El tortero que midió el festejo de México en kilos de milanesa

Mario Ramírez Flores supo que la noche había rebasado cualquier pronóstico cuando la gente dejó de pedir tortas por nombre. Ya no importaba si era cubana, rusa, de milanesa con queso o la Obregón, la especial de la casa con milanesa, pierna y salchicha.
Cerca de las 3:30 de la mañana, después del triunfo de México ante Ecuador en los dieciseisavos de final del Mundial 2026, la fila seguía frente a Tortas Obregón, pero la milanesa ya se había terminado y el quesillo empezaba a escasear.
Conforme se acababan los ingredientes, también desaparecían los pedidos específicos. Ya nadie preguntaba por una torta en particular: “Lo que tenga, lo que queremos es comer”, empezaron a responder los clientes.
El puesto abre 24 horas sobre Álvaro Obregón, en la Roma, pero esa madrugada tuvo que cerrar antes de lo normal.
No faltaba clientela; faltaba mercancía. La celebración que comenzó en el Estadio Ciudad de México, siguió en el Ángel y avanzó por Reforma acabó metiéndose hasta Álvaro Obregón, una avenida de restaurantes, bares, cafés y puestos de comida que se convirtió en escala obligada para quienes no estaban listos para dar por terminada la noche.
“Esperábamos gente, pero no esperábamos la cantidad que llegó. Era una locura, la verdad, un río de gente”, contó Mario, socio de Tortas Obregón, a Sports Illustrated México.
El Gobierno de la Ciudad de México reportó más de 1.4 millones de personas en en los festejos tras el México-Ecuador, con 820 mil entre Reforma, Avenida Juárez y el Monumento a la Revolución.
Mario mide esa cifra de otra manera. Ese día empezó a trabajar a las 10:00 de la mañana y terminó entre 3:30 y 4:00 de la madrugada. Solo por la tarde pasaron unas 200 personas, cuando normalmente llegan 50 o 60, y al final se vendieron alrededor de 350 tortas, por encima de las 200 que venden en un día común.
En dinero también se notó el aumentó. Una jornada común deja entre seis mil y siete mil pesos; esa noche, Tortas Obregón rebasó los 10 mil. Mario no lo cuenta como un récord.
Antes de la pandemia llegaron a vender hasta 500 tortas en un día y trabajaban entre 35 y 40 kilos de milanesa. El Mundial no los llevó otra vez a esos números, pero sí les recordó cómo se veía el negocio cuando la fila no se acababa.
"Después de la pandemia bajó mucho, pero ahorita ya otra vez empezó a subir, dijo.
El martes del triunfo ante Ecuador no alcanzó para volver a esos números, pero sí para recordar cómo se veía la avenida cuando el movimiento no dependía de una fecha excepcional.
Lo primero que se acabó fue la milanesa. Después, el quesillo. La plancha no descansó con las tortas más pedidas de la noche: milanesa con queso, rusa, cubana y la Obregón.
Normalmente una sola persona prepara los pedidos en ese horario, pero fue tanta la demanda que hasta Mario tuvo que meterse a ayudar porque la fila no bajaba. Terminaron trabajando tres personas y aun así no les alcanzaban las manos.
“Se me terminaron las milanesas. Sí esperábamos que llegara gente, pero no tanta”.
El partido no solo llenó el local; cambió la operación de un puesto que está diseñado para combatir en la madrugada.
También cambió el tipo de cliente. Mario calcula que ocho de cada 10 personas que llegaron esa noche eran extranjeras. Habla de estadounidenses, japoneses, alemanes, españoles y colombianos que aparecieron por la ruta del Mundial, porque caminaban desde Reforma o porque ya no encontraron otro lugar abierto o disponible para atenderlos.
Algunos ya conocían el puesto; otros entraron por necesidad y prometieron volver.
"Una persona nos dio las gracias por estar abiertos las 24 horas. Nos dijo que ya había pasado por otros lugares y todos estaban cerrados”, recordó. Otro cliente pidió 10 tortas. Varios preguntaron por los chiles de la casa, los chipotles y las rajas que preparan ellos mismos.
Mario repitió más la palabra agradecido que la palabra venta. No porque el dinero no importe, sino porque el Mundial le devolvió a la zona un movimiento que, según él, ya no se veía con esa fuerza.
“Todos nos estamos beneficiando. Se agradece porque ya estaba esto muy bajo. No se veía tanta gente”.
Mario ya hizo las cuentas para el siguiente partido de México, este domingo ante Inglaterra, en los octavos de final.
En lugar de los 15 o 20 kilos de milanesa que compra normalmente, esta vez pedirá entre 30 o 35. También reforzará el quesillo y buscará más ayuda en la cocina para que no vuelva a pasar lo del martes.
Álvaro Obregón se movió al mismo ritmo. En Tacos El Califa, los aficionados empezaron a llegar dos o tres horas antes del partido y el consumo se sostuvo hasta la madrugada, con ventas que trabajadores calcularon en el triple durante los juegos de México.
En Taquitos Frontera, el cierre se fue hasta las 4:00 de la mañana, cuatro horas más tarde de lo habitual.
A unas cuadras, sobre Reforma, en donde se concentraron gran parte de los festejos la lectura fue menos amable.
La fiesta que en Álvaro Obregón dejó filas, ventas triples y más horas de trabajo, cerca del Ángel obligó a varios comercios a tomar previsiones después de una noche que terminó con cuatro personas fallecidas y una multitud difícil de contener.
En Le Pain Quotidien, trabajadores contaron que cierran la puerta cuando la zona se llena porque el ambiente se vuelve difícil de controlar. En Cueva de Lobos, sobre Génova, quitaron mesas exteriores y carpas para evitar que la gente las tirara durante el festejo.
El caso más claro está en un 7-Eleven a una esquina del Ángel. Durante los partidos de México vende el triple, sobre todo botanas y refrescos, pero sus trabajadores no lo cuentan como una buena noticia completa.
El local abre 24 horas y no puede cerrar la puerta cuando la calle se llena. El problema, dicen, aparece cuando algunos aficionados piden alcohol y se les explica que no pueden vendérselos por la Ley Seca.
Entonces vienen los reclamos, las amenazas y el miedo de atender sin seguridad suficiente. “Bueno fuera que hubiera guardias”, dijo uno de los empleados.
El domingo ante Inglaterra, en el Azteca, también se jugará antes en los comercios. Mario ya no esperará a ver si la gente vuelve a llegar hasta Álvaro Obregón: pedirá más milanesa, reforzará el quesillo y buscará ayuda extra para la plancha, porque el partido ante Ecuador le dejó una fila que no veía desde hace años.
Cerca del Ángel, la previa será distinta. Algunos locales no solo calculan ventas, también revisan puertas, cristales y mesas antes de que Reforma vuelva a llenarse.
