene límite de tiempo: termina cuando queda un solo corredor en pie.
Gore conocía perfectamente esa dinámica. Antes de Project 168, como llamó a su desafío personal, ya había llevado el récord competitivo de backyard ultra hasta las 119 vueltas en 2025, en Dead Cow Gully, Australia. Pero en esa ocasión sintió que le había quedado mucho más por dar. El problema es que el formato tradicional obliga al último corredor a detenerse una vuelta después de que el penúltimo abandona, lo que impide explorar el límite real. "Cada vez que ganas, no puedes empujarte al máximo", explicó. Por eso diseñó Project 168: correr solo, durante siete días completos, sin rival que lo detuviera antes de tiempo. Solo él, el reloj y 168 horas por delante.
La estrategia incluyó dormir. Durante las noches, Gore intentaba completar algunas vueltas en alrededor de 40 minutos para conseguir ventanas de descanso, normalmente siestas de no más de 15 minutos antes de que su equipo lo despertara y lo pusiera de vuelta en la línea de salida. "Llego a etapas de sueño profundo y puedo tumbarme 15 minutos y sentir que dormí dos o tres horas. Mi equipo tiene que despertarme porque me quedaría inconsciente."
Conforme avanzaron los días, el desafío dejó de estar únicamente en las piernas. La privación de sueño afecta la concentración, la coordinación y la capacidad de tomar decisiones, y Gore llegó a experimentar momentos de confusión. La alimentación también fue parte del reto: Nerds, empanadas de carne, Coco Pops y, en uno de los momentos más comentados del evento, una hamburguesa con queso. "Funcionó sorprendentemente bien", reconoció después.
La vuelta 152 llegó al límite. Gore la completó en 58 minutos y un segundo, su tiempo más lento, y dos minutos después salió en la 153. No llegó a los 1,800 metros. "Me estaba moviendo aún más despacio que en la vuelta anterior. Paré y me derrumbé en el suelo. Le pedí a mi equipo que me recogieran y me metieran al coche." Después del reto tuvo que usar muletas para moverse.
Pero Project 168 nunca fue únicamente una búsqueda personal. Gore utilizó el desafío para recaudar fondos para Telethon, organización dedicada a apoyar a niños y familias, y la iniciativa reunió cientos de miles de dólares australianos. No llegó a las 168 vueltas que había imaginado: "quizás hay un poco de decepción porque quería que mi límite estuviera un poco más lejos", pero sí llegó a algo más importante: después de 16 participaciones en backyard ultras y 14 victorias, finalmente encontró el límite que llevaba años buscando. Estaba en la vuelta 153, a 1,800 metros de la meta.
