El triunfo de la hermandad: Estos son los países que apoyan a México en el Mundial 2026

Si bien el diseño estructural del torneo otorgó a Estados Unidos la mayor cuota de partidos e infraestructura física con el transcurso de los partidos, quedó en evidencia que eso es apenas el esqueleto de un evento cuya verdadera esencia radica en las intrincadas dinámicas sociales. 
El jugador de la selección de Irán, Alireza Jahanbakhsh, se despide de la afición mexicana tras la participación de su equipo en la Copa Mundial
El jugador de la selección de Irán, Alireza Jahanbakhsh, se despide de la afición mexicana tras la participación de su equipo en la Copa Mundial / Getty Images

La Copa del Mundo 2026, caracterizada por su magnitud inédita al recibir a 48 selecciones y ser coorganizada por tres naciones soberanas —México, Estados Unidos y Canadá—en Norteamérica, ha reconfigurado de forma sorpresiva la geopolítica deportiva. 

Si bien el diseño estructural del torneo otorgó a Estados Unidos la mayor cuota de partidos e infraestructura física —con 78 encuentros frente a los 13 de México y 13 de Canadá—, con el transcurso de los partidos, quedó en evidencia que la infraestructura física es apenas el esqueleto de un evento cuya verdadera esencia radica en las intrincadas dinámicas sociales. 

El concepto de poder blando (soft power), acuñado en las relaciones internacionales para describir la capacidad de un actor de influir en el comportamiento de otros a través de la cooptación cultural, los valores y la hospitalidad, ha encontrado en la afición mexicana su máxima expresión contemporánea.

Irán

La travesía del conjunto iraní estuvo asediada por una ineluctable complejidad diplomática. Las autoridades estadounidenses negaron los visados necesarios para que la escuadra de Medio Oriente estableciera su campamento en dicho país. 

Como un contrapeso solidario, la ciudad fronteriza de Tijuana abrió sus puertas para albergar sus entrenamientos. Los atletas padecieron un desgaste mayúsculo, pues tuvieron que lidiar con constantes cruces internacionales e inspecciones migratorias exhaustivas de madrugada tras sus compromisos en Los Ángeles o Seattle.

Ante esta severa asimetría operativa, la afición mexicana los cobijó con cánticos, mariachis y un calor humano apabullante a las afueras de su hotel. Luego de consumarse su eliminación, la delegación persa emitió comunicados de gratitud absoluta, y figuras como el capitán Ramin Rezaeian exhortaron a sus compatriotas a volcar su apoyo absoluto hacia el combinado mexicano, al cual bautizaron con cariño como su otra selección.

Marruecos

El vínculo con los Leones del Atlas germinó a partir de una memoria emocional compartida. Durante su choque de dieciseisavos de final contra los Países Bajos en la ciudad de Monterrey, el público local percibió la oportunidad inmejorable para exorcizar el trauma originado en Brasil 2014.

Desde los primeros compases del juego, miles de voces adoptaron de manera orgánica a Marruecos como su representante local, abuchearon las posesiones neerlandesas e hicieron retumbar la perenne consigna "¡No era penal!". 

El cuadro africano capitalizó esta inyección anímica y logró una victoria épica desde los once pasos. Este respaldo deslumbró al estratega Mohamed Ouahbi, quien, conmovido por el fervor regiomontano, empeñó la palabra de su país para retribuir tamaña hospitalidad durante el torneo del centenario en 2030.

Japón

La colisión entre japoneses y mexicanos desembocó en una fascinación recíproca inmediata. El rigor cívico de los asiáticos y la efervescencia local compusieron una amalgama cultural perfecta en las plazas públicas y los estadios. 

A pesar de la desgarradora caída de Japón en el último suspiro de la prórroga frente a Brasil, la plantilla nipona se despidió con reverencias estoicas frente a las gradas y pulcritud intachable en los vestuarios.

Esta actitud trascendió el rectángulo verde cuando el embajador de Japón en México, Kozo Honsei, emitió un mensaje institucional en el que declaró que el pueblo del Sol Naciente y la representación diplomática entera respaldarían incondicionalmente a los pupilos de Javier Aguirre en sus futuros compromisos.

Corea del Sur

Para comprender el afecto surcoreano, resulta imperativo retroceder a la justa de Rusia 2018, cuando una victoria de los asiáticos frente a Alemania permitió el rescate milagroso de México rumbo a los octavos de final. Ocho años después, el azar ubicó a ambas escuadras en el Grupo A.

Aunque la selección mexicana derrotó a los surcoreanos en Guadalajara y estos últimos terminaron eliminados tempranamente, el rencor jamás hizo acto de presencia. Las aficiones de ambos países celebraron juntas en enclaves icónicos como La Minerva. Para sellar este pacto tácito, la Federación de Futbol de Corea del Sur difundió un comunicado excepcional donde les desearon la conquista del trofeo, sentenciando que serán "hermanos para siempre".

Colombia 

La masiva presencia latinoamericana y la conexión laboral a través de la Liga MX convirtieron a México en una extensión natural del hogar para equipos como Colombia. Decenas de miles de aficionados cafeteros tomaron pacíficamente monumentos clave para realizar sus coloridos banderazos, impulsados por la empatía hacia jugadores que militan en el futbol azteca.

Al margen de los diagramas tácticos o el implacable escrutinio del marcador, México ya ha conquistado el campeonato de la diplomacia civil. 

La fluidez con la que ciudadanos y visitantes entrelazaron sus pasiones demuestra que el deporte resguarda una capacidad encomiable para difuminar las fronteras. De frente al crucial desafío contra Ecuador en el Estadio de la Ciudad de México, el contingente nacional asume un mandato histórico. Hoy, el equipo azteca carece de una identidad exclusiva; carga en sus hombros la esperanza tangible de una legión global que encontró en territorio mexicano una segunda patria deportiva.


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Alejandra González Centeno
ALEJANDRA GONZÁLEZ CENTENO

Reportera y creadora de contenido en Sports Illustrated México.