Dinamarca o Chequia: el último rival de México se define en Europa

Los últimos cuatro boletos europeos al Mundial 2026 no solo terminan de completar el mapa del torneo. También definen el destino inmediato de México. Dinamarca y República Checa se enfrentarán el 31 de marzo en una final de repechaje que trasciende a la UEFA: de ahí saldrá el último integrante del grupo A, donde esperan el Tri, Corea del Sur y Sudáfrica.
Dinamarca llega con argumentos recientes que pesan, aunque no terminan de convencer del todo. Ha estado en cinco de los últimos siete mundiales, incluidos Rusia 2018 y Qatar 2022, pero su última imagen fue decepcionante: fase de grupos, sin victorias y apenas un gol.
Lo que sí tiene es estructura. Tiene una base reconocible y un futbolista como Christian Eriksen que sigue como el ordenador del juego desde la inteligencia más que desde lo físico. El 4-0 sobre Macedonia del Norte en semifinales reforzó esa sensación: fue el equipo más sólido de la jornada, el que menos dudas dejó.
Pero incluso en ese contexto hay una pregunta abierta: qué versión aparece cuando el partido se pone en contra.
Chequia pasa por otro camino. No llega desde la superioridad, sino desde la supervivencia. Se levantó un 2-0 en contra ante Irlanda, empató al minuto 86 y resolvió la semifinal en una tanda de penales.
Tiene en Patrik Schick a su referencia, un delantero que no necesita muchas jugadas para marcar diferencia. Su lógica es: resistir, esperar y golpear en el momento justo. No deslumbra, pero sabe competir desde su desventaja. En este formato, eso suele alcanzar.
Para México, Dinamarca implicaría un partido más estructurado, de posesión y ritmo. Chequia, uno mucho más incómodo y de pausas largas, en el que el Tri deberá ser el protagonista. Dos escenarios completamente distintos para cerrar su fase de grupos en 2026.
Italia: avanzar no alcanza
Italia cumplió al avanzar a la final de su ruta, pero no se liberó de la presión. El 2-0 sobre Irlanda del Norte resolvió la semifinal, aunque dejó una sensación conocida: la de un equipo que juega condicionado por su propia historia reciente. Sandro Tonali marcó y asistió; Moise Kean cerró el partido. Fue suficiente. No mucho más.
“No creamos demasiado juego ofensivo, pero aprovechamos lo poco que generamos”, dijo Tonali, tras la victoria. No es una declaración menor.
En este repechaje, Italia no solo juega contra el rival, sino con su historia reciente. Se ha perdido los últimos dos mundiales, 2018 y 2022, un recuerdo que sigue presente en cada partido de este tipo.
“Hemos dado un pequeño paso adelante hoy, ahora nos queda escalar la montaña, el Everest”, dijo Gennaro Gattuso, seleccionador italiano.
El siguiente paso será Bosnia y Herzegovina, que llega tras eliminar a Gales en penales, con un gol de Edin Dzeko al 86’ que forzó los tiempos extra, tras un empate 1-1 en tiempo regular. Es un equipo incómodo, físico, de los que alargan los partidos y los llevan a un terreno emocional.
Italia tiene más nombre, más historia, más jerarquía. Pero en un repechaje, eso no garantiza nada.
Suecia y Polonia: cuando las figuras sostienen el plan
Hay partidos que se explican desde el colectivo. Este no es uno de ellos. Suecia avanzó con autoridad ante Ucrania (1-3), pero sobre todo avanzó por Viktor Gyökeres. Triplete, liderazgo y una sensación clara: el equipo gira en torno a él.
Polonia, en cambio, necesitó remontar. Albania se adelantó y el partido se le puso cuesta arriba hasta que Robert Lewandowski apareció para empatar. Después, Piotr Zielinski completó la remontada.
Dos selecciones que, cuando el plan se rompe, encuentran respuestas en sus figuras.
Kosovo: la selección que nadie tenía en el radar
Si hay una historia que rompe la lógica del repechaje, es la de Kosovo. Perdía, reaccionó, volvió a quedar abajo y terminó con victoria de 4-3 en Eslovaquia. No fue un partido ordenado. Fue uno de esos que se juegan más con impulso que con orden.
Ahora enfrentará a Turquía, que avanzó con un 1-0 sobrio sobre Rumania, con gol de Ferdi Kadioglu, tras asistencia de Arda Güler. Cumplió sin sobresaltos, pero tampoco dejó una sensación dominante.
México como escenario final del repechaje intercontinental
Mientras Europa define desde la tradición, México será el escenario donde todo se decide desde la urgencia.
En Monterrey, Bolivia remontó ante Surinam para ganar 2-1. Perdía, ajustó y en ocho minutos resolvió el partido con goles de Moisés Paniagua y Miguel Terceros. Fue un triunfo desde la reacción.
“Los jugadores sacaron el carácter, no se dieron por vencidos”, dijo Óscar Villegas, entrenador boliviano.
Ahora enfrentará a Irak, una selección con más estabilidad en su proceso y con referentes claros en ataque como Aymen Hussein. Ambos llegan con una narrativa parecida: volver a un Mundial después de mucho tiempo, aunque en el partido eso pesa menos de lo que parece.
En Guadalajara, Jamaica avanzó con un 1-0 sobre Nueva Caledonia, con gol de Bailey Cadamarteri. Partido cerrado, resuelto en un detalle. Ahora se medirá con la República Democrática del Congo.
El equipo africano llega con una eliminatoria fuerte detrás y con delanteros en forma como Fiston Mayele y Yoane Wissa. Jamaica, en cambio, apuesta por su talento ofensivo, con nombres como Leon Bailey que pueden romper partidos en transición.
“No importa el cómo: simplemente necesitamos ganar”, dijo Andre Blake, portero jamaiquino.
Todos los partidos, tanto los europeos como los que se celebrarán en México, serán el martes 31 de marzo, día que no solo define los últimos seis clasificados al Mundial 2026 que se jugará en México, Estados Unidos y Canadá, sino que acaba con el sueño de naciones, que tendrá que esperar otros cuatro años para soñar con ver su selección en una Copa del Mundo.
