Radiografía del mal momento del Cruz Azul: cuando dominar ya no alcanza y Larcamón entra en zona de duda

Cruz Azul dejó de ganar cuando menos margen tenía. No fue de forma inmediata, sino en una caída que se construyó partido a partido: primero tres empates, el primero ante Pumas que supo a poco, y luego una derrota, la primera que sufrieron desde la Jornada 1 del Clausura 2026. Hasta que el liderato se le fue de las manos y la inercia cambió.
Hoy, la racha pesa: siete partidos sin victoria, que provocaron no solo perder el primer lugar del Clausura 2026, sino una eliminación en los cuartos de final de la Copa de Campeones de la Concacaf que terminó por exponer todo lo malo que el equipo venía arrastrando.
Ante LAFC, el guion fue el de siempre: el mismo que lo tuvo como el mejor equipo del Clausura durante varias jornadas, pero que ahora ya no le alcanza.
Cruz Azul tuvo la pelota (72%), jugó en campo rival y remató 10 veces a portería. Le alcanzó para tomar ventaja con un penal de Gabriel “Toro” Fernández, pero no para remontar la eliminatoria. Al 90+7, un mano de Willer Ditta derivó en el empate de Dennis Bouanga que puso punto final a la llave, que se llevaron 1-3 los angelinos, luego de vencer 3-0 en la ida.
Ese partido confirmó el mal momento del equipo de Larcamón, que desde antes ya venía en retroceso: cinco empates, dos derrotas, 11 goles recibidos y siete anotados. Para un equipo que tenía en el ataque su sello, es una señal de que algo dejó de funcionar.
Lo extraño es que Cruz Azul no ha dejado de jugar bien. Sigue entre los que más tiran a puerta, de los que más centros meten, de los que más recuperan arriba. El equipo está ahí, en campo rival, insistiendo, pero la contundencia dejó de estar de su lado.
El bajón también pasa por los nombres propios. Agustín Palavecino, que durante semanas fue el motor ofensivo, ya no influye igual en el marcador: 32 disparos para apenas cuatro goles.
Eso termina por destruir el sistema, porque el Cruz Azul de Larcamón nunca dependió de un “9” fijo, sino de una red de conexiones en el mediocampo. Cuando esa red fluía, el equipo volaba. Cuando pierde eso, todo se vuelve más complicado: la circulación tarda más y el rival empieza a encontrar espacios que antes no existían.
A eso se suma algo más: el margen se acabó. En su mejor momento, Cruz Azul podía fallar y no pasaba nada. Hoy, cada error, un penal innecesario, una expulsión, derivan en derrotas, en el momento en el que el Clausura pasa por la parte final de la fase regular y la Conchampions entró en sus últimas tres rondas
Hace no mucho, este mismo equipo era el más sólido del torneo. Líder, convincente, con victorias ante rivales directos y una identidad clara. Había control en los partidos, ritmo y una sensación de superioridad constante que se reflejaba en goles y victorias.
Larcamón construyó una idea reconocible y potenció piezas clave, pero la eliminación internacional y la racha en liga cambian la conversación: ahora un sector de los aficionados piden su cabeza.
Cruz Azul sigue siendo el mismo equipo que lidera departamentos estadísticos: tercer mejor ataque del torneo con 25 goles, líder en disparos a portería (73), el que más centros intenta (260), uno de los que más balones recupera en campo rival (270) y el segundo con mayor precisión de pase (77%), pero ya no le alcanza. El volumen de juego sigue ahí, pero la contundencia, la que define partidos, desapareció.
