Sergio Bueno convirtió al último Mazatlán en una vitrina: competir sin futuro en la Liga MX

El entrenador de 63 años tomó a Mazatlán en su último torneo, antes de su desaparación, y lo volvió competitivo para exhibir a sus jugadores y relanzar su carrera en el futbol mexicano.
Sergio Bueno dirige al Mazatlán en el partido contra Toluca
Sergio Bueno dirige al Mazatlán en el partido contra Toluca / Sergio Mejia/Getty Images

Mazatlán ya estaba en venta, había sufrido derrotas en sus primeros tres partidos y jugaba su último torneo en Liga MX cuando Sergio Bueno asumió el banquillo en la Jornada 4 del Clausura 2026. No había proyecto, no había refuerzos y tampoco competencia por el cargo: varios técnicos dijeron que no. Él, en busca de retomar su carrera como entrenador, sí.

No llegó a salvar al club, llegó a trabajar con un equipo que ya no tenía futuro: la venta del certificado de la franquicia al Atlante ya estaba cocinada desde meses atrás, a pesar de ello, para Bueno fue la vitrina que había esperado desde que dirigió su último partido en la Primera División, el 6 de mayo de 2017, cuando no evitó el descenso de los extintos Jaguares de Chiapas.

Cuando entró al vestidor del Mazatlán FC, encontró un grupo sin motivación para competir. La inevitable desaparición del club los dejó en una incertidumbre laboral que los desanimaba.

“Encontré un equipo en un contexto particular, porque ya se sabía que iba a desaparecer. Eso se percibe en toda la estructura, desde la cancha al staff, y genera una dinámica de desencanto. Lo primero que hice fue que los jugadores hicieran conciencia de que se jugaban su futuro profesional y recuperar su sentido de responsabilidad”, explicó el estratega de 63 años a Sports Illustrated México.

Ahí empezó el trabajo de Sergio Bueno: No en la pizarra, sino en la cabeza del jugador. No era su primera vez en ese tipo de escenarios. Su carrera en la Liga MX se ha construido en contextos adversos, equipos que luchan por el descenso como los Jaguares o cuadros que, por una crisis de resultados, cambian de técnico en medio del torneo. Un “bombero” acostumbrado a hablarles a vestidores que necesitan reacción inmediata.

“No es la primera vez que llego a un equipo en una situación complicada, pero aquí el contexto era especial. Sabías que no había futuro y que todo se iba a terminar. Había que hacer que el jugador entendiera que se estaba ante la posibilidad de encontrar un espacio en otro club o terminar su carrera”, añadió el manejador.

No había margen para procesos largos, solo urgencia. El mensaje de Bueno fue claro desde el inicio: el torneo no era solo colectivo, sino individual. Entre 60 y 70 jugadores entre todas las categorías podían quedar con su carrera en el aire, sin saber dónde iban a militar en el siguiente torneo.

“La principal preocupación del jugador era el futuro, no saber qué iba a pasar. Entonces hubo que transformar eso en un detonador para competir mejor y no rendirse. El fútbol premia al que trabaja, tarde o temprano”, afirmó Bueno.

Mazatlán dejó de jugar por la tabla y empezó a jugar por el siguiente contrato. Los números confirman la reacción que tuvo el conjunto bajo la dirección del ex entrenador del Cruz Azul: En 14 partidos bajo su gestión dejó una marca de tres victorias, cuatro empates y siete derrotas.

No alcanzó para competir arriba, pero sí para borrar la imagen de equipo resignado. Dejaron de ser coleros, para subir al decimosexto lugar, suficiente para evitar el pago de la multa más ostentosa por terminar en el último lugar de la tabla de cociente, que antes definía al equipo que descendía.

Pasaron de la posibilidad de pagar 80 millones de pesos a 33, casi un 50 por ciento de descuento del total que estaba presupuestado antes de Bueno.

Le ganó a Pachuca, León y el bicampeón Toluca. Compitió por lapsos contra América, Chivas y Pumas. Terminó con 22 goles, octava mejor cifra del campeonato, y estadísticas defensivas sólidas: 261 balones ganados en su área y 820 rechaces. El entrenador cambió el comportamiento del equipo en la cancha.

“Creo que el equipo peleó al tú por tú con la mayoría de los rivales. Aun en partidos que perdimos, hubo lapsos donde fuimos competitivos. Eso era lo que buscábamos: que el equipo dejara de sentirse inferior”.

Ese cambio también tuvo impacto directo en los jugadores.

“Ha sido valioso ver que puedes provocar respuestas en el grupo. Muchos recuperaron su nivel o encontraron uno que puede llamar la atención. Eso también te confirma que sigues teniendo herramientas como entrenador”.

El manejador resalta a Facundo Almada como eje defensivo; Sebastián Santos, un lateral derecho de 23 años que llegó como un refuerzo de último momento consolidado; Lucas Merolla, central de 30 años recuperó su nivel; Said Godínez, canterano de 21 años se ganó un puesto en mediocampo. El chileno Josué Ovalle produjo desde su llegada a medio torneo. También el brasileño Dudu Teodora, Joel Bárcenas y Brian Rubio. A todos los ve con un lugar en Liga MX.

Mazatlán se va sin Liguillas y con un proyecto que nunca encontró arraigo en la ciudad, pero en ese escenario adverso, Sergio Bueno dejó otra lectura: Tomó un equipo sin futuro y lo convirtió en una vitrina. Para los jugadores y para él.

“Sabía perfectamente a donde llegaba y que era un proyecto complicado. Pero lo tomé como un reto personal para demostrar que sigo vigente. Lo que más deseaba era regresar a Primera División y competir”.

En una liga que cada vez más apuesta por entrenadores extranjeros, su nombre volvió a aparecer. No por cambiar la historia de Mazatlán FC, sino por demostrar que incluso en un equipo condenado, todavía puede provocar respuestas en sus jugadores.


Published |Modified
Rodrigo Corona
RODRIGO CORONA

Reportero en Sports Illustrated México. Apasionado por contar historias del mundo deportivo.