Cómo Joel Huiqui transformó al Cruz Azul de Larcamón en el campeón del Clausura 2026

El Cruz Azul no necesitó cambiar completamente su idea futbolística con Joel Huiqui para ser campeón, sino bajar la ansiedad que provocó la racha de nueve partidos sin ganar de Nicolás Larcamón y volver a creer en sí mismo.
Durante buena parte del Clausura 2026, el equipo de Larcamón había sido uno de los más agresivos de la Liga MX. Presionaba, tenía un alto volumen de juego, se instalaba constantemente en el área rival y en gran parte del torneo se mantuvo como uno de los más peligrosos; una muestra de ello es que terminó el año futbolístico como el club con más puntos en la temporada 2025-26.
Pero todo se derrumbó justo antes de la fae final. “La Máquina” llegó a la Liguilla con la racha de nueve partidos sin ganar entre Liga MX y Concachampions.
La eliminación ante LAFC en los cuartos de final de la Concacaf y los empates consecutivos aumentaron la presión en el vestidor y generó el sorpresivo cese de Larcamón, echado a un partido de que concluyera la fase regular.
Sin embargo, el Cruz Azul, en esa seguidilla sin victorias, seguía generando futbol y llegando al área rival, pero cada vez que el partido se ponía en contra, el equipo se desornebaba con facilidad.
“Con Nico pasamos un poco todos a una desesperación que los partidos no salían como queríamos”, reconoció Charly Rodríguez, el capitán de la plantilla.
Larcamón prácticamente no modificó su estructura en el bache: apostó por la línea de tres centrales, la presión alta y el ataque vertical, incluso cuando el equipo se partía regularmente en los contraataques.
Erik Lira jugó como contención o central por derecha junto a Willer Ditta y Gonzalo Piovi. La salida de balón mejoró, pero el equipo perdió presencia defensiva en la zona central y sufrió cada vez que le atacaban en contragolpe
También Rodolfo Rotondi, el héroe de la final que marcó el gol de triunfo contra Pumas, se desgastaba. Con Larcamón tenía el rol de recorrer toda la banda izquierda como carrilero. Mucha de su energía se gastaba en trayectos defensivos largos y varias veces llegaba al último tercio cansado.
Huiqui llegó y no revolucionó nada, solo lo simplificó. Su primer partido contra Necaxa fue una señal clara de ellos. Recuperó una defensa con laterales naturales en cada banda, acomodó mejor a los jugadores en las posiciones en las que más cómodos se sentía y el Cruz Azul ganó 4-1 en su debut con una estabilidad que el equipo llevaba semanas sin transmitir.
Pero el ajuste más importante apareció después. La ausencia de Erik Lira, concentrado con la selección mexicana rumbo al Mundial 2026, obligó a Huiqui a modificar otra vez el funcionamiento del equipo y apareció algo que el equipo había perdido en el cierre del torneo: capacidad para adaptarse según el contexto.
Contra el Atlas en cuartos de final, y en varios momentos frente a Chivas en las semifinales, el Cruz Azul se hizo más compacto sin balón y dejó de quedar tan expuesto en transición. Cuando necesitó atacar o controlar el juego desde la posesión de balón, volvió a agrandar el mediocampo y a sumar más gente en ataque. Ya no fue un equipo obsesionado con jugar siempre igual.
“Le dio un equilibrio. El equipo no es tan agresivo en ir a buscar los partidos, quizás es un poco más equilibrado y creo que esos son detalles que Joel le aportó en el modelo de juego”, explicó Christian “Chaco” Giménez a Sports Illustrated México.
También Rotondi sufrió un cambio positivo. Con Larcamón pasó buena parte del torneo con recorridos en la banda izquierda. Huiqui le quitó carga defensiva al poner a Omar Campos fijo en la lateral y acercó a Rotondi al área rival, en donde suele sentirse más cómodo y liberado.
Ahora llegaba con piernas más frescas al último tercio, se concentraba más en ofender y eso se tradujo en una asistencia y dos goles en la Liguilla, el último de ellos fue el que definió el décimo título del club azul.
La final en Ciudad Universitaria resume bien esta transformación. El Cruz Azul se fue abajo en el marcador y durante varios minutos volvió a aparecer la ansiedad que definió al equipo en el cierre de la fase regular, pero esta vez no se rompió y remontó.
Huiqui contó después del partido que al entrar al vestidor en el medio tiempo encontró algo distinto entre los jugadores.
“Entré y escuché cosas interesantes de los jugadores. Había una energía positiva, correcciones entre ellos mismos y sentían que podían ganar”.
El mensaje del descanso fue mucho más simple de lo que suele imaginarse en una final: atacar con orden y defender mejor.
“La Máquina” salió más estable y ordenada en la segunda parte. Encontró rápido el empate, manejó mucho mejor los momentos incómodos y terminó por definir la serie después de la expulsión de Uriel Antuna y el gol de Rotondi.
Quizá ahí estuvo la diferencia más importante entre el Cruz Azul de Larcamón y el de Huiqui: Uno parecía necesitar jugar constantemente al límite para dominar los partidos; el otro entendió mejor cómo competir cuando el juego se ensuciaba.
En un torneo en el que Cruz Azul parecía acercarse otra vez a otra crisis, Huiqui, un técnico novato que debutó en Primera División ante Necaxa, construyó un equipo mucho más equilibrado justo cuando el campeonato amenazaba con escaparse.
