Ange Postecoglou, el radical de los actos de fe

El entrenador greco-austroliano comandó al Tottenham a ganar la Europa League, el primer título del club londinense en 17 años.
Ange Postecoglou durante la final de Europa League.
Ange Postecoglou durante la final de Europa League. / Foto: Ryan Pierse/Getty Images.

El colapso de la monarquía y la instauración de la Dictadura de los Coroneles simbolizaron la peor época posible para ser niño en Grecia. Los métodos represivos de la junta militar que había tomado por asalto el poder, en 1967, provocaron un éxodo masivo de familias en la recién constituida República Helénica.

Uno de los patriarcas de esas familias desplazadas era Jim Postecoglou, padre de Ange Postecoglou, el entrenador greco-australiano que conquistó la Europa League con el Tottenham de Londres.

Jim, que en realidad se llamaba Dimitris, le contagió la pasión por el futbol —y por la vida— a su hijo de 5 años cuando se establecieron en Australia, al otro lado del mundo, después de pasar 30 días en un barco lleno de inmigrantes, “sin garantías” y “sin promesas”, como “un acto de fe total”, según contaría el mismo Ange en una emotiva editorial publicada en Athletes Voice.

Nadie encarnó mejor el traje de héroe para Ange en la cotidianidad hostil de un país ajeno que su padre, un hombre hermético, imperturbable y de placeres sencillos, cuyos únicos arrebatos emocionales y síntomas de debilidad eran provocados por un equipo de futbol: el South Melbourne Hellas, el club de la inmigración griega en Australia. 

En su patria de adopción, Ange se convirtió en un futbolista profesional sin grandes alardes de posteridad. Su gesta más celebrada fue haber debutado en el equipo de su padre y haber sido campeón bajo las órdenes de la leyenda húngara Ferenc Puskas. El retiro lo alcanzó a los 27 años, tras una lesión. Fue así que se consagró a lo que realmente le gustaba: el rol de entrenador. 

Para entonces, ni él ni nadie hubiesen sido capaces de profetizar que un 1-4 en contra ante el Chelsea en un derbi londinense otoñal reforzaría su condición de entrenador de culto en la élite.

Tras haber sufrido dos expulsiones con casi todo el segundo tiempo por delante, Postecouglou plantó su línea defensiva, integrada por cuatro elementos, casi a la altura del medio campo. En otro “acto de fe total”, como el que lo llevó a las costas australianas, el Tottenham, con dos hombres menos, le tendió la trampa del fuera de juego al Chelsea para permitirse seguir atacando con los cuatro hombres de campo restantes.

“Es simplemente quiénes somos y quiénes vamos a ser mientras yo esté aquí. Nos quedaremos con cinco hombres y seguiremos teniendo una oportunidad”, dijo tras el partido.

Con esa típica obsesión por montarse en una frase redonda que justifique su presencia en las ruedas de prensa, los medios han buscado vincular la filosofía suicida Postecoglou con la de los grandes iconoclastas del último medio siglo. Al respecto, él mismo reveló que “ni el Barcelona, ​​ni el Liverpool, ni Pep Guardiola, ni Johan Cruyff” han sido sus influencias directas, sino un mantra heredado por Jim, el otrora Dimitris: Κάτω η μπάλα (balón a ras de césped).

Es curioso que el hombre radicalizado y obsesivo con el juego ofensivo en el que se transformó Ange Postecoglou no fue un producto de la vanguardia; más bien de un sentido homenaje que reivindica el legado del héroe de la armadura: su padre.


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Ricardo López Si
RICARDO LÓPEZ SI

Editor en Sports Illustrated México. Periodista y escritor.