Arquitectas del sueño, las mujeres que mueven el Mundial 2026

Para el Mundial 2026, la FIFA ha desplegado su andamiaje más ambicioso: una arquitectura de 48 selecciones, tres países y 16 sedes. Esta monstruosidad logística se coordina, en gran medida, mediante las manos de una red de mujeres, pues el torneo más magno de la historia no habría podido sostenerse de otra manera.
Estas son las crónicas de Ana Barreda, Ximena Suárez, Sarah Gandoin, Lidia Rojas y Marely Flores, cinco mujeres que han conquistado su espacio con una autoridad soberbia y una pasión inmarcesible.
Ana Barreda
La primera vez que Ana Barreda pisó la cancha de Coapa como jefa de prensa del América, llevaba tacones que se enterraban en el pasto.
—¿Quién es el nuevo jefe de prensa?—, le preguntó el entonces director técnico del equipo, Miguel Herrera. “Hola, mucho gusto”, respondió Ana.
Herrera la presentó ante un plantel de hombres que no sabían qué hacer con la presencia de Barreda en su territorio sagrado. “Me sentía como un corderito”, recuerda Ana con una sonrisa.
Siete años después de domar las crisis mediáticas del club más demandante de México, Ana salió de ahí convertida en una leona. Hoy, como Head of Public Relations de la FIFA para México, la escala de la presión ha cambiado drásticamente, pues en lugar de cuidar la imagen de un club, lo hace con la reputación del evento deportivo más grande del mundo.
“Aquí no existe un día típico y esa es justo la belleza del caos”, explica desde las oficinas de la FIFA en la Ciudad de México. Su formación en el América fue su escuela de guerra, donde aprendió a gestionar crisis, expectativas y la locura colectiva que desata el esférico.
Pero la FIFA es otra dimensión: con tres países anfitriones, 48 selecciones, múltiples husos horarios tratando de coordinarse y 24 horas de atención los siete días de la semana, la corriente eléctrica nunca se apaga porque el futbol tampoco lo hace. Ana recuerda que, a los dos años de estar en el América, Miguel Herrera le dijo: “Si tú quieres seguir en este medio, tienes que estar 24/7 al pendiente, porque esto es lo que te demanda esta belleza del futbol”. Sin embargo, la pasión que despierta el Mundial hace que cada momento de estrés valga la pena.
“Si algo me tiene aquí es la pasión que genera este deporte; ver a tanta gente que se emociona, que brinca en las tribunas, que llora, que se pelea por un boleto, que hace cuatro horas para llegar a un estadio o 10 horas en un avión. Lo vimos ahorita en Monterrey, había gente de Irak que hizo 27 horas en un vuelo para llegar. Esa es la parte que me motiva y que me tiene hoy en esta posición”, dice Barreda.
Ana vive entre alertas de notificaciones, monitoreo de medios gubernamentales y la gestión constante de un equipo que, por primera vez en su carrera, está compuesto mayoritariamente por mujeres. «Hace rato posteé una foto de nuestro equipo en un evento de Panini y éramos ocho o nueve mujeres. Se me pone la piel chinita porque antes no pasaba eso. Yo en América trabajaba con una o dos mujeres, pero dentro del equipo deportivo no había”, explica, visiblemente emocionada.
Su mensaje para las niñas que sueñan con estos puestos directivos es una declaración de principios: “No pidan permiso para pertenecer. Prepárense tanto que su trabajo hable por ustedes. La cancha profesional también es nuestra”.
El camino no es lineal; tocó mil puertas que se cerraron, pero aprendió a abrir ventanas. Ahora, es parte fundamental del equipo que organiza el Mundial más grande de la historia y sueña con dejar un rastro visible para que las futuras generaciones no tengan que explicar por qué una mujer lidera un departamento deportivo. “Quiero que vean que sí podemos, que ya no es rosa para mujeres y azul para hombres. Es pasión, es resiliencia y es responsabilidad”.
Ximena Suárez
Ximena Suárez habita la frontera invisible donde los estándares operativos de la FIFA chocan con las políticas nacionales.
Como Executive Director of Stakeholder Relations en México, su día es un ejercicio constante de traducción diplomática. Se despierta todos los días a las seis de la mañana para tomar las primeras juntas de la jornada, un fenómeno provocado por el hecho de que las oficinas centrales de la FIFA se ubican en Suiza, lo que impone una discordancia horaria que complica sobremanera la coordinación de sus labores.
“Yo no soy una morning person, entonces sufro absolutamente todos los días que me despierto”, dice con una sonrisa trágica. Lo primero que hace al despertar es revisar las noticias: “Tristemente, lo primero es checar si hay algo que nos esté afectando, si hay algo que podamos hacer al respecto, si hay algo que tengamos que estar preparando desde ese momento para interceder”, explica.
