Juan José Calero: del arco de su padre al gol propio, la madurez de un apellido histórico

Juan José Calero empezó en el futbol en la posición que parecía inevitable: portero. A los cuatro años, uno de sus pasatiempos favoritos era ponerse guantes y un uniforme que le regaló su padre, la leyenda colombiana Miguel Calero.
En el patio de su casa, Juan José se imaginaba defendiendo la portería del Pachuca en el Estadio Hidalgo, sin entender todavía el peso real de ese lugar y de su apellido. Todo era un juego de niños, no había planes de ser profesional, pero cuando su idea cambió, su padre le hizo una sugerencia: no seas guardameta.
“Me dijo que la posición de arquero era una posición injusta e ingrata, que se tenía que tener cierto temple para jugarla. Y también creo que de cierta manera pensaba que si mi hermano y yo queríamos tener el futuro en el fútbol, el no ser portero nos iba a liberar de la presión del camino que él tomó”, explicó a Sports Illustrated México, el actual goleador de los Venados FC.
Fue así como Juan José, y su hermano Miguel Calero Jr., tomaron el camino opuesto, ser delanteros: prefirieron anotar goles a taparlos, como su padre, el portero del histórico Pachuca que obtuvo cuatro títulos de Liga MX y la Copa Sudamericana de 2006, el único trofeo de la Conmebol que ha conquistado un club mexicano.
“Juanjo” es un artillero que debutó hace una década con los Tuzos, el club con el que su padre se consagró como uno de los mejores porteros extranjeros en la historia de la Liga MX.
Su padre era apodado “El Cóndor” y fue determinante entre los años 2000 y 2011, cuando el Pachuca dominó el torneo local y el ámbito internacional, en el que además de la Sudamericana obtuvo cuatros Copas de Campeones de la Concacaf.
A diferencia de su padre, Calero Jr. no se consolidó con el Pachuca, en el que apenas estuvo 25 partidos y anotó dos goles, tras lo cual comenzó un periplo que lo llevó al León, los Mineros de Zacatecas del extinto Ascenso MX, a Portugal con el Gil Vicente y el Nacional y al Sporting FC de Costa Rica, clubes con los que no logró explotar como delantero, hasta que el año pasado llegó a los Venados de La Liga de Expansión.
Con los astados, ganó el título de goleo del semestre pasado al despachar 15 goles en 14 partidos, su mejor cifra como profesional. Él cree que el mejor momento de su carrera lo vive a sus 27 años porque se hizo un futbolista maduro.
“A los 17 años todo te llega más rápido y de golpe. Si el tiempo regresara haría cosas diferentes. Como todo joven, hubo ocasiones en las que no fui profesional, en las que que no puse por delante el trabajo y la profesión”.
Juan José le restó importancia al hecho de que su primer partido en primera división fue en el Pachuca y que sus primeros dos goles en la Liga MX fueran un doblete en un partido ante Pumas, acciones que lo pusieron en el foco público.
“Al principio el apellido fue un boom, el hijo de la máxima leyenda del club debuta y le hace goles a un grande, pero en el caso de mi familia y yo, lo tomamos como un orgullo, no como presión. Siempre me inculcaron a que yo escribiera mi nombre”.
A la larga, usó su apellido como una motivación y alegría, de ver que en cualquier cancha que pisaba de México e incluso del extranjero, lo recordaban y le decían cosas positivas de su padre, fallecido en 2012.
“La principal enseñanza que me dejó mi papá es no jugar con tu trabajo, con lo que te da de comer y lo hizo al darnos el ejemplo. Él jugaba al futbol al 100 por ciento, incluso en una cascarita con sus amigos”, señaló el artillero.
“Juanjo” compara la presión del delantero con la de un portero
Si bien, su padre no quería que cumpliera una función en el campo que fuera ingrata, el atacante de los Venados admitió que como delantero, también sufre presión ya que si no mete goles, las críticas llegan.
“No es lo mismo tener un buen partido y anotar, que tener uno en el que falles. Todas las posiciones son importantes, pero la de portero y delantero tienen mucho foco. Mi papá siempre decía que ni la tristeza de la derrota ni la alegría de la victoria deben durar más de de 24 horas. He aprendido a vivir con la frustración de que no siempre se pueden hacer goles”, añadió.
"Calerito" nació en Colombia, pero se crió como futbolista en México y como buen delantero tricolor, del estirpe de Oribe Peralta o Henry Martín, su carrera empezó a explotar a una edad “madura”.
Él, en su paso por Portugal, en donde estuvo de los 22 a los 23 años, entendió que más allá de que los extranjeros bloqueen espacios, todo se trata de hábitos. En Europa comprendió que un profesional entrena más que solo dos horas al día como en México.
“El europeo a vive y se desvive por el futbol. Lo ve realmente como una una responsabilidad más allá de un juego. Culturalmente estamos atrasados porque en talento, en México hay muchísimo talento y y lo hemos visto”.
En su etapa madura, Calero comienza a darse a conocer más allá de ser solo el hijo de una leyenda y se para como un delantero confiable que con buenas actuaciones en Expansión, que busca que lo catapulte de nuevo a la Liga MX.
