La charla del medio tiempo que cambió la final y llevó a Cruz Azul al título

Al medio tiempo, el Cruz Azul perdía 1-0 en el partido de vuelta de la final del Clausura 2026 y había pocas sensaciones de que le pudiera dar vuelta a la serie para evitar el título de los Pumas de la UNAM.
Pero algo pasó en el descanso y según Joel Huiqui, entrenador celeste, no fue lo que normalmente se imagina: una charla técnica o un ajuste táctico.
Mientras el cuerpo técnico analizaba correcciones para la segunda parte, en el vestidor se gestaba otra cosa. Los jugadores hablaban entre ellos, corregían detalles y, los más importante, estaban convencidos de que podían darle la vuelta a la final. No había reclamos ni el silencio pesado que suele aparecer cuando un equipo está abajo en el marcador en un partido importante.
“Entré y escuché cosas interesantes de los jugadores. Había una energía interesante, había correcciones entre ellos mismos y sentían que podían ganar”, contó Huiqui, tras la conquista del décimo título de liga del Cruz Azul.
No era casualidad. Desde que tomó al equipo, un partido antes de comenzar la Liguilla, Huiqui, quien no tenía experiencia en la Primera División, ha apostado por algo que parece sencillo pero no lo es: hablar con honestidad y escuchar de verdad.
Los celestes estaban golpeados, con una racha de nueve partidos sin ganar y una eliminación en la Conchampions, que provocó una ansiedad en la que cada error se sentía como el anuncio de otro fracaso.
“La clave fue hablare con la verdad al jugador, decirle lo que necesita y escucharlo”, resumió Huiqui su método.
El mensaje del descanso en la final fue así de claro: atacar con orden y defender mejor. Sin discurso largo o un pizarrón lleno de indicaciones.
“La Máquina” salió con un ánimo diferente en la segunda parte (con otra agresividad, con menos miedo) y el partido se transformó. El empate llegó rápido, la expulsión de Uriel Antuna terminó por derrumbar a Pumas, y el gol de Rodolfo Rotondi le dio el título al Cruz Azul en una serie que media hora antes parecía perdida.
La historia tiene algo que todavía cuesta procesar. Huiqui dirigía fuerzas básicas, pero en cuestión de semanas pasó a ser campeón del futbol mexicano.
“Más que la décima, todos tenemos un propósito en la vida. Ganar un campeonato es maravilloso, pero pocas veces se aplaude el proceso”, dijo.
También tuvo tiempo para reconocer el torneo de Pumas y el trabajo de Efraín Juárez, quien guió a los felinos a un liderato en la clasificación.
El título, además, cargó con un simbolismo que los hinchas del Cruz Azul van a recordar siempre: La Máquina volvió a levantar una copa importante como visitante, en estadio ajeno, después de un semestre nómada entre Puebla, el Ciudad de los Deportes y el Estadio Banorte.
Pero quizá la imagen que mejor resume este campeonato no tiene que ver con ningún gol ni con ninguna jugada: Es la de un vestuario que iba perdiendo una final, que tenía motivos de sobra para desmoronarse y, en cambio estaba ahí, convenciéndose a sí mismo de que todavía podía darle la vuelta.
