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'Estos momentos son irrepetibles'; Checo Pérez volvió a escuchar el rugido de su afición

El mexicano deleitó a cerca de 100 mil aficionados que se congregaron sobre Paseo de la Reforma para verlo conducir un Cadillac similar al que maneja en Fórmula 1.
Checo Pérez a bordo de un Cadillac clásico durante el 'show run' en Reforma.
Checo Pérez a bordo de un Cadillac clásico durante el 'show run' en Reforma. | Manuel Velásquez/Getty Images

Durante un año, Sergio ‘Checo’ Pérez tuvo que escuchar desde la televisión el ruido que durante una década lo acompañó en el Gran Premio de México. Vio el desfile de pilotos, las tribunas cubiertas de banderas y el Autódromo Hermanos Rodríguez convertido en una fiesta, pero esta vez no había casco, uniforme ni monoplaza esperándolo. Este miércoles, en Paseo de la Reforma, aquel rugido volvió a pertenecerle.

México no esperó al domingo para recibirlo. Desde la noche anterior, cientos de aficionados buscaron un lugar cerca del recorrido instalado entre el Ángel de la Independencia y la Diana Cazadora. Para cuando apareció el monoplaza con los colores de Cadillac, las vallas ya estaban rodeadas de camisetas, gorras, banderas y personas que levantaban sus teléfonos con la esperanza de conservar una imagen de su regreso.

Entonces apareció el número 11.

El sonido del motor recorrió Reforma y el público respondió con un grito que había permanecido guardado durante un año. Checo aceleró, realizó donas y pasó frente a miles de seguidores con un traje verde, blanco y rojo. No era todavía el Gran Premio de México, pero por momentos resultaba difícil distinguir entre una exhibición y el recibimiento de una carrera.

Pérez había anticipado lo especial que sería ese momento. “Correr en Reforma frente a los fans siempre es una sensación increíble, pero hacerlo con Cadillac durante nuestra primera temporada juntos lo hace aún más especial”, expresó antes de la exhibición. El mexicano sabía que no regresaría únicamente a una avenida emblemática. Volvería a encontrarse con la parte de la Fórmula 1 que más había extrañado.

La temporada 2025 le permitió descansar, convivir con su familia y contemplar el campeonato desde otra perspectiva. Sin embargo, ninguna carrera le produjo la misma sensación que la de México. Al observarla desde casa recordó la emoción del desfile, el trayecto hacia la parrilla y el instante en que las tribunas reconocían su presencia.

“Lo que más extrañé, sin duda, fue mi afición”, confesó esta semana.

Aquella ausencia terminó por mostrar el lugar que Checo ocupa en esta carrera. El Gran Premio pudo celebrarse sin él, pero no se sintió igual. Faltó el nombre que las tribunas corearon desde el regreso de la Fórmula 1 al país en 2015 y el piloto que convirtió cada vuelta por el Foro Sol en una descarga colectiva.

Por eso la escena de Reforma tuvo un significado distinto al de cualquier otra exhibición. No fue solamente un piloto frente a su público. Fue el reencuentro entre una afición que esperó su regreso y un hombre que reconoció en ese cariño una de las razones principales para volver a la parrilla.

El momento que mejor resumió la jornada ocurrió cuando el monoplaza se detuvo frente al Ángel de la Independencia. El motor se apagó, pero la celebración no. Checo descendió del coche y caminó hacia las vallas para saludar a los aficionados. Un niño consiguió acercarse y encontró a un Pérez sonriente, dispuesto a regalarle una fotografía y una gorra firmada.

Durante unos minutos desaparecieron la presión, los resultados y las dificultades que Cadillac ha enfrentado en su primera temporada. No importó que el auto utilizado fuera un Fórmula 2 adaptado para la exhibición ni que el equipo todavía busque sus primeros puntos. Frente al Ángel sólo quedaron Checo y la gente que había esperado horas para verlo otra vez.

“Estos momentos son irrepetibles y los quiero disfrutar muchísimo más por todo lo que significan”, reconoció el tapatío.

La frase explica la manera en la que Pérez vive esta etapa de su carrera. A los 36 años, después de victorias, podios, despedidas y un regreso que parecía improbable, el mexicano ya no contempla estos acontecimientos como una parte más de su trabajo. Sabe que cada encuentro con su público puede formar parte de los últimos grandes recuerdos de una trayectoria que comenzó mucho antes de que la Fórmula 1 volviera a México.

Esta semana también confirmó que la historia todavía tiene camino por recorrer. Cadillac anunció la renovación de Checo hasta, al menos, 2029, un acuerdo que lo mantendrá como una de las figuras centrales del proyecto estadounidense. La noticia llegó el mismo día del Show Run y transformó el homenaje por su pasado en una promesa de continuidad.

Sin embargo, ningún contrato explica por completo lo que ocurrió en Reforma. Los números pueden registrar sus seis victorias, 39 podios, tres posiciones de privilegio y 299 Grandes Premios. No pueden medir a las personas que pasaron la noche en la calle, el volumen con el que pronunciaron su nombre ni la reacción de quienes lo vieron acercarse.

Checo llegará el domingo a su carrera número 300. Lo hará en el país donde aprendió a competir, frente a la afición que lo acompañó durante su ascenso y con una escudería que disputa por primera vez el Gran Premio de México. El resultado dependerá del rendimiento de un Cadillac que todavía atraviesa su etapa de construcción, pero el significado del fin de semana no cabe en una clasificación.

Hace un año, Pérez contempló esta fiesta desde un sillón y sintió la distancia que lo separaba de ella. Ahora volvió a escucharla desde el interior del casco.

El motor se apagó al terminar la exhibición, pero los gritos continuaron sobre Paseo de la Reforma. Quizá esa sea la mejor forma de explicar lo que Checo ha sentido durante esta semana: después de un año lejos de la parrilla, descubrió que México nunca dejó de esperarlo.

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Published | Modified
Álvaro Piñeirua
ÁLVARO PIÑEIRUA

Redactor en Sports Illustrated México.