El imperio de Red Bull con Verstappen se derrumba y McLaren sería su futuro

Max Verstappen vive su etapa más complicada desde que se convirtió en el amo de la Fórmula 1. Lo que hace apenas unos años era una maquinaria imbatible hoy es un equipo en plena caída, y el accidente del neerlandés en Silverstone, cuando marchaba tercero y un fallo mecánico lo dejó fuera, fue solo el último capítulo de un deterioro que se arrastra desde hace varias temporadas. El declive de Red Bull es real, y Verstappen lo ha sostenido casi solo a fuerza de talento.
El primer aviso llegó en 2024, el año de su cuarto título mundial consecutivo. Desde afuera parecía un dominio más, pero la realidad dentro del equipo era otra. El coche había perdido la superioridad aplastante de temporadas anteriores y empezaba a mostrar grietas. Aquella corona se construyó mucho más sobre la genialidad de Verstappen que sobre la ventaja del monoplaza, con un Max obligado a exprimir cada fin de semana para resistir el acoso de un McLaren que venía de menos a más. El título maquilló un problema que ya existía.
En 2025 el problema quedó completamente al descubierto. El coche arrancó el año claramente por detrás de los McLaren de Lando Norris y Oscar Piastri, y durante dos tercios de la temporada Verstappen manejó un auto que sencillamente no daba para pelear el campeonato. Llegó a estar a más de cien puntos del líder, en una situación que parecía sentenciada. Y sin embargo, protagonizó una de las remontadas más impresionantes que se recuerden: con un paquete de mejoras a partir de Monza y un cierre feroz, ganó ocho carreras, más que ningún otro piloto, y llegó con vida a la última cita del año.
Aquella pelea terminó de la forma más cruel. Verstappen cerró la temporada 2025 como subcampeón con 421 puntos, apenas dos por debajo de Norris, que se llevó su primer título. Fue una obra maestra individual, quizás la mejor campaña de su carrera pese a no ganarla, pero también la confirmación de una verdad incómoda: Red Bull ya no le entregaba un coche de campeón, y Max estaba tapando las carencias del equipo con actuaciones sobrehumanas.
La temporada 2026 rompió incluso ese último equilibrio. El nuevo reglamento técnico y el estreno del motor Ford dejaron a Red Bull con el RB22, un coche que Verstappen no ha ocultado que detesta por su comportamiento y, sobre todo, por su falta de fiabilidad. Su malestar quedó al desnudo en Silverstone, donde un nuevo fallo en el alerón trasero lo mandó a la grava cuando peleaba por el podio. "Al entrar en la curva, el alerón trasero no se adhiere completamente y pierdes mucha carga aerodinámica. Simplemente haces un trompo y te sales de la pista", explicó. Y fue más allá al señalar el peligro: "Tuve suerte en Austria, tuve suerte aquí, pero por eso te hartas de verdad".
Los números confirman el tamaño de la caída. Tras el fin de semana de Silverstone, donde no sumó, Verstappen marcha alrededor del sexto lugar del campeonato con 76 puntos, a años luz del líder Andrea Kimi Antonelli, que domina con casi 180. Para un piloto acostumbrado a pelear cada título hasta el final, verse tan lejos de la cima a media temporada es una imagen impensable hace apenas un año.
Detrás de la crisis deportiva hay una crisis estructural todavía más profunda. Red Bull se ha vaciado de talento en tiempo récord. El equipo perdió a las figuras que construyeron su era dorada, desde el genio del diseño Adrian Newey hasta el exjefe Christian Horner y el histórico asesor Helmut Marko, además de decenas de ingenieros y mecánicos clave. El proyecto que ganó todo entre 2021 y 2024 se desmontó pieza por pieza, y el equipo que quedó no ha sabido reconstruir ese nivel. Verstappen es hoy prácticamente lo único que se mantiene en pie de aquel imperio.
El golpe más simbólico de esa salida de gente tiene nombre propio: Gianpiero Lambiase, su ingeniero de carrera y su voz de máxima confianza en el muro durante todos sus años de gloria, dejará Red Bull rumbo a McLaren. Perder a "GP", la persona con la que Verstappen se entiende a la perfección en cada carrera, es mucho más que una baja técnica: es otra señal de que el entorno que lo hizo campeón se desarma a su alrededor.
Todo este deterioro, temporada tras temporada, es el que explica que los rumores sobre una posible salida de Verstappen suenen más fuerte que nunca. Se habla de dos destinos, Mercedes y McLaren, aunque este último gana peso justamente por el efecto Lambiase y por los movimientos en Woking. Nada es oficial, su contrato corre hasta 2028 y podría incluir cláusulas de salida por rendimiento, pero que el mejor piloto del mundo evalúe su futuro dice mucho del punto al que ha llegado Red Bull.
Lo que antes era impensable hoy es la gran conversación de la Fórmula 1. Sigue siendo el mejor de la parrilla, pero pilotea para un equipo que ya no está a su altura, un coche que no responde, un accidente que dolió y su gente de confianza saliendo del equipo, el imperio que Max construyó con Red Bull se ve, por primera vez, al borde del final.
