Achraf Hakimi: Cruzar, una y otra vez, el Estrecho de Gibraltar

Catorce kilómetros con cuatrocientos metros.
Esa es la separación, en su punto más estrecho, que impone la geografía del Estrecho de Gibraltar, el punto exacto donde las aguas del mar Mediterráneo colisionan con el océano Atlántico, y donde la leyenda cuenta que Hércules dejó su huella.
El Bahr az-Zaqqaq —”El mar del estrecho” en árabe— es la frontera que divide a España de Marruecos y que escinde dos continentes, Europa y África, erigiéndose también como uno de los pasos migratorios más formidables del planeta.
Tan solo durante la época estival, en el marco de las grandes operaciones de tránsito, este embudo de esperanzas y retornos ve cruzar a casi tres millones y medio de pasajeros, una marea humana impulsada a partes iguales por la búsqueda de un porvenir o por el arraigo al hogar.
Fue precisamente esta travesía la que, hace algunas décadas, emprendieron Hassan Hakimi y Saida Mouh. Ambos cruzaron las aguas desde Marruecos hacia Madrid, y dejaron atrás su tierra con la férrea voluntad de escapar de la escasez y de labrar un futuro más estable para su familia.
Y su esfuerzo, finalmente, dio frutos en su hijo, Achraf Hakimi.
El chico de ascendencia magrebí se convirtió en un portento del futbol mundial que ha redefinido la posición de lateral derecho moderno a base de una asfixiante vocación ofensiva y un impecable dominio de ambas piernas.
Su rasgo más distintivo sobre el césped es una velocidad supersónica que llegó a registrar 36,48 kilómetros por hora en la liga alemana. A ese ritmo frenético, y si las aguas del estrecho fueran una pista ininterrumpida, Hakimi podría cruzar corriendo la distancia exacta que separa el continente de sus padres de su país natal en apenas 23 minutos y 40 segundos.
Hakimi creció en las calles de Getafe, en el sur de Madrid, durante los primeros años del milenio.
Allí, lejos del glamour que hoy define su cotidianidad en París, se forjó el núcleo de su carácter. Su infancia estuvo marcada por la escasez material y un inquebrantable sentido del sacrificio.
Su padre sostenía el hogar como vendedor ambulante en las calles de Majadahonda, mientras que su madre complementaba los ingresos limpiando casas ajenas. La economía familiar era un ejercicio de equilibrismo diario. Como el propio jugador ha rememorado, vivían "con lo justo", pero el amor se manifestaba en renuncias silenciosas.
Sus padres preferían privarse de comprar ropa nueva para poder adquirir unos botines de futbol para su hijo.
Ese profundo sentido de gratitud es el hilo conductor de la decisión más trascendental de su vida: su lealtad a la selección de Marruecos.
Siendo un talento deslumbrante nacido y criado en España, la ruta lógica y más cómoda habría sido enfundarse la camiseta de La Roja. De hecho, la Federación Española lo convocó y Hakimi acudió a las instalaciones de Las Rozas para probarse con las categorías inferiores.
Sin embargo, la experiencia duró apenas un par de días. Como él mismo confesaría tiempo después con una franqueza desarmante, vio que aquel "no era su sitio adecuado". En un acto de profunda reivindicación identitaria, decidió jugar para los Leones del Atlas, asumiendo la misión de "cambiar la mentalidad del mundo árabe" y honrar la tierra de la que sus padres tuvieron que partir.
Conocer a Achraf es adentrarse en la mente de un hombre solitario en sus confianzas, sumamente protector de su círculo íntimo y poseedor de un carácter que combina la timidez con excentricidades propias de un millonario prematuro.
Quienes comparten vestuario con él lo describen como un individuo de lealtades absolutas. Su amistad con Kylian Mbappé es el ejemplo paradigmático; más que compañeros, forjaron un vínculo de hermandad casi irrompible. Mbappé, que lo coronó públicamente como el "Rey de África" cuando Hakimi ganó el galardón al Jugador Africano del Año en 2025, es de los pocos que han penetrado la coraza del marroquí.
En su vida fuera del campo, Hakimi ha demostrado una personalidad pragmática —que a ratos raya en lo hermético— especialmente en lo que respecta a sus finanzas.
Su relación con el dinero es, de hecho, uno de los datos más peculiares de su biografía. A pesar de percibir un salario multimillonario, la totalidad de su inmensa fortuna y sus bienes han estado bajo el control absoluto y a nombre de su madre.
“Mi madre no empezó a manejar mi dinero después de casarme, sino que lo hacía desde siempre y así siguió funcionando. Así que ¿por qué iba a cambiarlo? Ella es la responsable de todo”, dijo.
La revelación salió a la luz durante su mediático y turbulento divorcio con la actriz española Hiba Abouk. La separación expuso a un Hakimi vulnerable, que en una reveladora y sobria entrevista concedida en enero de 2025 al canal de Anas Bukhash, dejó entrever las cicatrices de su madurez forzada. "He aprendido a no confiar en demasiadas personas y que en este mundo hay que tener cuidado", confesó.
Esa desconfianza está intrínsecamente ligada al capítulo más oscuro de su existencia.
Desde 2023, una severa acusación judicial por presunta violación en su domicilio de París ha puesto en jaque su reputación y su legado. Mientras la justicia francesa ha determinado elevar el caso a juicio para este año 2026, el jugador ha mantenido una postura de absoluta inocencia, argumentando que el proceso es, a sus ojos, una maniobra de extorsión.
Pero cuando Hakimi pisa un terreno de juego, las sombras se disipan y emerge el portento.
Todo comenzó en los campos de tierra y césped artificial del modesto Colonia Ofigevi en Getafe, un club de barrio donde solo necesitó un año para que los cazatalentos del Real Madrid quedaran maravillados por su talento.
En "La Fábrica" blanca, se pulió bajo la exigencia extrema, debutando en el primer equipo bajo el manto protector de Zinedine Zidane, quien lo trató casi como a un hijo y le infundió la confianza necesaria para la élite.
A partir de ahí, su carrera ha sido una colección de hitos que han redefinido la posición de lateral derecho.
Desde su asombrosa explosión de velocidad en el Borussia Dortmund, pasando por su consagración táctica en el Inter de Milán, hasta llegar al Paris Saint-Germain, Hakimi se ha convertido en sinónimo de victoria.
Apenas el pasado 30 de mayo de 2026, consolidó su estatus de leyenda al disputar los agotadores 120 minutos de la final de la UEFA Champions League en Budapest, marcando su penalti en la tanda que le otorgó el bicampeonato europeo al PSG frente al Arsenal.
Con tres trofeos de la máxima competición continental en sus vitrinas (2018, 2025 y 2026), ha igualado el mítico récord del camerunés Samuel Eto'o, sentándose en la mesa de los más grandes de la historia de su continente.
En unas horas, bajo la imponente estructura del Estadio New York/New Jersey, la selección de Marruecos hará su esperado debut en el Grupo C del Mundial 2026 frente a la todopoderosa selección de Brasil.
Y Hakimi cruzará, en el pasto, una y otra vez el Estrecho de Gibraltar.
