Cruz Azul, el equipo que aprendió a ser local en cualquier estadio

Entre mudanzas, cambios de sede y viajes constantes durante el Clausura 2026, Cruz Azul volvió a construir una final de Liga MX.
José Paradela, una de las figuras del Cruz Azul del Clausura 2026
José Paradela, una de las figuras del Cruz Azul del Clausura 2026 / MexSport Sports Agency

Cruz Azul pasó el Clausura 2026 adaptándose sobre la marcha. El plan original era jugar el torneo en CU, pero la UNAM frenó el acuerdo de último momento y el club se estableció en el Cuauhtémoc de Puebla los primeros 16 partidos de la fase regular, mientras seguían entrenándose en Ciudad de México.

Después, el Estadio Banorte reabrió y La Máquina alcanzó a jugar ahí el último partido de fase regular y los primeros dos de Liguilla, pero cuando el inmueble fue entregado a la FIFA por el Mundial 2026 tuvo que regresar al Ciudad de los Deportes para jugar hoy el primer partido de la final.

Y aun así, luego de todos estos cambios, volvió a pelear por el título. Por eso las declaraciones del día de medios dejaron una conclusión interesante: Cruz Azul se acostumbró a competir sin depender de una sede fija.

“El equipo tiene la casa más grande de Liga MX y esa es México”, presumió Joel Huiqui, entrenador del equipo.

La frase explica la historia del Cruz Azul. El club nunca construyó una historia estable en un solo estadio. Fue campeón en el 10 de Diciembre, dominó una época en el Estadio Azteca y hasta levantó un título en el Nou Camp de León.

La historia cementera siempre ha estado ligada a mudanzas, a pesar de pertenecer a una de las cementeras más importantes de América Latina y este plantel parece haberlo naturalizado.

“Por circunstancias de la remodelación del Banorte hemos ido a otros lugares, pero incluso cuando jugamos de visitante la afición hace que seamos locales”, dijo Rodolfo Rotondi.

La idea aparece justo antes de que Cruz Azul vuelva a disputar una final en el Ciudad de los Deportes, un estadio muy relacionado con los últimos años del club y con buena parte de la sequía cementera.

Aun así, dentro del vestidor la situación parece sentirla más como adaptación que como presión.

“Durante el torneo, viajábamos cada dos o tres días a Puebla para jugar. La gente decía que se iba a complicar, pero lo sacamos adelante”, recordó Willer Ditta.

La frase también ayuda a explicar parte del torneo. Los celestes atravesaron cambio de entrenador, problemas de sede y semanas enteras fuera de la rutina de tener su sede habitual Ciudad de Mexico.

Pero eso no evitó que se convirtiera en uno de los más sólidos del campeonato.

Tal vez por eso el equipo transmite tanta normalidad alrededor del regreso al Ciudad de los Deportes para disputar la final, porque Cruz Azul lleva meses jugando como si ya hubiera aprendido a sentirse local en cualquier estadio.


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Rodrigo Corona
RODRIGO CORONA

Reportero en Sports Illustrated México. Apasionado por contar historias del mundo deportivo.