Inglaterra le enseñó a México a jugar futbol… pero luego su influencia desapareció

Inglaterra no solo le enseñó a México a jugar futbol, sino que también fundó algunos de sus primeros clubes, organizó las primeras competencias del país y hasta tuvo a un inglés dirigiendo a la Selección Mexicana. Sin embargo, más de un siglo después, aquella influencia que dio origen al balompié nacional prácticamente desapareció. Hoy, los futbolistas ingleses son una rareza en la Liga MX y su legado permanece más en los libros de historia que en las canchas.
Con la llegada de Inglaterra para enfrentar a México en los octavos de final del Mundial 2026, vale la pena recordar que la introducción del futbol al país no fue obra de un gran proyecto deportivo, sino una consecuencia de la Revolución Industrial y de la migración laboral. A finales del siglo XIX, durante el porfiriato, el gobierno mexicano otorgó concesiones a empresas extranjeras para impulsar la minería y construir la red ferroviaria. Fue así como comunidades de ingenieros y obreros británicos se establecieron en el país, trayendo consigo sus costumbres, sus balones de cuero y las primeras reglas del juego.
El epicentro de esa historia fue el estado de Hidalgo, particularmente las regiones mineras de Real del Monte y Pachuca. Desde 1900, los trabajadores provenientes de Cornualles comenzaron a jugar futbol durante su tiempo libre en terrenos improvisados dentro de las minas. Y lo que empezó como un pasatiempo entre expatriados pronto despertó la curiosidad de los habitantes de la región.
Para 1901 nació el Pachuca Athletic Club, integrado por técnicos británicos como Charles Dawe, John Bennett y los hermanos Hogg. Meses después surgieron otros clubes de clara influencia inglesa, entre ellos el Reforma Athletic Club, el British Club, el Orizaba Athletic Club y el Mexico Cricket Club, que en 1902 dieron vida a la Liga Mexicana de Football Amateur Association, considerada el primer campeonato organizado del país.
La influencia inglesa tampoco se limitó a los clubes. También alcanzó la organización del futbol mexicano y hasta el banquillo de la Selección Nacional. Alfred C. Crowle presidió la Federación Mexicana de Futbol en 1934 y un año después dirigió al Tricolor, convirtiéndose en uno de los primeros entrenadores extranjeros del combinado nacional y en una figura importante durante la etapa de consolidación del futbol mexicano.
En sus primeras dos décadas, el balompié mexicano fue un deporte de élite. Los reglamentos estaban escritos en inglés, los partidos se disputaban en clubes privados y la mayoría de los jugadores eran británicos, españoles, franceses o miembros de la élite mexicana que habían estudiado en el extranjero.
La fundación del América fue el antes y el después
La transformación llegó con la Revolución Mexicana y la salida paulatina de las colonias extranjeras. La fundación del Club América en 1916, integrado exclusivamente por estudiantes mexicanos, marcó un punto de inflexión. Al demostrar que el talento local podía competir con los equipos formados por extranjeros, el futbol dejó de ser un deporte reservado para unos cuantos y comenzó a convertirse en una pasión popular.
Paradójicamente, mientras el futbol echaba raíces en México, la presencia inglesa comenzaba a desaparecer. Si durante las primeras décadas los británicos fundaban clubes, dirigían instituciones y escribían los reglamentos, con el paso de los años su influencia fue cada vez más esporádica.
Ingleses en Liga MX, entre rarezas y decepciones
En tiempos recientes, los ejemplos de futbolistas formados en Inglaterra que han pasado por la Liga MX son contados. Ravel Morrison, surgido de la cantera del Manchester United, jugó con Atlas en 2017, mientras que Colin Kâzım-Richards, nacido en Londres y seleccionado por Turquía, defendió las camisetas de Lobos BUAP, Veracruz y Pachuca.
La paradoja resume la historia. Inglaterra fue el país que sembró el futbol en México, ayudó a construir sus primeras instituciones e incluso dirigió a la Selección Nacional. Sin embargo, más de cien años después, aquella influencia sobrevive principalmente como un legado histórico.
Este domingo, cuando ambas selecciones se enfrenten en el Estadio Azteca, volverán a encontrarse dos países cuya relación futbolística comenzó mucho antes de que existieran los Mundiales: en las minas de Pachuca, donde un grupo de trabajadores británicos puso a rodar por primera vez un balón sobre suelo mexicano.
