Silvana Flores la hermandad y el futbol como una declaración

Aunque el camino de Pumas en este torneo ha llegado a su fin, lo que Silvana Flores ha construido a lo largo de los años trasciende cualquier resultado inmediato. La hermandad es la base donde florece el talento. Antes de las selecciones y del futbol profesional, todo comenzó en su familia, impulsada por su madre, de donde surgieron tres hijos: Silvana Flores y Tatiana Flores, así como Marcelo Flores, quienes hoy destacan en el futbol con el apellido Flores como sello de identidad.
El objetivo base para entender a Silvana es el balón. Aquel objeto que envuelve su cotidianidad y las horas compartidas aunado a sus hermanos, Marcelo Flores y Tatiana Flores, en una dinámica donde competir, aprender y crecer era parte de la rutina diaria. Su padre fue Ruben Flores quien fue jugador de la Selección Mexicana.
Silvana creció en un entorno donde el futbol no era una actividad sino un estilo de vida. Desde partidos en el colegio, entrenamientos después de clase y sesiones en casa marcaron un antes y un después en su infancia. Desde los tres años ya estaba en la cancha, en varias ocasiones enfrentándose a niños mayores, entendiendo el ritmo, la intensidad y la exigencia, raro en jóvenes a esa edad.
Nacida en Canadá el 18 de abril de 2002, tenía un camino claro dentro del sistema canadiense. Estuvo presente en varias Selecciones juveniles y formó parte de procesos importantes. Sin embargo, su historia no se define por dónde empezó sino por los caminos que tomó. México fue una herramienta clave en su desarrollo profesional como personal.
“Me enamoré del equipo, del proyecto y de lo que representaba”. La decisión de portar la camiseta mexicana no fue estrategia fue un tema de identidad. Fue entender sus raíces, su cultura. Ese momento marcaría su carrera.
El futbol fue su transporte a las tierras Inglesas es donde ahí comenzó su primer capítulo al profesionalismo deportivo. Ahí, Silvana enfrentó uno de los primeros grandes retos: competir mediante la exigencia. En pruebas con el Arsenal Sub-16, tuvo mejor desempeño a más de 200 jugadoras. Fue elegida, pero decidió no quedarse. La razón: su hermana no había sido seleccionada. Una decisión que habla más de valores que de futbol.
Tiempo después, el Arsenal volvió a buscarla, mediante un contrato directo para la Sub-21. A los 16 años ya entrenaba con el primer equipo. En un amistoso, entró de cambio, anotó, dando un mensaje que se pertenecía a este nivel deportivo. “El futbol es cultura en Inglaterra”. Ahí entendió la dimensión del juego fuera de casa.
El verdadero giro de trama llegó con la Selección Mexicana. A manos de Mónica Vergara, la DT en ese entonces, Silvana encontró un lugar. El Mundial Sub-17 fue el escenario donde su historia despega. Como titular formó parte de un equipo que alcanzó la Final al enfrentarse a España. “En ese momento no dimensioné lo que habíamos hecho. Hoy me llena de orgullo”.
Ese torneo no solo marcó un logro deportivo sino una transformación personal. Fue el punto donde dejó de ver el futbol como una posibilidad y empezó a verlos con ojos de éxito. Después vinieron los momentos cruciales en su vida. La etapa europea profesional, incluyendo Chelsea, Reading F.C., Tottenham Hotspur e Ipswich Town donde la exigencia fue de alto impacto junto a la tanda de accidentes en su carrera. Cirugías, meses fuera, dudas.
“La lesión me quitó mi identidad por un año”. Pasó por las Rayadas de Monterrey, préstamo de Mazatlán, buscando unos minutos más de juego en el Pachuca y recaídas. Momentos donde un sueño se alejaba. Pero también donde se crea la versión más fuerte que vemos hoy en día. Su renacimiento comenzó en Pumas. El primer partido como titular fue contra Tigres frente a su hermana. En ese partido, anotó.
“Ese partido cambió mi confianza y mi trayectoria”. El escenario actual de su carrera se escribe en Pumas, donde su mejor versión prevalece. “Ya no es solo recuperación y sacrificio. Es construcción, visión y liderazgo. Leo mejor el juego, giro con presión, cambio de orientación. He crecido en protagonismo”.
“Dentro del equipo, la competencia es interna pero sana. No dependen de una sola figura. Se construyen como colectivo y como familia dentro de la cancha”. Roberto Medina ha sido clave en el desarrollo, técnico que entiende su posición y la exige al máximo.
Si algo define a Silvana, es su conexión con la familia. Su padre sigue siendo su guía diario. Su “daily chat”. La persona con la que analiza cada entrenamiento, cada partido. “No sería la persona que soy hoy sin él”. Su madre, desde otro ángulo, le dio disciplina, hábitos y constancia. Una figura fuera de los reflectores, pero fundamental en su formación. Y sus hermanos, el enlace que los une como deportivos en temas físicos y emocionales siempre presentes: competencia, apoyo y motivación constante.
“Saber que siempre tengo alguien que me respalda me da libertad”. Finalmente para Silvana no habla solo de títulos o logros. Habla de proceso, responsabilidad, constancia de crecimiento, de identidad. “A mí me costó mucho llegar aquí. No fue casualidad”. Su visión es clara: Mejorar el uno por ciento cada día, dar un paso más siempre, crecer como futbolista y como persona.
Y su mensaje también lo es: “Que pueden con todo. Si sueñan algo, lo pueden lograr".
