Mundial 1986: Aquella camiseta azul que la Selección Argentina compró en... ¿Tepito?

En junio de 1986 el sol se desplomaba implacable sobre el Estadio Azteca de la Ciudad de México. El calor parecía licuar el asfalto y a ratos confundía los contornos de las cosas. Las selecciones de Argentina e Inglaterra se preparaban para enfrentarse en los cuartos de final de la Copa del Mundo, bajo una notable tensión geopolítica.
Cuatro años antes, en 1982 en el Atlántico Sur, la guerra habría cobrado la vida de cientos de jóvenes en el archipiélago de las Malvinas. Y aquella tarde, sin embargo, el azar y las planillas de la FIFA decretaron que el drama debía continuar por otros medios.
Sin embargo, más allá del trasfondo diplomático y militar, el encuentro estuvo precedido por una severa crisis de logística material, pues la delegación argentina no tenía el uniforme alternativo apto para jugar bajo las condiciones climáticas del entonces Distrito Federal.
La marca deportiva francesa Le Coq Sportif era la proveedora oficial de la indumentaria de la selección de Argentina. Para el torneo, la empresa suministró una camiseta titular con bastones celestes y blancos fabricada con tecnología Air-Tech, un tejido que contaba con microperforaciones diseñadas para facilitar la evaporación del sudor y reducir el peso acumulado de la prenda bajo temperaturas elevadas.
Sin embargo, el uniforme alternativo o suplente provisto por el fabricante, de color azul marino, estaba confeccionado con un algodón grueso y pesado de manga larga, diseñado para climas fríos o de invierno.
En la ronda de octavos de final, disputada en Puebla contra Uruguay, Argentina utilizó este uniforme azul oficial. Las condiciones de lluvia y calor sofocante provocaron que las camisetas absorbieran la humedad externa y corporal, incrementando notablemente su peso e interfiriendo en el rendimiento de los atletas.
Al finalizar el partido, la mayoría de los jugadores argentinos intercambiaron sus playeras con los uruguayos; el propio Diego Armando Maradona cambió la suya con Enzo Francescoli.
Naturalmente, el intercambio redujo a niveles mínimos el inventario de camisetas azules disponibles en los almacenes de la utilería argentina.
Cuando el sorteo oficial de la FIFA determinó que Argentina debía vestir de azul frente a Inglaterra para no coincidir con el blanco de la selección europea, el director técnico Carlos Salvador Bilardo vetó terminantemente el uso de las camisetas de algodón grueso restantes.
El encuentro estaba programado para las 12:00 del mediodía bajo una radiación solar intensa, con temperaturas cercanas a los 40 grados Celsius, altitud y altos niveles de smog. El cuerpo técnico le solicitó formalmente a Le Coq Sportif la fabricación urgente de camisetas azules ligeras con tecnología calada, pero la marca respondió que era materialmente imposible confeccionarlas y entregarlas en la concentración mexicana en un plazo menor a 72 horas.
Ante la imposibilidad de recibir asistencia del fabricante oficial, se instruyó a Rubén Moschella, el gerente de selecciones y administrativo de la AFA, y a Galíndez, el utilero del equipo, localizar camisetas azules transpirables en los laberintos de comercio informal de la Ciudad de México.
Y acá la historia se pone confusa. El proceso de adquisición tiene dos hipótesis documentadas por sus protagonistas e investigadores locales.
La versión de Tepito, relatada por el defensor Óscar Ruggeri, dice que el portero suplente Héctor Miguel Zelada —quien jugaba en el América y conocía la geografía comercial de la capital— sugirió buscar indumentaria en el Mercado de Tepito, una zona conocida por la venta de imitaciones y saldos comerciales.
Ruggeri relató que en un primer viaje el utilero trajo una camiseta azul de tela gruesa que fue rechazada, y que en un segundo viaje encontró unas prendas ligeras de poliéster azul brillante con el logo de Le Coq Sportif bordado.