Su oficina es el embudo por donde pasa todo, desde la coordinación de la Secretaría de Relaciones Exteriores con las embajadas de los países visitantes hasta la resolución de conflictos logísticos en aduanas y aeropuertos. “Ni la FIFA lo puede hacer sola ni el gobierno lo puede hacer solo”, revela Suárez.
Mientras explica los retos de su puesto, Ximena destaca la figura de Gabriela Cuevas, coordinadora de los trabajos del gobierno federal para el Mundial 2026. “Del lado del gobierno sí ha sido fundamental contar con una figura de coordinación.
Esta recayó en la licencia de Gabriela Cuevas, y su papel ha permitido que distintas dependencias trabajen alineadas. Ha sido fundamental contar con ella y con su oficina. Se ha logrado integrar un poco todas las partes y que todos sepan qué están haciendo los demás, justo para no tropezar unos con otros; y se ha logrado que todos entiendan el impacto que va a tener esta Copa Mundial y el impacto que ya está teniendo”, asegura.
Lo que Ximena no esperaba al aceptar este reto era encontrar una hermandad tan profunda en un entorno que suele tener fama de difícil.
“Ha sido increíble entrar a esta oficina y ver que mínimo el 50% de las personas que estamos aquí somos mujeres. Creo que, de repente, tenemos un mal estigma sobre las mujeres… que es difícil trabajar con ellas porque son muy emocionales, dramáticas, complicadas, que no se llevan entre ellas y se van a tratar de meter el pie y, gracias al cielo, yo nunca he vivido eso”, confiesa Suárez, quien destaca a sus contrapartes femeninas en los estadios y oficinas gubernamentales.
“Nuestra interlocutora con el gobierno federal es mujer, nuestra interlocutora con el gobierno de la ciudad es mujer, las dos directoras de los estadios de Guadalajara y de Monterrey son mujeres, la Host City Manager de Guadalajara es mujer… para mí, ha sido increíble romper estos estigmas. No es cierto, es completamente al revés; te entiendes muchísimo más, puedes tener mucha más confianza con una mujer de decirle algo que te está pasando, va a ser mucho más empática”, asegura.
El legado que Ximena visualiza trasciende la cancha. “Trabajar para algo y poder verlo realizado en la sonrisa de un niño de 10 años es muy especial. Será agridulce cuando termine”, dice.
Sarah Gandoin
Sarah Gandoin es hoy la Directora de Operaciones Comerciales de FIFA México, pero en 1998 era una adolescente francesa de 16 años que quedó atrapada en la marea humana de los Campos Elíseos celebrando el campeonato del mundo. Sarah se desmayó aquel día por la presión de la multitud, pero terminó descubriendo su vocación en medio del caos: quería ser parte de esa fábrica de felicidad colectiva.
“Te lo cuento y todavía me da piel chinita. El futbol siempre me ha gustado. Pero ahí en el Mundial de 1998 me doy cuenta de todo lo que hay alrededor. Veo a la gente feliz, la gente que no se conoce, abrazándose cuando hay un gol. Y dije, ¡qué lindo es esto!”, esboza con emoción.
Sarah no tuvo boletos, pero cuando Francia ganó el histórico 3-0 ante Brasil con dos maravillas de Zizou y una de Petit, corrió a ver a los jugadores. “Ese día me volví claustrofóbica y agorafóbica y no lo volví a hacer nunca. Me tuvieron que sacar porque me desmayé. Había tanta gente… fue una locura”.
Lo que siguió fue una obsesión absoluta por el torneo. “Quiero ser parte de esto”, dijo para sí.
Años más tarde, en 2006, llegó a México como una aspirante a practicante que no hablaba español, sentada en la recepción de la Federación Mexicana de Futbol esperando una oportunidad. “Fue toda una historia”, recuerda. “Llegué y dije ‘quiero trabajar’. Me dicen, ‘¿quién eres?, ¿qué haces acá?’. ‘No necesitamos, muchas gracias’. ‘Está bien, me voy a quedar hasta que me necesiten. Es 2006, van a necesitar algo seguro’. Y ahí me quedaba en la recepción de la federación, todos los días, hasta que un día, ‘ya, que suba la francesa’. Y ahí empecé. Y lo que iban a ser seis meses, fueron seis años”.
La aventura futbolera continuó después en Suiza, en las oficinas centrales de la FIFA, donde trabajó durante más de una década. Cuando México fue elegido como sede para 2026, no dudó ni un segundo en ofrecerse para trabajar en el país que la vio empezar su carrera. «Tenía que estar acá», dice.
