Guadalajara cierra su Mundial: el sueño de Jorge Vergara que dejó fiesta, obras y legado

Guadalajara cerró su participación como sede del Mundial 2026 después de cuatro partidos en el Estadio Guadalajara, una apuesta de infraestructura, Fan Fest, movilidad, color en las calles y un legado que empezó con la visión de Jorge Vergara.
El Estadio Guadalajara cerró su participación en el Mundial 2026 con el Uruguay vs España
El Estadio Guadalajara cerró su participación en el Mundial 2026 con el Uruguay vs España / Florencia Tan Jun/Getty Images

El Mundial de Guadalajara no empezó cuando la FIFA confirmó los partidos, ni cuando las siete selecciones que jugaron ahí aterrizaron en Jalisco.

Comenzó mucho antes, cuando Jorge Vergara imaginó una nueva casa para sus Chivas, un estadio que no fue pensado solo para la Liga MX, sino, desde el principio, para acoger partidos de la Copa del Mundo.

El Akron, llamado Estadio Guadalajara durante el Mundial 2026, nació con esa ambición y 16 años después de su inauguración logró recibir cuatro partidos de fase de grupos.

Vergara, quien falleció en noviembre de 2019, no llegó a ver un Mundial en el estadio que construyó, pero Guadalajara sí vivió ese momento después del partido entre España y Uruguay, cuando se convirtió en la primera de las tres sedes mexicanas en bajar la cortina.

No fue un proyecto improvisado para 2026 ni una adaptación de último momento. La Copa encontró en Zapopan un inmueble que había sido pensado desde su origen para recibir algo más grande que el calendario habitual de Chivas, una idea que Pablo Lemus retomó en la previa del torneo al recordar que el sueño mundialista venía desde la visión del empresario rojiblanco.

El Mundial se terminó para Guadalajara con el silbatazo final entre España y Uruguay. La sede bajó la cortina después de cuatro partidos, pero ese final dejó una lectura clara: la ciudad cumplió, tuvo fiesta, aceleró obras, encontró postales propias y confirmó que su Mundial no se explica solo por los duelo que se jugaron en el Akron.

Para Lemus, la historia también tiene un lado personal. Hace una década estaba fuera de la política y ahora le tocó encabezar al estado en la fiesta más grande del futbol.

“Hace 10 años que entré al servicio público, yo siempre estuve en el sector privado, en el empresariado. ¿Y quién iba a decir que 10 años después, Dios mediante, me va a tocar vivir la fiesta como gobernador de Jalisco?”, contó Lemus en entrevista con Sports Illustrated México, todavía con esa mezcla de funcionario y aficionado que le dio sentido a su relato.

Guadalajara quiso presentarse como algo más que una sede de fase de grupos. Lemus lo resumió con una frase que se repitió durante toda la preparación: “Ustedes lo han dicho, es la sede más mexicana”.

Jalisco no tuvo la inauguración de la Ciudad de México ni la cantidad de partidos de algunas sedes de Estados Unidos, pero sí una narrativa propia alrededor del mariachi, el tequila, la charrería, Chivas, Atlas, el Centro Histórico y Zapopan. Esa fue su apuesta: no competir por tamaño, sino por identidad.

La ciudad tuvo que demostrarlo en la calle. Antes de que rodara la pelota, el Mundial ya se veía en obras, rutas, cierres, vallas y pruebas de movilidad. Lemus lo defendió desde antes del torneo como una oportunidad que iba más allá de FIFA.

“Yo digo que el Mundial es un buen motivo para hacer grandes obras para nuestro estado que queden por décadas en beneficio de nuestra gente”, dijo al hablar de la renovación urbana en el ingreso del Aeropuerto Internacional de Guadalajara hacia la ciudad.

Ahí apareció una de las apuestas más visibles de la sede. La nueva Línea 5 de Mi Macro Aeropuerto conectó el aeropuerto con la ciudad y con el corredor del Estadio Guadalajara por 11 pesos.

En los primeros recorridos todavía se notaba que el sistema aprendía sobre la marcha, con usuarios preguntando y personal orientando como podía, pero también dejó una imagen distinta para Guadalajara: aficionados llegando desde la terminal aérea al Akron sin depender exclusivamente de taxis o autos privados

El Centro Histórico fue la otra cara de esa preparación. La Plaza Liberación se convirtió en el punto de reunión con el Fan Fest: pantallas, música, comida y activaciones para que los visitantes sin boleto también pudieran vivir el Mundial.

