La revalorización del Brasileirao en el Mundial de Clubes

Este martes, el sorprendente Fluminense de Río de Janeiro reta al Chelsea de Londres para buscar un lugar en la gran final del Mundial de Clubes.
Guga celebra el triunfo del Fluminense ante el Inter de Milán.
Guga celebra el triunfo del Fluminense ante el Inter de Milán. / Foto: Michael Reaves/Getty Images.

Con el Fluminense semifinalista como bandera, la participación de los equipos brasileños en el Mundial de Clubes ha propiciado la revalorización de su campeonato local.

Por mucho empeño que se ha puesto en trazar una falsa equivalencia entre el flojo rendimiento de la selección brasileña en épocas recientes y el estado de salud del Brasileirao, la realidad es mucho más compleja.

En Brasil, contrario a lo que se piensa, no se han dejado de producir y moldear talentos generacionales en el campeonato local. Estêvão, la última perla de la cantera del Palmeiras, está por dar el salto a Europa con el Chelsea. Vinicius, surgido del Flamengo, se mantiene como la gran certeza competitiva del Real Madrid, el equipo más ganador de Europa.

Después de este Mundial de Clubes, Igor Jesus, el delantero centro del Botafogo y de la selección de Brasil, jugará en la Premier League con el Nottingham Forest. Habrán ofertas a raudales para sacar a los colombianos Jhon Arias (Fluminense) y Richard Ríos (Palmeiras) del Brasileirao. Y no le faltarán pretendientes a Matheus Martinelli, el centrocampista del Fluminense

Quizá, eso sí, el futbol brasileño vaya menos holgado que antes en determinadas posiciones, como la de lateral. También es probable que los jugadores sigan teniendo más o menos las mismas aptitudes, pero que los estándares competitivos de la élite en Europa hayan cambiado. 

Lo que sí se puede afirmar con certeza, es la influencia de nuevos perfiles de entrenadores extranjeros que antes no formaban parte de la puesta en escena: los portugueses flexibles y los rioplatenses rehenes del método.

Dos de los cuatro equipos brasileños que contendieron en el Mundial de Clubes, estuvieron dirigidos por portugueses: el exitoso Abel Ferreira, bicampeón de Copa Libertadores con el Palmeiras entre 2020 y 2021, y Renato Paiva, quien tomó el testigo de su compatriota Artur Jorge con el Botafogo, vigente monarca del máximo certamen continental.

En la última década, el futbol brasileño ha experimentado la llegada de un nutrido contingente de entrenadores portugueses, muchos de ellos surgidos de la periodización táctica (escuela que considera que los aspectos técnicos, físicos, tácticos y psicológicos no deben ser entrenados de forma aislada al modelo de juego): Jorge Jesus, Pedro Caixinha (ex entrenador de Santos y Cruz Azul), Antonio Oliveira, Ivo Viera.

Los otros dos entrenadores restantes que vieron acción este verano son brasileños, aunque de orígenes contrastantes: Renato Gaúcho, que se mantiene en carrera con el Fluminense, y Filipe Luís, conductor del Flamengo, uno de los equipos que más cosas dejaron para análisis durante el torneo. 

El pragmático Gaúcho, pese a sus éxitos con el Gremio y el Fluminense, ha sido estigmatizado como un entrenador de discurso obsoleto, mientras que Luís se ha granjeado la reputación de ser un estratega mucho más creativo y obsesionado con los momentos con balón. Para muestra, el doble pivote que exhibió el Flamengo durante el verano: Jorginho, el ex Chelsea, y el chileno Erick Pulgar, ex Fiorentina.

Antes de instalarse como semifinalista mundial, el Fluminense seguía asimilando una abrupta transición a nivel de principios y modelo de juego. Apenas en 2023, el equipo había alcanzado el culmen del proyecto de Fernando Diniz, que luego tendría una turbulenta gestión en la selección. Diniz, un promotor del juego funcional (relacionarse y moverse a partir del balón), montó uno de los equipos más divertidos que ha visto el futbol brasileño en los últimos tiempos con jugadores de otro tiempo, como Paulo Henrique Ganso y Marcelo.

La otra gran corriente que le ha añadido matices al futbol brasileño, es la de los radicales de la pizarra, en la que se reconoce más Filipe Luís que Renato Gaúcho. Cualquier entrenador que se precie de ser un elegido a nivel estrategia tiene que hacer escala en Brasil para contrastar su método. La lista es extensa: Gabriel Milito (hoy entrenador de Chivas), Martín Varini (hoy entrenador de Juárez), Domenec Torrent (hoy entrenador de Monterrey), Juan Carlos Osorio y Eduardo Coudet (ex entrenadores de Tijuana), Luis Zubeldía (ex entrenador de Santos), Hernán Crespo, Juan Pablo Vojvoda.

Los resultados de las apuestas y los experimentos han sido dispares. Dirigir en Brasil sigue exigiendo una profunda inmersión en la cultura futbolística local que no todos son capaces de decodificar. 

Si bien las razones que explican el rendimiento de Fluminense, Flamengo, Palmeiras y Botafogo durante el Mundial de Clubes son multifactoriales, sirven para refrendar una cosa: el Brasileirao sigue siendo la liga más potable y competitiva de América.


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Ricardo López Si
RICARDO LÓPEZ SI

Editor en Sports Illustrated México. Periodista y escritor.