Euro 2025: las vidas detrás del balón

La Eurocopa Femenina 2025 está cerca de su último baile en Suiza. La fiesta se agota para llegar la frontera de la despedida y abrir paso a la memoralia, donde permanecerán guardados en su galería de recuerdos. Goles, atajadas, lágrimas de todo tipo: alegría, dolor, frustración, añoranza e historias, pequeños cuentos humanos de los cuales se nutre cada una de las futbolistas; cada uno de nosotros.
España llega a la final frente a Inglaterra —domingo 10:00 horas, tiempo de la CDMX— tras romper una barrera que parecía permanente: por primera vez venció a Alemania. Lo hizo con futbol, sí, pero también con temple. Como el de Vicky López, la futbolista más joven del seleccionado de España, cuando reveló la boyante anécdota, casi como travesura escolar por bailar tras el triunfo frente a la anfitriona Suiza impidieron al autobús del equipo emprender el viaje de regreso a su hotel.
"Lo celebramos saltando en el autobús. Por supuesto, había felicidad, el bus no podía arrancar porque se movía mucho", relató. "Las jóvenes intentamos tirar de las demás para que bailaran y se animaran, lo hemos celebrado bien", añadió.
La juventud animosa de Vicky López contrasta con la experiencia de Cristina Martín-Prieto, quien en el ocaso de su carrera recibe la recompensa por su perseverancia, fuerza de voluntad y, por supuesto, dominio del juego. Ella es la única jugadora del equipo que alguna vez tuvo que combinar el futbol con un empleo alterno… en un supermercado. Hace apenas unos años, viajaba 14 horas en autobús para jugar partidos. Hoy, marca goles con la selección y celebra con una llamada imaginaria dedicada a su sobrino en España, a quien ahora sí invitará a la final del domingo.
En ese mismo equipo conviven otras historias de superación. Athenea del Castillo ha sido revulsiva, pero también voz. Ha leído sobre liderazgo y lo ha ejercido sin necesidad de brazalete. Su camino, marcado por momentos tensos y decisiones personales fuera del campo, la ha llevado a este torneo en plenitud. “Soy más que una revulsiva”, dijo. Y lo ha demostrado.
Inglaterra, conmovedora y solidaria
Del otro lado, Inglaterra también trae mucho más que futbol. Antes de su semifinal ante Italia, las jugadoras emitieron un mensaje claro: basta de racismo. Lo hicieron para respaldar a su compañera Jess Carter, víctima de ataques en redes sociales desde el inicio del torneo.
“No es aceptable que mientras representamos a nuestro país, algunas de nosotras seamos tratadas diferente solo por el color de nuestra piel”, dijeron. Fue un gesto colectivo que reafirmó que el futbol femenino sigue siendo también un espacio de lucha.
Entre las convocadas inglesas está Hannah Hampton, portera de 21 años que convive con una condición visual que limita su percepción de profundidad. Tiene estrabismo y en su tiempo le dijeron que no podría dedicarse al deporte. Hoy ataja en la Superliga inglesa y forma parte de la selección. Lo suyo ha sido, desde el principio, ir contra todo diagnóstico.
Alemania no llegó a la final, pero dejó una postal imborrable. En cuartos de final, ante Francia, Ann-Katrin Berger firmó la mejor actuación individual del torneo. La arquera, de 34 años, detuvo dos penales y se convirtió en heroína de una selección a la que regresó tras superar dos veces el cáncer de tiroides.
“Estoy viviendo mi mejor vida”, dijo. Berger, además, se reencontró en semifinales con su compañera de equipo en el Gotham FC, Esther González, goleadora española del torneo.
Las Soft Hooligans ya no están solas
Esta Euro también se vivió en las tribunas. En Zúrich, las Soft Hooligans suecas —madre e hija con tambores, pancartas y gorras con lemas de inclusión— animaron a su selección con la misma pasión con la que defienden otra causa: mejores condiciones para el futbol femenino.
“La cultura en las gradas también forma parte del juego”, dijeron.
Llevan ocho años construyendo ese ambiente.
Su objetivo no era sólo apoyar a Suecia: era exigir respeto, ambiente, y una atmósfera donde niñas y niños puedan tener a Aitana Bonmatí como su ídolo. La cultura de estadio también es parte del juego, dicen, y la suya incluye familias, inclusión y mensajes LGBTQ+. En esta edición, ya no estuvieron solas.
Historias así no se reflejan en el marcador. Pero son las que terminan por definir lo que un torneo significó. El domingo habrá una campeona en Basilea.
La Euro 2025, sin embargo, ya la ganaron muchas más.
