El Mundial 2026 duplica en expulsados a Qatar 2022, pero aún lejos del torneo con más rojas

El Mundial de Alemania 2006 es recordado por la consagración de Italia, por el cabezazo de Zidane a Materazzi en la final y por una marca que sigue vigente 20 años después: fue la Copa del Mundo con más tarjetas rojas en la historia, con 28 expulsiones repartidas en 20 partidos. Ninguna otra edición se ha acercado a ese número, hasta ahora.
La imagen más icónica de aquella violencia en el Mundial 2006 fue la "Batalla de Núremberg", el partido de octavos de final entre Portugal y Países Bajos, cuando el árbitro ruso Valentin Ivanov repartió 16 amarillas y 4 rojas, dos para cada equipo.
Ese sigue siendo el partido con más expulsiones en la historia de los Mundiales. A eso se sumaron episodios como la expulsión de Wayne Rooney por una patada a Ricardo Carvalho en cuartos, el famoso guiño de Cristiano Ronaldo desde la banca portuguesa, y el insólito momento en que el árbitro Graham Poll le mostró tres amarillas al croata Josip Šimunić antes de finalmente expulsarlo.
Y por encima de todo, la final. Zinedine Zidane, en el último partido de su carrera, fue expulsado en el tiempo extra por un cabezazo en el pecho a Marco Materazzi tras una provocación verbal. Francia perdió en penales y el mejor jugador del torneo se fue del futbol con una roja. Esa expulsión fue la número 28 del torneo y selló el récord que aún hoy ninguna edición ha podido superar.
Los números de aquella época cuentan que el 2006 fue el pico de una era más violenta del futbol. En segundo lugar histórico está Francia 1998 con 22 rojas, seguido por Corea-Japón 2002 y Sudáfrica 2010, con 17 cada una. Brasil 2014 tuvo 10. Y luego llegó el desplome: tanto Rusia 2018 como Qatar 2022 cerraron con apenas cuatro expulsiones cada uno, los dos Mundiales más limpios de la era moderna. La tendencia parecía clara, el futbol se había vuelto más disciplinado. Hasta este 2026.
Esa caída tiene una explicación que separa a aquel 2006 del futbol de hoy: la tecnología. En Alemania 2006 no existía el VAR. Los árbitros tomaban cada decisión a simple vista, sin posibilidad de revisar una jugada en monitor, lo que dejaba más espacio para errores, para la provocación impune y para que los partidos se salieran de control.
El VAR, introducido en los Mundiales a partir de Rusia 2018, cambió todo. Las decisiones se volvieron más precisas, los jugadores midieron más sus acciones bajo la vigilancia de las cámaras, y el número de expulsiones se desplomó. Por eso 2018 y 2022 fueron tan limpios.
Y aquí es donde el Mundial 2026 se vuelve un caso distinto. A pesar del VAR, a este torneo arrancó con una avalancha de tarjetas que nadie esperaba. En los primeros 12 días de competencia, con 41 partidos jugados y la fase de grupos todavía en marcha, los árbitros ya han mostrado ocho tarjetas rojas, el doble de las cuatro que hubo en todo Rusia 2018 y en todo Qatar 2022.
De esas ocho, seis fueron rojas directas. El propio Mundial arrancó con un récord: la inauguración entre México y Sudáfrica en el Estadio Banorte terminó con tres expulsiones, dos para los sudafricanos Siphephelo Sithole y Themba Zwane y una para el mexicano César Montes. Fue la primera vez en la historia que un partido inaugural de Copa del Mundo tuvo tres rojas, y de inmediato entró a la lista de los partidos más broncos del torneo.
Parte de esa explosión de tarjetas tiene que ver con un cambio de reglas. La FIFA introdujo para este Mundial la roja directa para jugadores que se tapen la boca durante una discusión con un rival, una medida nacida para evitar que se oculten insultos racistas o discriminatorios. El paraguayo Miguel Almirón ya fue el primer expulsado bajo esa nueva norma, en el partido ante Turquía del 19 de junio. A su roja se sumaron las de los qataríes Homam Ahmed y Assim Madibo ante Canadá, la del bosnio Tarik Muharemović ante Suiza y la del belga Nathan Ngoy ante Irán.
El árbitro Mark Clattenburg, hoy analista de reglas, ofreció una explicación para esta ola de expulsiones. Según él, los jugadores se portan bien pero cometen errores por pánico dentro y alrededor del área. Además apuntó a un factor del nuevo formato: con plantillas de 26 jugadores en lugar de 23, los equipos se arriesgan más porque tienen con quién cubrir al expulsado. Un defensa que comete una falta de última línea sabe que su equipo no se queda corto de relevos, y eso, según Clattenburg, cambia el cálculo de riesgo dentro de la cancha.
El récord de Alemania 2006 sigue siendo 28. Para romperlo, este Mundial necesitaría sostener el ritmo desbocado con el que arrancó, aunque juega con una ventaja inédita: el formato de 48 equipos trae 104 partidos en total, muchos más que los 64 de ediciones anteriores, lo que da más oportunidades de acumular expulsiones.
Lo curioso es que aquel 2006 fue un torneo violento en una época sin tecnología, mientras que el 2026, con todo el VAR, reparte rojas a un ritmo que pone en peligro una marca que parecía intocable. Dos Mundiales, dos décadas de distancia, y la misma pregunta sobre la disciplina en la cancha. La diferencia es que en 2006 nadie podía revisar la jugada. Hoy sí, y aun así las rojas han sido frecuentes.