Ahora, como directora de Operaciones Comerciales, lidera a un equipo de 25 personas y gestiona la mística del torneo. Durante años fue conocida como Trophy Sarah debido a su responsabilidad sobre el trofeo original de la Copa del Mundo. Ha viajado con él por el planeta entero, limpiándolo siempre con guantes, respetando la regla sagrada de que solo los campeones y los jefes de Estado pueden tocarlo sin protección. “Tiene un aura que no sabes lo que es. Los niños, los bebés, hasta los perros reaccionan ante él”, confiesa.
El año pasado, en el Mundial de Clubes, como encargada de la mesa de leyendas —y en el aniversario número 27 de la victoria de Francia—, Sarah se sentó a la mesa con los ídolos del 98, como Deschamps y Djorkaeff. Brindó con ellos y les dijo: “Gracias, porque ese día de julio decidieron mi carrera”. Hoy, lejos de aquellos primeros años en los que sentía que debía actuar como un hombre para ser respetada, Sarah abraza su autenticidad.
“El reto era que me tomaran en serio. Yo entré muy joven, tenía 22 años, y no hablaba español. Era una planta ahí. Yo no quería ser planta. Por suerte tuve desde el inicio jefes y mentores que siempre me trataron como un individuo que aportaba a la conversación. Cuando dejé de forzar las cosas y entendí que mi fuerza era mi autenticidad y solo ser yo, se me simplificó un poco”, explica. Hoy sus días están llenos de llamadas interminables y de tratos con patrocinadores que tienen que ver con el balón.
Lidia Rojas
Lidia Rojas es costarricense, abogada de formación y una veterana de las trincheras del futbol desde 2001. Llegó al deporte por azar, manejando los asuntos legales de la federación de su país, y terminó enamorándose del rompecabezas que significa la gestión de estadios.
Hoy, como Venue Operations Director en Guadalajara, encabeza la coordinación de casi 40 áreas funcionales que deben operar como una sinfonía perfecta. Lidia pasa 13 o 14 horas diarias en el estadio, lejos de su familia, ajustando horarios con tres zonas horarias distintas. Para ella, el debate sobre las cuotas de género carece de sentido cuando se contrasta con la realidad del terreno:
“En la FIFA no existe una diferencia de género para crecer. Las mujeres que estamos aquí estamos por mérito, por conocimiento y por experiencia”. Sabe que el prejuicio externo se combate con resultados y ha demostrado con creces que sus 25 años de trayectoria no son una casualidad.
Su mayor felicidad ahora viene de una llamada familiar: su sobrina de 15 años ha decidido que quiere dedicarse a lo mismo que su tía. El consejo que Lidia le deja a ella y a todas las niñas mexicanas es riguroso: “El cielo es el límite, pero hay que prepararse. Hay que estudiar, ir a la universidad, aprender idiomas y desarrollar habilidades blandas, como el liderazgo positivo y el trabajo en equipo. El éxito no llega por accidente”.
Marely Flores
La historia de Marely Flores es la de una mujer que habita dos mundos aparentemente irreconciliables: es licenciada en Mercadotecnia por el Tec de Monterrey y pianista profesional por la Universidad Autónoma de Zacatecas.
Sin embargo, en 2006, mientras gestionaba festivales culturales, decidió que prefería cambiar los conciertos por los estadios de futbol. Se fue a Suiza a estudiar una maestría, trabajó en la Federación Internacional de Boxeo Olímpico y, en 2014, renunció a todo para irse como voluntaria sin goce de sueldo a un Mundial Sub-17 en Costa Rica, solo para aprender cómo funcionaba la FIFA por dentro.
El riesgo valió la pena. Pasó por la UEFA, gestionó la Women’s Champions League y regresó a la FIFA, donde ya suma tres mundiales absolutos y 15 torneos internacionales en su historial.
Hoy, es la directora de Operaciones del estadio de Monterrey, la sede que albergará el histórico partido número 1000 en la cronología de las Copas del Mundo. Su labor implica supervisar que 60 departamentos —desde tecnología hasta seguridad— funcionen para que el 14 de junio, a las ocho de la noche, el balón ruede con precisión cronométrica. Marely recuerda con nitidez sus años en el boxeo, un entorno aún más hostil, donde los operarios locales se negaban a escuchar las instrucciones de una mujer enviada desde Suiza.
“Con los días, fueron viendo que lo que yo decía era lo adecuado y terminamos haciendo equipo. Todavía hay que romper barreras de incredulidad y machismo, pero vamos avanzando”. Para ella, volver a México es el pináculo de su carrera. El legado que busca dejar va más allá de las canchas: “Quiero ver a muchos mexicanos y mexicanas liderando Juegos Olímpicos y Mundiales por todo el mundo en los próximos años. Tenemos el talento para entregar un torneo al más alto nivel posible, sin pedirle nada a Europa o Estados Unidos”.
