Sports Illustrated Swimsuit, la conquista de Jocelyn Corona para la nueva belleza mexicana

En febrero de 2001, la Sports Illustrated Swimsuit llegó a los quioscos de Estados Unidos con un hito visual sin precedentes para el público hispano. La modelo sonorense Elsa Benítez protagonizaba la portada.
La estampa veraniega de Benitez, fotografiada en Túnez y vestida con un traje de baño naranja, se incrustó en la memoria colectiva como un triunfo innegable de la belleza mexicana en una de las plataformas editoriales más influyentes del planeta.
Veintitrés años después, esa misma puerta que Benítez abrió en su momento, y que posteriormente cruzó la actriz Salma Hayek, recibe de manera triunfal a Jocelyn Corona.
Para la modelo tapatía, consolidarse como la tercera mexicana en figurar en estas icónicas páginas representa la posibilidad de proyectar el mensaje de aceptación que ella misma anhelaba consumir durante su etapa formativa.
«Cuando vi a Salma Hayek o a Elsa Benítez pensé: yo puedo ser esa mujer. Y así como alguien más las vio a ellas, alguien más me ve a mí. Para mí lo más importante es cuántas más van a venir después de mí», reflexiona la modelo tapatía sobre el valor de esta conquista.
Jocelyn comprende a la perfección el peso cultural de la representación.
La industria de la moda dictó por décadas un canon estricto, estandarizado y, en muchas ocasiones, asfixiante. Su presencia en la edición de este año busca precisamente fracturar el estereotipo clásico que exige delgadez extrema y rasgos eurocéntricos.
Corona le ofrece al mundo una imagen distinta, una visión más fidedigna a la realidad latinoamericana, una mujer de piel morena, de silueta voluptuosa y cuya anatomía narra una historia de supervivencia en primera persona.
El camino hacia el mar de Cortés, donde se materializó la sesión fotográfica, comenzó con un correo electrónico fortuito que Jocelyn casi descarta por completo.
Acostumbrada a que las ofertas laborales pasen a través del estricto filtro de su equipo de representación, la comunicación directa de Sports Illustrated le pareció un espejismo en su bandeja de entrada.
Pensó, con total naturalidad, que se trataba de algún engaño digital o correo no deseado.
“Genuinamente pensé que era como un spam o que no era real. Dije: 'no puede ser que esté en mi correo, esto no es posible'. Hasta que dos semanas después me habla mi equipo y me dice: 'girl, te han estado buscando como por un mes'”, recuerda entre risas sobre la desconfianza inicial ante la propuesta del cliente de sus sueños.
Tuvieron que transcurrir dos semanas enteras y la intervención directa de sus mánagers para que la magnitud de la propuesta aterrizara de lleno en su realidad. El sueño, albergado desde que vio a la modelo de talla grande Ashley Graham romper barreras en la misma publicación años atrás, tomaba forma.
La sorpresa inicial mutó en certeza y emotividad durante una videollamada con MJ Day, editora en jefe de la revista, y el equipo de gestión de talento. El diálogo se alejó de inmediato de los fríos parámetros convencionales de un casting de moda.
El interés genuino de la publicación radicaba en la voz de Jocelyn, en sus vivencias personales, en los cimientos de su identidad y en la mujer detrás del portafolio. Descubrir que era originaria de Guadalajara fue el detonante perfecto para que el equipo editorial decidiera llevar a cabo su sesión fotográfica en territorio azteca. Era un retorno inmejorable a sus raíces, un acto de justicia poética.
“Cuando platiqué con MJ fue espectacular, porque era más como no tanto el approach como modelo, sino como mujer. Me dio una extra seguridad, porque muchas veces como modelo no estás acostumbrada a estar en escenarios en los que puedas ser pública con tu voz. Ella me dijo: 'tu carrera es espectacular, pero nos interesa la mujer que es Jocelyn, todos los procesos por los que has pasado'”, rememora la joven mexicana.
El municipio de Loreto, en Baja California Sur, la recibió con su inmensidad desértica y el azul profundo de sus aguas.
Posar junto a los cactus característicos de la península fue, en sus propias palabras, la epítome absoluta de su esencia.
Durante años, al inicio de su travesía profesional, se enfrentó a un entorno que le exigía diluir su personalidad para encajar. “Fue como The Cherry on Top haber shooteado en México. Cuando yo inicié a modelar era como ser todo menos mexicana: 'you're too loud, you're too brown, you're too curvy, you're too talkative'. ¡Pero es que es inevitable! Soy mexicana, ¿cómo no voy a ser platicadora y amigable? Fue como un full circle moment”, confiesa con orgullo sobre el viaje a su tierra.
Sin embargo, cobijada por el sol de Baja California y frente al lente de una franquicia de alcance global, Jocelyn pudo alzar la voz con su sola presencia.
Este acto de reafirmación cobra un valor inconmensurable al analizar el contexto social que la rodea.
