Havelange, el hombre que construyó la FIFA que Infantino quiso vender

Infantino quiso reunir el negocio comercial de la FIFA en una empresa valorada en 20 mil millones de dólares y vender hasta 20 por ciento a inversionistas. El proyecto fracasó, pero llevó al límite el modelo de Havelange: convertir al Mundial en el motor económico y político de la organización.
Joao Havelange, ex presidente de la FIFA
Joao Havelange, ex presidente de la FIFA / Nuno Correia. \ Mandatory Credit:AllsportUK /Allsport

Como presidente de la FIFA, el brasileño Joao Havelange convirtió al Mundial en el negocio que sostiene a la organización. Medio siglo después, su sucesor Gianni Infantino intentó vender una parte de esa maquinaria a inversionistas privados.

El organismo rector del futbol crearía una nueva empresa, FIFA Forward Enterprise, para concentrar los derechos de transmisión, patrocinios, boletaje, licencias y operación comercial de sus torneos. JPMorgan la valoró en unos 20 mil millones de dólares y el plan contemplaba vender hasta 20 por ciento a inversionistas privados.

La oposición de UEFA, Concacaf, la Confederación Asiática y otras federaciones obligó a Infantino a retirar el proyecto el 31 de julio. El plan duró pocos días, pero llevó al límite el modelo que Havelange comenzó a construir desde la presidencia en 1974.

La FIFA que recibió Havelange

Havelange sustituyó al inglés Stanley Rous, antiguo árbitro y secretario de la Federación Inglesa que presidió la FIFA entre 1961 y 1974.

Durante la administración del británico, el Mundial se convirtió en un espectáculo televisivo internacional: México 1970 fue el primero producido y distribuido alrededor del mundo a color. 

A pesar de ello, la organización seguía siendo pequeña y tenía solamente 12 trabajadores en su sede de Zúrich, Suiza, cuando el brasileño asumió el cargo.

Antes de la llegada de Havelange a la presidencia, la FIFA ya obtenía ingresos comerciales del Mundial mediante publicidad y patrocinios.

Coca-Cola, por ejemplo, colocaba anuncios en los estadios desde 1950. Lo que hizo Havelange fue centralizar ese negocio: la FIFA comenzó a controlar y vender de manera conjunta los espacios publicitarios, los patrocinios y otros derechos comerciales. En 1974 formalizó su relación con la Coca-Cola, que se convirtió en patrocinadora oficial del torneo desde 1978.

Havelange disfrutaba contar que encontró poco más de 30 dólares en la cuenta bancaria del organismo. Ken Bensinger desmonta esa versión en Tarjeta rojala FIFA obtuvo cerca de 25 millones de dólares en 1974, principalmente por la Copa del Mundo. No estaba quebrada, pero todavía no aprovechaba todo el potencial comercial de su principal torneo.

The Guardian le atribuye una frase pronunciada después de su elección que resume su ambición: “He venido a cambiar por completo la forma en que funciona la FIFA. He venido a vender un producto llamado futbol”.

Su proyecto económico nació en una campaña política. Rous había perdido apoyo entre las asociaciones africanas por respaldar a una federación sudafricana que organizaba el futbol bajo los principios del apartheid.

Havelange aprovechó ese desgaste para reunir a federaciones de África, Asia, América y otras regiones que consideraban que la FIFA seguía dominada desde Europa. Les prometió mayor representación en el Mundial, nuevas competencias, capacitación y programas de desarrollo. Cumplirlo exigía una fuente de financiamiento que la organización todavía no tenía.

Dassler y Nally encontraron el verdadero activo

La respuesta llegó con Horst Dassler, hijo del fundador de Adidas, y Patrick Nally, un publicista británico que diseñó una nueva forma de comercializar el deporte.

Hasta entonces, los anunciantes solían pagar directamente a los propietarios de los estadios para colocar sus logotipos en un partido o una temporada. Poco de ese dinero llegaba a las federaciones, las ligas o a la propia FIFA.

Dassler y Nally entendieron que el valor no estaba en el estadio, sino en los partidos. La gente compraba boletos y encendía la televisión por el futbol organizado por la FIFA, que podía controlar los derechos comerciales de sus competencias, agruparlos y venderlos de manera centralizada.

Su propuesta consistía en crear paquetes internacionales que garantizaran a cada compañía exclusividad dentro de su categoría, presencia uniforme en diferentes mercados y una asociación de varios años con el Mundial y las demás competencias de la FIFA.

También apareció un nuevo tipo de intermediario: West Nally, la agencia de Patrick Nally, recibía los derechos comerciales de la FIFA, los agrupaba en paquetes y los vendía a patrocinadores. Ese modelo, habitual en el deporte actual, resultaba revolucionario a mediados de los años setenta.

Havelange aportó el control institucional y el proyecto político; Dassler y Nally diseñaron la forma de convertirlos en dinero.

Coca-Cola financió el nuevo modelo

Según la reconstrucción de Bensinger, Dassler y Nally necesitaron más de 18 meses para convencer a Coca-Cola de comprometer al menos ocho millones de dólares.

La operación demostró que una compañía internacional podía comprar mucho más que anuncios en un estadio: podía vincular su marca por años con el futbol mundial.

