Un domingo mundialista en la Ciudad de México

La fila para entrar al FIFA Fan Festival se extiende por más de cinco cuadras. En teoría, el partido no tiene demasiada conexión con el público local: Países Bajos contra Japón.
México siente la pasión del Mundial 2026 como ninguna otra ciudad en el Mundo.
México siente la pasión del Mundial 2026 como ninguna otra ciudad en el Mundo. / Getty Images

La primera camiseta verde en la historia de la selección mexicana está en Iztapalapa.

Descansa detrás de una vitrina del Museo Yancuic y fue utilizada por José Luis Lamadrid en 1955, el año en que México abandonó el uniforme guinda para vestir de verde por primera vez.

Ahí comenzó este primer domingo en la Ciudad de México del Mundial 2026.

La pieza forma parte de Álbum Épico, una de las principales apuestas del Mundial Social impulsado por la Ciudad de México por la Copa del Mundo de 2026.

La exposición ocupa tres pisos y 13 salas temáticas.

Los visitantes reciben un álbum al entrar y avanzan entre sellos, estaciones interactivas y objetos históricos.

En una sala aparece la primera camiseta verde de México. En otra, una pared recuerda que el Tri jugó vestido de guinda antes de adoptar el color que terminó definiendo su identidad.

Más adelante surge un dato que probablemente pocos aficionados conocen: la primera victoria de una selección africana en una Copa del Mundo llegó contra México, cuando Túnez derrotó al Tri en Argentina 1978.

Y después aparece Pelé. Una corona que recibió meses antes de conquistar México 70, una camiseta intercambiada tras un Brasil-México de 1968 y unos tachones utilizados en el año más importante de su carrera, el 70, cuando fue campeón del mundo por tercera vez.

A unos metros están Lionel Messi, Cristiano Ronaldo y Didier Drogba, pero la pieza que más visitantes obliga a detenerse es la mítica camiseta de portero de Jorge Campos.

Verde fosforescente, amarilla y rosa. Imposible de confundir incluso tres décadas después. Como ocurre con las mejores piezas de un museo, no necesita explicación. Basta verla para saber exactamente de qué época viene.

La exposición presume además más de 80 camisetas históricas de la selección mexicana y miles de piezas de memorabilia futbolística reunidas para conectar más de un siglo de historia con el Mundial que acaba de comenzar.

Lo interesante, sin embargo, ocurre cuando uno sale. Cuarenta minutos después, el Metro deja atrás Iztapalapa y llega en Bellas Artes.

Afuera del Palacio parece haber una fila para entrar, pero en realidad la explanada está ocupada por cientos de personas intercambiando estampas.

Personas negocian el bonche de estampas que cargan en las manos y otros venden sus repetidas: desde un Luis Ángel Malagón a cuatro pesos hasta un Messi o Cristiano Ronaldo a 200.

Cambiar estampas forma parte de los rituales de cada Mundial. Lo curioso es que unas horas antes, dentro del museo, una de las salas explicaba cómo el intercambio de camisetas entre futbolistas nació exactamente por la misma razón: conservar un recuerdo y reconocer al rival.

En Bellas Artes este ritual sigue vivo, solo cambió de formato.

Después viene Avenida Madero y ahí la ciudad, a pocos metros del zócalo donde está el FIFA Fan Fest, aumenta su atmósfera mundialista.

Las camisetas verdes de México aparecen primero, luego las de Colombia. También algunas de Japón, que juega más tarde.

Entre turistas, vendedores y aficionados, la principal calle peatonal del Centro Histórico se convierte en una pasarela de selecciones nacionales.

El último punto del recorrido está a unas cuantas calles: El Zócalo.

La fila para entrar al FIFA Fan Festival se extiende por más de cinco cuadras. En teoría, el partido no tiene demasiada conexión con el público local: Países Bajos contra Japón.

Pero cuando el balón rueda, la mayoría parece tener un favorito: Japón.

Parte de la explicación está en una herida que el futbol mexicano todavía recuerda bien.

Países Bajos sigue cargando para muchos aficionados con el recuerdo de Fortaleza 2014, cuando Arjen Robben cayó en el área, el árbitro marcó penal y México vio escaparse el pase a cuartos de final con aquella frase que se mantiene en parte del imaginario colectivo del futbol mexicano: “No era penal”.

Doce años después, el rival vuelve a aparecer en una pantalla gigante del Centro Histórico y la memoria hace el resto.

Pero no todo se explica por el futbol también hay algo cultural que conecta a mexicanos y japoneses.

México lleva décadas consumiendo anime, manga y cultura popular japonesa.

Dragon Ball, Los Caballeros del Zodiaco, Pokémon, Naruto o One Piece forman parte de la infancia de millones de personas. Por eso Japón no se siente como una selección ajena.

Para muchos de los que llenan el Zócalo, sus colores resultan familiares.

Así, un partido que parecía neutral se convierte en otra postal mundialista de la capital: miles de personas reunidas para ver un Países Bajos-Japón, eligiendo bando por una mezcla de memoria futbolera, cultura pop y simple entusiasmo por formar parte de la fiesta.

Después de la inauguración entre México y Sudáfrica, el siguiente partido del Mundial en la Ciudad de México será hasta el 17 de junio, cuando Colombia enfrente a Uzbekistán en el Estadio Azteca.

Sin embargo, el torneo se siente como si hubiera un partido este mismo día en la capital, en el museo, en el cambio de estampas, pero sobre todo en la hermandad con Japón.


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Rodrigo Corona
RODRIGO CORONA

Reportero en Sports Illustrated México. Apasionado por contar historias del mundo deportivo.