Radiografía de la crisis del América: la baja eficiencia frente al arco, el principal problema

Las Águilas viven una crisis estructural en el Clausura 2026: pese a su volumen ofensivo y solidez defensiva, la falta de contundencia, las salidas clave y la irregularidad lo tienen al borde de perderse la Liguilla tras caer ante Nashville en Concachampions.
André Jardine, entrenador del América, señala su cabeza con la mano derecha mientras un balón flota sobre ella.
André Jardine, entrenador del América, señala su cabeza con la mano derecha mientras un balón flota sobre ella. / Getty Images

En menos de dos años, el América pasó de jugar cuatro finales seguidas y ganar tres de ellas de manera consecutiva al mando del entrenador André Jardine, a tener un equipo que sufre para conseguir victorias, está al borde de romper una racha de casi una década en Liguillas y de ser eliminado por segunda vez consecutiva en los cuartos de final de la Copa de Campeones de la Concacaf.

Ahora, el verdugo fue el Nashville, que luego de empatar sin goles en Estados Unidos, se metió al Estadio Banorte para convertirse en el primer equipo en la historia de la MLS en ganar en el Azteca al imponerse 0-1.

En ese partido, las Águilas volvieron a reflejar uno de sus principales problemas de este semestre: mucho volumen de ataque, pero nula definición.

El América falló sus ocho disparos a puerta, mientras que su rival generó dos y convirtió el primero para tomar una ventaja que ya no soltó. Un partido que resume la crisis del equipo de Jardine, aunque no la explica por completo.

Mucho volumen, pero poco daño

América se mantiene como uno de los equipos que mejor se adueña del campo rival. Los números lo sostienen: más de seis mil pases acertados en el torneo (6,073, la segunda mejor cifra del Clausura 2026) y el quinto equipo que más disparos con dirección a portería tiene (57).

El equipo tiene la pelota, la mueve con idea y logra pisar el área de forma constante. El problema empieza ahí: todo ese volumen se traduce en apenas 15 goles, la cuarta peor cifra del campeonato, por detrás de clubes con menor presupuesto como Mazatlán FC o Santos Laguna, los dos peores cuadros del semestre.

No es falta de generación, es falta de definición. Las jugadas llegan, pero no terminan en ventaja real. El centro no encuentra rematador y la decisión llega medio segundo tarde. Antes, ese margen lo resolvía el talento; hoy, lo expone.

Lo que se fue y lo que no llegó

Durante el tricampeonato, el América tenía una estructura ofensiva reconocible. El capitán Henry Martín fijaba centrales, Julián Quiñones atacaba espacios y Álvaro Fidalgo ordenaba el último pase. Entre los tres explicaban más de la mitad de los goles del equipo y eran el complemento perfecto.

Esa base ya no existe. Quiñones salió, Fidalgo también y Martín ha tenido un torneo intermitente por lo físico. Los reemplazos no han llenado ese vacío. Víctor Dávila no ha logrado sostener la producción y también está fuera por lesión, José Raúl Zúñiga no se consolidó como referencia y Vinicius Lima y Raphael Veiga, los refuerzos estelares en este Clausura, no terminan por asentarse.

Dávila, antes de lastimarse la rodilla, llevaba tres goles en 11 partidos en el semestre entre Concachampions y liga; Zúñiga suma uno en 19; Lima apenas un tanto y una asistencia en 12 duelos; y Veiga, el más productivo sin ser un “9”, registra tres goles y tres asistencias en 15 encuentros.

Alta inversión, pero poco impacto en la cancha

El contexto expone más el mal paso. América invirtió 45.8 millones de euros tras el tricampeonato, una de las cifras más altas del futbol mexicano en ese mismo tiempo, solo detrás de los 68.83 del Cruz Azul y los 56.17 del bicampeón Toluca.

Pero la inversión no resolvió la necesidad principal. No se trataba solo de traer jugadores, sino de reemplazar funciones específicas dentro del sistema. Hoy, el equipo depende de lo que produzcan parte de los futbolistas que se mantienen del tricampeonato: Alejandro Zendejas o Brian Rodríguez, quienes generan ventajas, pero no son finalizadores y tampoco atraviesan su mejor momento.

Un sistema que se sostiene, pero que ya no marca diferencia

El equipo de Jardine sigue con un sistema reconocible: ordenado y capaz de sostener por largos tramos el control de los partidos. No es un equipo que se rompa con facilidad ni que pierda la estructura cuando no tiene la pelota.

Si en ofensiva sufre, en defensa se mantiene sólido como en el tricampeonato. Con apenas 13 goles recibidos en el torneo, la segunda menor cantidad, el América se sostiene como una de las mejores zagas del Clausura 2026, incluso tras la baja del portero Luis Ángel Malagón. Es un equipo que concede poco y rara vez es superado con claridad.

El problema es que ese equilibrio ya no alcanza. Durante el tricampeonato, ese mismo sistema no solo mantenía al equipo: lo empujaba. Hoy no le ventaja. La estructura sigue ahí, pero ya no define los juegos.

Continuidad rota, impacto inmediato

El otro factor que atraviesa el semestre es la falta de continuidad. América ha tenido múltiples bajas por lesión en momentos clave, especialmente en ataque, además de una incorporación tardía de refuerzos como Lima y Veiga, lo que ha obligado a Jardine a modificar constantemente el once. No ha habido una base estable para construir sociedades.

Ese cambio permanente tiene un efecto directo en el funcionamiento. Las conexiones en el último tercio, las que definen partidos, requieren repetición y automatismos. América no ha tenido eso. Cada ajuste rompe una dinámica y obliga a empezar de nuevo.

El equipo entiende lo que tiene que hacer, pero no siempre logra ejecutarlo con precisión. No por falta de idea, sino por falta de continuidad.

El margen competitivo se redujo

En la tabla, el impacto ya es evidente. América es séptimo con 19 puntos y tiene a León y Tijuana, noveno y décimo, respectivamente, a una sola unidad de distancia, al acecho de uno de los ocho lugares a la Liguilla.

La diferencia con los primeros lugares también se amplió, lo que cambia el escenario: el equipo dejó de pelear por la parte alta y ahora compite por no perder el boleto a la fase final.

Es el reflejo de un equipo que pasó de dominar el campeonato a ser irregular. Y en ese cambio no hay un solo factor, sino varios acumulados.

La histórica era de Jardine podría vivir sus momentos más delicados, no solo por los resultados, sino por la sensación de un equipo que perdió su principal virtud: resolver los partidos cuando los tiene bajo control.

La eliminación en Concacaf refuerza esa lectura. No solo por el resultado, sino por el patrón: dominio sin victorias. Durante años, ese tipo de partidos terminaban cayendo del lado del América. Hoy, ya no.


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Rodrigo Corona
RODRIGO CORONA

Reportero en Sports Illustrated México. Apasionado por contar historias del mundo deportivo.