Entre la Catedral, el Teatro Degollado y los filtros de acceso, Guadalajara encontró una escena de torneo grande, aunque no todos la vivieron de la misma manera.

En las calles cercanas al primer cuadro hubo comerciantes que resintieron cierres, vallas y cambios en el paso de la gente, como si la fiesta hubiera activado una parte de la ciudad y complicado otra.

Ese contraste acompañó a Guadalajara en todo su Mundial. En el aeropuerto había señalización, voluntarios y una bienvenida más clara para el visitante; en Zapopan, el camino al Akron se vistió con tejidos del Bosque Mundialista y referencias al torneo; en otras zonas, la Copa apenas aparecía como una lona, una camiseta perdida o una conversación de paso.

Guadalajara fue sede, pero no toda Guadalajara se sintió mundialista con la misma fuerza.

Primero llegaron Corea y Chequia, en una noche que abrió la sede y también funcionó como adelanto de lo que le esperaba a México. Los coreanos tomaron una parte del estadio y pronto dejaron de sentirse como visitantes lejanos.

Guadalajara los adoptó como suyos, con muestras de apoyo en la calle, en el Fan Fest, en los intercambios de camisetas y en una simpatía que hizo recordar, guardando todas las distancias, al romance que la ciudad tuvo con Brasil en el Mundial 1970.

Cuando llegó el partido contra México, el Akron hizo una pausa en ese cariño y volvió a ser completamente local, pero los días previos dejaron una postal que también forma parte del Mundial tapatío.

La sede no solo se vivió en los partidos. Corea y Colombia también eligieron Guadalajara como base de entrenamiento, y eso le dio otra dimensión al torneo.

No fueron selecciones que llegaron, jugaron y se fueron. Por días entrenaron en la ciudad, ocuparon sus instalaciones, convivieron con su entorno y convirtieron a Jalisco en algo más que una escala del calendario.

Corea trabajó en Verde Valle y Colombia en la Academia AGA de Atlas, dos espacios que también explican la importancia de Guadalajara como ciudad mundialista.

El tercer partido dejó otra postal. Colombia invadió Guadalajara con una marea amarilla que dominó en el Akron y sus alrededores, pero la noche también tuvo un personaje improbable para una sede mexicana: Lumumba Vea, el aficionado más famoso de la República Democrática del Congo, vestido con los colores de su país y rodeado de cámaras en un estadio que casi todo el tiempo jugó como casa colombiana.

En esa mezcla de invasión, minoría y personaje también se explicó el Mundial que vivió Jalisco.

El cierre con España y Uruguay tuvo otro tono. Ya no era el nervio del debut ni la fiesta mexicana ni la invasión colombiana, sino la despedida de la sede con dos selecciones históricas y campeonas del mundo.

En una de las cabeceras del Akron, los bombos, la trompeta de Sete Fernández y la unión de peñas españolas volvieron a darle color a una ciudad que encontró en la tribuna su mejor forma de cerrar el torneo.

Guadalajara no tuvo un partido de fase final, pero sí historias suficientes para recordar este Mundial.

Guadalajara cumplió con FIFA, tuvo color en el Akron, activó el Centro Histórico, adoptó a Corea, recibió a Colombia como si jugara en casa y usó el Mundial para empujar infraestructura.

Lemus habló del Mundial como una oportunidad para construir legado. Esa será la verdadera evaluación cuando se desmonten las pantallas de Plaza Liberación, desaparezcan las vallas, cuando la Línea 5 ya no transporte aficionados con camisetas extranjeras y sí ciudadanos de a pie, y cuando el Akron vuelva a recibir a las Chivas.

Las cuatro noches de futbol ya forman parte de la historia; ahora Guadalajara tendrá que demostrar que el sueño que Jorge Vergara imaginó desde la construcción del estadio dejó algo más que una fiesta mundialista.


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Rodrigo Corona
RODRIGO CORONA

Reportero en Sports Illustrated México. Apasionado por contar historias del mundo deportivo.