El Programa Mundial de Desarrollo FIFA/Coca-Cola permitió repartir balones, uniformes, asistencia médica y capacitación técnica entre asociaciones con pocos recursos. El dinero corporativo financiaba la expansión internacional del deporte y permitía que Havelange mostrara resultados ante las federaciones que lo llevaron al poder.

Los programas no solo respondían a una necesidad deportiva, también reforzaban la relación entre el presidente y una base electoral formada por países que hasta entonces habían recibido pocos recursos.

En 1976, Joseph Blatter fue contratado para operarlos. Debía recorrer países, distribuir material, atender a los patrocinadores y mantener el contacto con las asociaciones. Mucho antes de suceder a Havelange, formaba parte de una red en la que los patrocinios financiaban el desarrollo y ese reparto de recursos fortalecía el apoyo político dentro de la FIFA.

Más selecciones también significaban más mercados

Cuando Havelange asumió, el Mundial tenía 16 participantes. España 1982 aumentó a 24 y Francia 1998, su última edición como presidente, recibió a 32.

La ampliación corrigió parte de la escasa representación de África, Asia, Concacaf y Oceanía, pero también multiplicó el producto: cada selección agregara un nuevo mercado y cada partido sumaba más horas de transmisión, espacios publicitarios y nuevas oportunidades para los patrocinadores.

Havelange amplió además el calendario de la FIFA. En su presidencia se disputaron las primeras ediciones del Mundial Sub-20, Sub-17, Mundial de futbol sala y la Copa del Mundo femenil. 

El organismo dejó de depender de una sola competencia cada cuatro años y comenzó a ofrecer eventos frecuentes a televisoras y socios comerciales.

El historiador suizo Philippe Vonnard señala que, durante las décadas de 1970 y 1980, los derechos de televisión cambiaron de función. Los pagos dejaron de ser únicamente una compensación por transmitir los partidos y se convirtieron en una fuente de financiamiento para la expansión internacional de la FIFA.

En un artículo sobre la evolución comercial del Mundial, el historiador suizo Philippe Vonnard retoma una estimación del especialista francés en economía y gestión deportiva Fabien Hoeppe: los derechos de televisión rondaron los 30 millones de euros en 1986 y alcanzaron unos 94 millones en 1998.

Para 2010, ya bajo la presidencia de Blatter, superaban los dos mil millones: 67 veces más que unos 25 años antes. El mayor crecimiento llegó después de la salida de Havelange, pero se sostuvo en la estructura comercial que heredó Joseph Blatter, su sucesor en la presidencia de la FIFA desde 1998.

ISL: cuando el control también financió sobornos

La centralización permitió a la FIFA negociar desde una posición más fuerte, aune igual entregó un enorme poder a quienes decidían qué empresas recibirían los contratos.

Después de separarse de Nally, Dassler creó International Sport and Leisure, ISL, que se convirtió en uno de los principales intermediarios comerciales de la FIFA. La compañía adquiría derechos para después revenderlos a patrocinadores y televisoras.

Según el libro Tarjeta roja, Dassler le confió a Patrick Nally en 1978 que pretendía pagarle personalmente a Havelange. El objetivo era asegurar que el presidente de la FIFA mantuviera los derechos comerciales en manos de su grupo y evitara abrirlos a la competencia.

Sin competidores que elevaran el precio, los intermediarios podían obtener los derechos por debajo de su valor de mercado y conservarlos por varios años.

Documentos judiciales suizos revelaron que Havelange recibió 1.5 millones de francos suizos de ISL en marzo de 1997. La quiebra de la agencia en 2001 permitió descubrir después una red de pagos clandestinos a dirigentes deportivos.

La corrupción no fue una consecuencia separada del crecimiento comercial de la FIFA, sino parte del sistema que lo hizo posible: derechos concentrados, intermediarios con acceso privilegiado, contratos a largo plazo y decisiones controladas por unos cuantos dirigentes.

 

Solo cuatro presidentes desde 1961

La continuidad del modelo también se explica por la escasa rotación en la cúpula. Desde su fundación en 1904, la FIFA ha tenido solamente nueve presidentes titulares. Desde 1961, solo cuatro hombres han ocupado el puesto: Stanley Rous, Havelange, Blatter e Infantino.

Havelange y Blatter presidieron la FIFA 41 años consecutivos. Havelange concentró los derechos comerciales y utilizó sus ingresos para financiar a las federaciones; Blatter heredó ese modelo y lo dirigió durante la etapa en que la Copa del Mundo se convirtió en un negocio de miles de millones.

FIFA Forward Enterprise modificaba una pieza esencial de ese modelo. Havelange obtenía recursos mediante la venta de transmisiones y patrocinios, mientras la FIFA conservaba la propiedad de sus activos. Infantino proponía agruparlos en una filial y entregar hasta una quinta parte de ella a inversionistas privados.

La discusión de 2026 no fue entre deporte y dinero, sino sobre quién debía controlar el negocio del Mundial. Havelange hizo que la FIFA asumiera como propios sus ingresos comerciales; medio siglo después, Infantino intentó vender una parte de esa estructura.


Published |Modified
Rodrigo Corona
RODRIGO CORONA

Reportero en Sports Illustrated México. Apasionado por contar historias del mundo deportivo.