Christian Horner, el arquitecto de Red Bull Racing que se volvió prescindible

La Guerra Fría con Helmut Marko y la amenaza de salida de Max Verstappen a Mercedes terminaron con la histórica gestión de Horner al frente de la escudería más ganadora de la última década y media.
Christian Horner fue despedido de Red Bull Racing.
Christian Horner fue despedido de Red Bull Racing. / Foto: Mark Thompson/Getty Images.

Cuando, en 2004, Jaguar Racing afrontaba una inminente transición de propietarios, el mundo de la Fórmula 1 acudió con asombro al desembarco de un nuevo jugador en el circuito: Red Bull, una marca de bebidas energéticas.

El hecho de que Ford —que había hecho una inversión millonaria para posicionar a Jaguar Racing como uno de los grandes animadores del campeonato— no tuviera el éxito esperado, dotó de escepticismo el inicio de la aventura de una nueva escudería sin pedigree ni honores.

Lo que parecía ser un simple capricho de Dietrich Mateschitz, dueño de Red Bull y entusiasta de la Fórmula 1, terminó siendo el alumbramiento de un nuevo protagonista en el deporte profesional.

La primera gran decisión que tomó Mateschitz fue nombrar a un entonces desconocido director de un equipo de Fórmula 3000 para capitanear un proyecto sin un techo definido. Su nombre: Christian Horner, un expiloto británico, de 31 años, proveniente de una familia involucrada con la industria automotriz de Coventry, el antiguo bastión militar y aeronáutico de Gran Bretaña. 

Horner abanderó una sutil transición que obligó a la escudería a dejar atrás los motores Comworth para establecerse, durante una década, con Renault. Antes hubo una brevísima escala con motores Ferrari que derivó en aquel histórico primer podio en el circuito callejero de Mónaco, donde Horner celebró la hazaña tirándose a una piscina en ropa interior y ataviado con una capa de Superman.

El 2010 fue el gran punto de inflexión en la carrera de Horner como principal en Red Bull Racing. El primero de cuatro campeonatos de constructores y el primero de cuatro títulos consecutivos del alemán Sebastian Vettel simbolizaron un golpe sobre la mesa.

Cuando parecía que estaban listos para tiranizar el circuito, Horner y compañía atestiguaron en primera fila la entronización de Lewis Hamilton, siete veces campeón. Tuvieron que esperar hasta 2021, con la eclosión del neerlandés Max Verstappen y la llegada del mexicano Sergio Pérez como segunda espada, para volver a la élite.

El cenit del proyecto de Horner, al que siempre le obsesionó más el campeonato de constructores que el de pilotos, llegó en 2023, con el histórico 1-2 de Verstappen y Checo Pérez. 

La armonía de Red Bull Racing se vio seriamente amenazada con la muerte de Dietrich Mateschitz en 2022. El vacío de poder que dejó la ausencia del fundador de Red Bull devino en una lucha intestina protagonizada por dos bandos: el de Horner, respaldado por el inversor tailandés Charleo Yoovidyha, y el de Helmut Marko, el asesor deportivo que encontró en el padre de Max Verstappen a un cómplice para escalar en términos de jerarquía.

En 2024, Horner afrontó su primera gran crisis como principal en Red Bull Racing al ser investigado por “comportamiento inapropiado” hacia una compañera de equipo. Pese a que salió exonerado, su poder al interior comenzó a desvanecerse.

Ese mismo año, la decisión de despedir a Sergio Pérez como segundo piloto de la escudería pasó por su escritorio, aunque, según las fuentes cercanas a Red Bull Racing, como una imposición velada de Marko, quien mantenía una turbulenta relación con el mexicano. 

Con la temporada 2025 en el horizonte, el amago de salida de Max Verstappen a Mercedes provocó una guerra civil al interior de la escudería. La posición de Helmut Marko como aliado de la familia Verstappen dejó un mensaje cifrado: Christian Horner era una figura prescindible —y puede que incómoda— para el niño mimado de la Fórmula 1.


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Ricardo López Si
RICARDO LÓPEZ SI

Editor en Sports Illustrated México. Periodista y escritor.