La brecha también está en los estadios: La MLS supera en infraestructura a la Liga MX

Durante los últimos 30 años, la Major League Soccer pasó de ocupar estadios prestados a construir una infraestructura propia que ya supera los 11 mil millones de dólares. En México, una revisión de los principales estadios nuevos y remodelaciones de la Liga MX coloca la inversión cerca de los 1,200 millones. La diferencia no solo refleja dos capacidades económicas distintas. También exhibe dos formas opuestas de pensar el crecimiento del futbol.
La comparación exige una precisión. Los 11 mil millones de dólares anunciados por la MLS no corresponden únicamente a estadios. La cifra abarca recintos, centros de entrenamiento, academias juveniles y proyectos comunitarios desde la creación de la liga en 1996. En México no existe un registro conjunto y el cálculo se concentra, sobre todo, en obras realizadas dentro de los estadios. Por esa razón, no se trata de una equivalencia exacta, pero sí de una muestra clara de la distancia entre ambos proyectos.
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La primera temporada de la MLS se disputó en estadios de futbol americano y recintos universitarios. Con el paso del tiempo, la liga convirtió la infraestructura en una condición central para su expansión. En 2026, 27 clubes ya juegan en estadios construidos o adaptados para el futbol. Nueva York, Chicago y Boston también preparan nuevas sedes, mientras que el Toyota Stadium, uno de los inmuebles históricos de la competencia, recibió un proyecto de renovación por 182 millones de dólares.
La liga estadounidense entendió que un estadio representa mucho más que el lugar donde se disputan los partidos. El control del inmueble permite obtener ingresos por palcos, restaurantes, patrocinios, conciertos, derechos comerciales y experiencias para los aficionados. Cada proyecto también fortalece el valor de las franquicias y reduce la dependencia de propietarios externos.
La Liga MX cuenta con construcciones importantes, aunque aparecen como esfuerzos aislados. Los seis proyectos nuevos más costosos de las últimas décadas concentran cerca de 650 millones de dólares. El Estadio BBVA y el Akron requirieron alrededor de 200 millones cada uno; el Territorio Santos Modelo superó los 100 millones; el Estadio Caliente acumuló cerca de 80 millones a través de sus distintas etapas; el Victoria tuvo un costo aproximado de 30 millones, y El Encanto superó los 35 millones.
Si se agregan otros recintos, ampliaciones y obras complementarias, la construcción de estadios puede situarse entre 750 y 800 millones de dólares. La cifra confirma que México sí ha desarrollado proyectos relevantes, pero sin una estrategia compartida por todos los clubes.
Las remodelaciones aportan entre 350 y 400 millones de dólares adicionales. La transformación del Estadio Azteca, hoy Estadio Banorte, superó los 3,500 millones de pesos, cerca de 200 millones de dólares. La reconstrucción del Nemesio Diez requirió alrededor de 1,400 millones de pesos; el gobierno de Puebla destinó cerca de 730 millones al Cuauhtémoc, y el BBVA y el Akron recibieron nuevas adecuaciones para cumplir con las exigencias internacionales. A esas cantidades se suman intervenciones menores en otros inmuebles.
Con esos proyectos, la inversión identificable de la Liga MX durante las últimas tres décadas supera los 1,100 millones de dólares y puede acercarse a los 1,200 millones. El cálculo permanece sujeto a los tipos de cambio de cada época y a la falta de información sobre algunas obras privadas. Tampoco incluye todo el mantenimiento cotidiano ni permite conocer con exactitud cuánto destina cada club a sus fuerzas básicas.
El verdadero contraste está en la estructura. En la MLS, el estadio forma parte del modelo de negocio y del proceso de expansión. En México, varios clubes utilizan inmuebles propiedad de gobiernos, universidades o terceros. Esa fragmentación reduce los incentivos para realizar inversiones de largo plazo y provoca que muchas modernizaciones dependan de aniversarios, torneos internacionales o recursos públicos.
La Liga MX conserva una ventaja histórica en afición, audiencia y tradición. La MLS, sin embargo, ya construyó una plataforma que produce ingresos, mejora la experiencia del público y eleva el valor de sus clubes. La distancia entre ambas competencias no comenzó en la cancha ni se explica únicamente por los fichajes. También se abrió en el cemento, y México no podrá cerrarla con una remodelación aislada cada vez que aparezca un gran torneo.
