Arabia Saudita redefine su apuesta deportiva: del gasto global al negocio, con LIV Golf en duda

El PIF (Public Investment Fund), el fondo soberano saudí, invirtió más de 10 mil millones de dólares para transformar el deporte global, desde la Saudi Pro League hasta el boxeo y los esports. Ahora, con el Mundial 2034 como objetivo, redefine su estrategia y proyectos como LIV Golf enfrentan su futuro más incierto.
El logo del Fondo de Inversión Pública (PIF) de Arabia Saudita
El logo del Fondo de Inversión Pública (PIF) de Arabia Saudita / Joe Portlock/Getty Images

El dinero ya no fluye sin condiciones. A inicios de este mes, los rumores sobre la salida del Fondo de Inversión Pública (PIF) de Arabia Saudita de LIV Golf no salieron de la nada: llegan después de cuatro años de pérdidas, audiencias bajas y un proyecto que nunca encontró cómo sostenerse por sí solo.

La ofensiva saudí en el deporte moderno empezó en 2021. Ese año, PIF, compró al Newcastle inglés por unas 305 millones de libras y, a partir de ahí, el gasto se volvió constante y rompió el mercado en cada deporte al que entró.

Entre 2021 y 2023, el país comprometió más de 6 mil millones de dólares en patrocinios, adquisiciones y nuevas propiedades deportivas. El fondo, que hoy ronda el billón de dólares en activos, encontró en el deporte una vía rápida para posicionarse globalmente.

También funcionó como herramienta de mejoramiento de imagen, el llamado sportswashing: usar el deporte para mejorar reputación y ganar legitimidad internacional, en medio de cuestionamientos internacionales por su mal historial en derechos humanos.

El futbol fue el eje. En 2023, el PIF tomó el control del 75% de Al Hilal, Al Nassr, Al Ittihad y Al Ahli de la Saudi Pro Leauge.

No fue solo una operación corporativa: ese mismo verano la liga saudí gastó cerca de mil millones de dólares en fichajes. Llegaron Cristiano Ronaldo, Neymar, Benzema, Kanté. Con cifras que explican el fenómeno: Ronaldo supera los 200 millones de dólares anuales, mientras que Neymar firmó un acuerdo cercano a los 300 millones por dos años, entre salario y patrocinios. La competición pasó de ser ajena a instalarse en la conversación global en cuestión de meses.

El modelo no se limitó al futbol. Arabia Saudita movió el centro del boxeo. Peleas de peso pesado, bolsas récord y la presencia recurrente de figuras como Saúl “Canelo” Álvarez cambiaron la geografía tradicional del deporte.

El punto más alto fue un acuerdo con el boxeador mexicano que ronda los 400 millones de dólares por múltiples peleas, una cifra inédita incluso para los estándares del boxeo moderno.

En paralelo, el PIF empujó un nuevo proyecto global junto a TKO, la empresa que controla UFC y WWE, para estructurar una promotora internacional, Zuffa Boxing. Su lógica en cada deporte es controlar toda la industria.

Ese mismo patrón aparece en otros frentes. WWE tiene un acuerdo de largo plazo para hacer eventos en el país. La UFC ha convertido a la región en parada fija de su calendario. La Fórmula 1 corre en Jeddah desde 2021 y mantiene acuerdos millonarios con Aramco, la petrolera estatal.

En esports, Arabia Saudita ya es uno de los mayores inversores del mundo a través de Savvy Games Group, con decenas de miles de millones comprometidos y un objetivo explícito: construir una industria local alrededor del gaming.

LIV Golf fue distinto. Desde su lanzamiento en 2022, el circuito consumió más de 5 mil millones de dólares. Pagó cifras inéditas por el mejor talento como el entonces número uno del mundo Jon Rahm, rompió el ecosistema del golf y obligó al PGA Tour a reaccionar.

Pero nunca logró traducir ese impacto en ingresos. En 2024, solo su estructura en Reino Unido perdió cerca de 590 millones de dólares. La propia liga asumía que tardaría entre cinco y diez años en ser rentable. En el contexto actual, eso es demasiado tiempo.

Ahí entró el cambio de 2026. El nuevo plan del PIF ya no está pensado para expandirse sin freno, sino para reorganizar capital y generar ingresos.

Menos exposición internacional, más desarrollo interno. Más proyectos que generen actividad dentro del país, uno de los objetivos del PIF, que es diversificar la economía local y no depender solo de los ingresos del petroleo (tienen la segunda reserva más grande del mundo).

La venta del 70% de Al Hilal encaja en esa lógica: liberar recursos, atraer inversión privada y sostener la liga con un modelo menos dependiente del Estado.

El Mundial de 2034 de futbol es el destino final. No está en riesgo, al contrario, ordena toda la estrategia. Estadios, infraestructura, turismo e industria deportiva. Todo lo que el PIF hace hoy apunta hacia ahí. Lo que no encaja, pierde prioridad.

Por eso LIV Golf está en duda y el resto no. El futbol sigue porque combina negocio y visibilidad. El boxeo, la UFC o WWE porque generan eventos y consumo. Los esports porque encajan con la base demográfica del país. LIV, hoy, no cumple con nada de eso.

Durante años, Arabia Saudita operó como un actor que podía alterar cualquier mercado con dinero. En 2026 empieza a operar como uno que decide dónde sí y dónde no. No es una retirada. Es un ajuste.


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Rodrigo Corona
RODRIGO CORONA

Reportero en Sports Illustrated México. Apasionado por contar historias del mundo deportivo.