Por otro lado, la versión del Centro Histórico, defendida por el propio Rubén Moschella, sostiene que recorrió personalmente cerca de cinco tiendas de artículos deportivos establecidas en el centro de la capital mexicana. Algunos registros periodísticos locales señalan que pudo haberlas comprado en la tienda Sockerman, ubicada sobre la Calzada de Tlalpan, que en 1986 era uno de los principales distribuidores de indumentaria futbolística importada.
Independientemente del establecimiento de origen, Moschella regresó a la concentración argentina, ubicada en las instalaciones de entrenamiento del América en Coapa, con dos modelos comerciales de camisetas de poliéster ligero. Bilardo se mostraba indeciso sobre la idoneidad técnica de los modelos.
La decisión final la tomó el capitán del equipo, Diego Armando Maradona. Moschella regresó de inmediato a la tienda y compró la totalidad del inventario de ese modelo específico —unas 38 y 40 camisetas, las suficientes para proveer dos juegos a cada futbolista de campo—.
La delegación de la AFA pagó una cifra estimada en menos de 100 dólares por todo el lote de prendas comerciales.
Las camisetas que compró Moschella eran prendas comerciales completamente lisas, por lo que requerían un proceso urgente de personalización y adecuación estética para cumplir con las normativas oficiales de la FIFA. Durante la tarde y la madrugada previas al partido del domingo 22 de junio, se llevó a cabo un operativo de manufactura artesanal en las instalaciones del América.
Para la producción definitiva, los argentinos solicitaron la asistencia de dos empleadas domésticas del equipo local, quienes se encargaban habitualmente de la lavandería, limpieza y preparación de alimentos en las instalaciones. Las costureras fijaron a mano los escudos de la AFA en la parte frontal de cada playera con costuras simples. Y como se utilizaron insignias de repuesto remanentes del Mundial de 1978, los escudos aplicados no tenían los laureles dorados oficiales de la indumentaria argentina de 1986.
Para colocar la numeración obligatoria en la espalda, se consiguieron números de vinilo termo adheribles de color gris plateado brillante, diseñados originalmente para uniformes de futbol americano.
Con planchas de ropa domésticas, los utileros y el personal de Coapa fijaron los dorsales sobre las camisetas, pero algunos números resultaron desproporcionadamente grandes, algunos quedaron desalineados y el calor residual del proceso desprendió partículas de brillo plateado que se adhirieron temporalmente a los rostros de los futbolistas al vestirse.
El domingo 22 de junio de 1986, ante aproximadamente 114,000 espectadores en el Estadio Azteca, Argentina saltó al terreno de juego con las camisetas azules de poliéster comercial. El partido finalizó con una victoria argentina por 2 goles a 1.
Debido a las condiciones extremas de sudoración y calor, Maradona utilizó una playera durante la primera mitad y se colocó la segunda camiseta azul idéntica en el entretiempo. Fue con esta última playera del segundo tiempo con la que anotó los dos goles determinantes del encuentro: el primero golpeando el balón con el puño cerrado —aquel de La Mano de Dios— y el segundo tras eludir de forma consecutiva a cinco futbolistas ingleses desde el propio campo argentino, El gol del Siglo.
Al concluir el partido, en los túneles de acceso a los vestuarios, el centrocampista inglés Steve Hodge se cruzó con Maradona y le solicitó de forma verbal un intercambio de camisetas.
El capitán argentino accedió y le entregó la prenda que portaba en ese momento. Hodge guardó la camiseta en su domicilio y, a partir de 2002, la cedió en calidad de préstamo gratuito al Museo Nacional del Futbol en Manchester, donde permaneció en exhibición durante veinte años.
El 4 de mayo de 2022, la playera se subastó con una cifra récord de £7,142,500 libras esterlinas —aproximadamente 9.3 millones de dólares estadounidenses—, adjudicada a un postor cuya identidad se mantiene reservada.