En una sociedad global que aún lidia con prejuicios corporales y gordofobia, crecer como una adolescente alta y con curvas presentaba un desafío laberíntico. En este aspecto, la influencia de su madre fungió como un escudo protector invaluable.
“Mi mamá es una mujer curvy y lidió con ello. Se encargó de darme herramientas: 'mides 1.79, pero no pasa nada; tienes curvas, pero hay que amarlas'. Mi mamá hizo una chamba súper chida para que yo no estuviera traumada, y gracias a esos fundamentos pude aguantar cuando entré a la industria más restrictiva”, destaca la modelo.
Hoy, Jocelyn porta esa misma antorcha encendida. Desea profundamente que las niñas, incluida su hermana menor de siete años, encuentren en las revistas un espejo amable, un lugar seguro donde su complexión o su color de piel sean sinónimos de grandeza, de humanidad y de respeto absoluto.
Pero la geografía física de Jocelyn alberga otra capa de enorme profundidad emocional y resiliencia.
Un severo accidente automovilístico la llevó al límite de la mortalidad, la sumió en un coma prolongado y la obligó a someterse a múltiples intervenciones quirúrgicas. El trauma pausó su ascendente carrera durante casi tres años, un lapso donde la incertidumbre se apoderó de sus días.
En una profesión cimentada en la estética exterior, ver su cuerpo transformado de manera tan repentina representó un abismo complejo de sortear. Existía el miedo genuino de enfrentar el rechazo de un mercado que apenas comenzaba a tolerar la diversidad de tallas, un mercado que de pronto tendría que asimilar una piel surcada por cicatrices notorias.
“De pronto te cambia la vida y cambia el cuerpo en el que vives. Tuve muchísimas cirugías, estuve en coma, y por dos años no hacía nada en lo que se vieran mis cicatrices porque no estaba lista. Pensé genuinamente que la industria no estaba preparada para un cuerpo como el mío, que además de ser plus size, ahora tiene cicatrices”, revela sobre el difícil periodo de convalecencia.
El proceso de sanación resultó sinuoso y demandante.
Jocelyn atravesó épocas de rechazo hacia su propia imagen, meses en los que evitaba a toda costa cualquier trabajo fotográfico que expusiera su abdomen. No obstante, impulsada por el amor de su círculo íntimo y por un trabajo interno profundo, logró reescribir la narrativa de su vida.
Comprendió que su cuerpo había sido un vehículo prodigioso, capaz de sostenerla frente a la adversidad más cruenta. Las marcas en su piel transmutaron de ser motivos de inseguridad a convertirse en condecoraciones de resistencia. Aprendió a abandonar la hostilidad hacia sí misma y reconoció que un cuerpo perfecto es, ante todo, un cuerpo que te mantiene con vida.
“Entendí la narrativa de: pude morir muchas veces y mi cuerpo ha pasado por tanto. Aprendí a no estar en guerra con mi cuerpo, aprendí a no odiarlo. Entender lo maravilloso y lo valioso que mi cuerpo es para mí, y no para nadie más, fue el elemento clave para hacer las paces con él”, reflexiona acerca del trabajo interior que le devolvió la tranquilidad.
Por ello, cuando Sports Illustrated Swimsuit formalizó su invitación, la guerra interna ya había cesado por completo. No hubo espacio para dudas ni titubeos al momento de plantarse frente a la cámara y exhibir su historia grabada en la piel. Su proceso de aceptación había madurado lo suficiente para tener la certeza de que su valor humano supera con creces cualquier expectativa de perfección.
“Cuando Sports Illustrated llegó a mí, llegó en un momento perfecto en el que me sentía completamente lista para compartir mi mensaje en esta escala. Ya había hecho las paces con mis cicatrices. Entendí que al final soy mucho más que mis marcas o que mi físico, aunque trabaje en la industria de la moda”, afirma .
Esta travesía individual convergió de forma hermosa en una red de apoyo inusitada durante las actividades de prensa de la publicación.
Como modelo debutante, encontró refugio y orientación en la calidez de mujeres formidables que compartían las páginas de la edición.
Desde intercambiar anécdotas con medallistas olímpicas de la talla de Ilona Maher, hasta recibir consejos de figuras del entretenimiento como la actriz Tiffany Haddish. En este ecosistema impulsado y liderado enteramente por mujeres, Jocelyn corroboró que las inseguridades son universales, pero también lo es la capacidad de empuje mutuo.
Compartir espacios de vulnerabilidad con figuras que antes admiraba a la distancia reafirmó su fe inquebrantable en el poder colectivo femenino.
“Genuinamente es de las cosas que más aprecio: el privilegio de conocer no a la atleta o a la actriz, sino a las mujeres que existen antes que su trabajo. Se forma una hermandad espectacular. Te das cuenta de que, aunque nos veamos o vistamos diferente, podemos coexistir impulsando la mejor versión la una de la otra”, señala sobre la sororidad.
La historia de Jocelyn es un manifiesto palpable de reconciliación.
