Cómo la FIFA despejó el camino de Arabia Saudita al Mundial 2034

El fallido intento de Gianni Infantino de vender cerca del 20% de una nueva empresa que administraría los activos comerciales del Mundial y otros torneos de la FIFA volvió a poner bajo discusión la forma en que se toman las grandes decisiones dentro del organismo.
La operación, que pretendía recaudar hasta 4,200 millones de dólares, fue retirada el 31 de julio de 2026. después del rechazo de la UEFA, la Concacaf, la Confederación Asiática de Futbol y otras figuras del balompié internacional.
Tres años antes, otra sucesión de decisiones de la FIFA de Infantino había producido un resultado distinto, pero igualmente controvertido: Arabia Saudita llegó sin rival a la carrera por organizar el Mundial de 2034.
No existe evidencia pública de que Arabia Saudita comprara la sede y la auditoría contratada por la FIFA concluyó que el organismo cumplió sus propias reglas. La controversia está en otro punto: cómo la FIFA diseñó un proceso que no contó con una competencia real.
La rotación dejó fuera a cuatro confederaciones
El 4 de octubre de 2023, la FIFA resolvió de una vez la carrera por el Mundial de 2030. Hasta entonces competían dos proyectos: España, Portugal y Marruecos, por un lado, y Uruguay, Argentina, Paraguay y Chile, por el otro. La FIFA dejó al primero como anfitrión principal y concedió a Uruguay, Argentina y Paraguay un partido cada uno por el centenario de la competencia; Chile quedó fuera.
Ese reparto involucró a Europa, África y Sudamérica en el Mundial de 2030. Ese mismo día, la FIFA anunció que para 2034 sólo podrían competir federaciones de Asia y Oceanía.
La explicación fue la rotación entre confederaciones. La FIFA no asigna los mundiales con un turno fijo por continente, pero sí limita qué regiones pueden presentar candidaturas según las sedes anteriores.
Después de la polémica elección de Alemania para 2006, que venció 12-11 a Sudáfrica tras la abstención del representante de Oceanía en la votación definitiva, la FIFA adoptó en 2000 una rotación continental que llevó el Mundial de 2010 a África y el de 2014 a Sudamérica.
El modelo duró poco: en 2007 fue eliminado para las ediciones posteriores a 2014 y sustituido por una regla que impedía competir a las confederaciones que habían organizado los dos torneos anteriores.
La rotación estricta produjo una elección sin competencia. Para 2014 únicamente pudieron presentarse países sudamericanos; Colombia se retiró y Brasil terminó como único candidato. Meses después, la FIFA abandonó aquel modelo.
En 2023, la FIFA volvió a utilizar el principio de rotación de una manera determinante. La Concacaf ya organizaba 2026 con México, Estados Unidos y Canadá; España y Portugal incorporaron a la UEFA en 2030, Marruecos a la CAF, y los partidos concedidos a Uruguay, Argentina y Paraguay involucraron también a la Conmebol.
Cuatro de las seis confederaciones quedaron así fuera de 2034. Sólo la AFC y la OFC podían competir.
Menos de cuatro semanas para entrar
Después llegó el calendario.
La FIFA abrió el proceso el 4 de octubre y fijó el 31 de octubre como límite para manifestar interés. Las federaciones elegibles tuvieron menos de cuatro semanas para decidir si intentarían organizar un Mundial de 48 selecciones.
Arabia Saudita anunció su intención prácticamente de inmediato. El calendario oficial confirmó que el plazo cerró ese mismo mes.
Australia estudió competir. También hubo conversaciones con Indonesia sobre una candidatura conjunta, pero ninguna prosperó. El 31 de octubre, la FIFA confirmó que Arabia Saudita era el único país que había presentado una declaración de interés.
La FIFA también redujo una barrera de infraestructura. Para el proceso de 2030 se requerían al menos siete estadios existentes; para 2034 bastaban cuatro estadios listos o en construcción. El organismo argumentó que el mayor plazo permitía desarrollar más infraestructura antes del torneo.
La candidatura saudí propuso al final 15 estadios: cuatro existentes, tres en construcción y ocho planeados.
Una candidatura sin rival obtuvo 4.2 de cinco
Cuando llegó la evaluación, no había proyectos que comparar. La propia FIFA reconoció que analizaba una sola candidatura. Arabia Saudita obtuvo 4.2 puntos de cinco y el apartado comercial alcanzó 4.4. El resultado incluso superó el 4.0 que había recibido la candidatura conjunta de México, Estados Unidos y Canadá para 2026.
Los derechos humanos tampoco impidieron que el proyecto avanzara. La FIFA clasificó ese riesgo como “medio” y reconoció que aplicar las medidas prometidas requeriría un esfuerzo y un tiempo significativos.
Como factores que reducían el riesgo, la FIFA consideró los compromisos de la candidatura, los avances que identificó en años anteriores y los diez años disponibles antes del torneo.
Los propios documentos de la candidatura reconocían problemas pendientes. Entre ellos, que los empleadores todavía controlaban las visas de trabajadores migrantes y que la legislación saudí no ofrecía las mismas protecciones contra la discriminación que establecen los convenios internacionales.
Amnistía Internacional cuestionó, además, el alcance del análisis sobre riesgos en derechos humanos que la Federación de Futbol de Arabia Saudita encargó a AS&H Clifford Chance, en consulta con la FIFA.
La organización sostuvo que quedaron fuera asuntos relevantes como la libertad de expresión, la discriminación contra personas LGBTI+, la prohibición de sindicatos y los desalojos forzosos, y posteriormente pidió a la FIFA detener la designación mientras no existieran mayores reformas.
Aramco se convirtió en socio de la FIFA
Mientras la candidatura era evaluada, también creció la relación comercial con el país. En abril de 2024, cuando Arabia Saudita era el único aspirante, Aramco se convirtió en socio global principal de la FIFA hasta finales de 2027, con derechos sobre el Mundial de 2026 y otras competiciones.
El patrocinio no demuestra un intercambio por la sede, pero añadió un vínculo comercial entre la FIFA y una de las principales empresas controladas por el Estado cuyo proyecto mundialista estaba bajo evaluación.
La FIFA contrató a BDO, una firma internacional de auditoría y consultoría, para revisar el proceso. La empresa no encontró indicios de trato preferencial ni de que el organismo hubiera incumplido sus propias reglas. Pero su revisión tenía un límite: comprobó la actuación de la FIFA, no la de la Federación de Futbol de Arabia Saudita.
La firma también señaló que no podía confirmar la ausencia de otros canales de comunicación entre la FIFA y el candidato fuera de aquellos a los que tuvo acceso.
La elección llegó sin alternativa
El último paso tampoco enfrentó una candidatura rival. La FIFA presentó conjuntamente las sedes de 2030 y 2034 al Congreso y Arabia Saudita fue designada el 11 de diciembre de 2024 por aclamación, sin una votación entre distintos aspirantes.
La Federación Noruega se negó a acompañar el procedimiento y lo calificó como “defectuoso e inconsistente”, al considerar que la falta de una competencia abierta debilitaba la confianza en la FIFA y sus compromisos de gobernanza y derechos humanos.
Arabia Saudita cumplió los requisitos y BDO concluyó que la FIFA respetó sus propias reglas.
La controversia está en cómo esas reglas redujeron la competencia hasta dejar un solo candidato. Cuando llegó el momento de votar, Arabia Saudita ya no tenía a nadie a quien derrotar.
