Hospitalidad tapatía: del amor por Brasil al nuevo romance con Corea

Las calles de Guadalajara están pintadas de rojo. En el fan fest del centro de la ciudad, ese espacio colonial que hoy ha detenido sus manecillas por el futbol, destaca el corazón de la afición coreana. La gente de la ciudad bromea con ellos y elabora cánticos para darles la bienvenida a la ciudad.
A pesar de que son el rival de México este jueves y de la distancia que establece el idioma, la relación es mucho más que cordial. En las calles hay abrazos, intercambios de playeras y gestos que dan la bienvenida a una afición que está a más de 12 mil kilómetros.
No es la primera vez que Guadalajara muestra su hospitalidad a un equipo. En el Mundial de 1970, la ciudad albergó al que es considerado como uno de los mejores equipos de todos los tiempos: aquel Brasil de Pelé, Rivelino, Carlos Alberto y un grupo de jugadores que grabaron con letras doradas la historia.
Cuando los brasileños llegaron a la Perla Tapatía no entendían por qué la afición era tan cercana. Pasillos en las calles, batucadas en los estadios y una cercanía inusual. Clodoaldo y Edu, dos jugadores de aquel maravilloso equipo, recuerdan con nostalgia: “Salíamos al estadio Jalisco y todos gritaban ¡Brasil, Brasil, Brasil! Creo que ni siquiera en nuestro país hubiera sido así”.
En 1986 la tendencia a favor de Brasil continuó con todas sus letras. Una crónica del 7 de junio del diario El Informador consignaba la pasión tapatía en un partido en el que Brasil enfrentó a Argelia: “No menos de 60 mil aficionados se hicieron presentes en las graderías del Estadio Jalisco. Enorme bandera de Brasil ocupaba gran espacio por la zona asoleada de la portería sur. En la gayola la fiesta había comenzado desde muy temprano. Todo mundo llevó playera amarilla, listones verdes, gorros multicolores”.
Por eso, 40 años después, no extraña el amor por una nueva afición
Los coreanos se asoman en todos los rincones de la ciudad, sobre todo después de que ya el jueves pasado jugaron en Guadalajara, donde vencieron a Chequia en su debut mundialista. En el K-grill, un restaurante tradicional del país asiático, comparten alimentos en una misma mesa 25 coreanos. La comunicación es un problema, según cuenta el gerente del lugar, Kevin Velasco, pues ninguno habla inglés y, por supuesto, mucho menos español. “Intentan pedir los platillos y se molestan porque no les entendemos cuando hablan en su idioma”.
La impotencia de la gramática se acentúa con el choque cultural. Al terminar con su comida rompen una vez más el protocolo. No piden la cuenta. Se levantan y se acercan a la caja para pagar lo más pronto posible. Continúa Kevin: “Nos sucede muy frecuentemente que no esperen sentados en su lugar. Ahí se nota la diferencia de cultura. Ellos terminan y rápido se levantan para continuar con sus labores”.
Cuando se levantan de la mesa, la barrera del idioma los hace evitar la interacción. Incluso es difícil lograr que establezcan contacto visual ante el más elemental “Hello”.
En otros lugares la dinámica es muy diferente. Según relatan algunos taxistas, las calles están llenas de aficionados coreanos. “Nos han dicho que hay cerca de 10 mil. Todos muy amables. Algunos hablan un poco de inglés, pero al final terminamos entendiéndonos”.
Este jueves se pondrá a prueba la pasión. En el estadio estará Corea, una afición que ha ganado el sentimiento tapatío y México, que jugará por primera vez un partido mundialista en Guadalajara.
El espíritu rojo contra el orgullo de México.
