Cruz Azul: El despido de Larcamón: otra cruzazuleada en la era de Víctor Velázquez

El Cruz Azul despidió a Nicolás Larcamón a una jornada de que empiece la Liguilla, con el equipo en cuarto lugar, una racha de nueve partidos sin ganar, pero a punto de ganar el premio al mejor equipo del año futbolístico. Una cruzazuleada más en la gestión del presidente Víctor Velázquez.
El argentino deja un saldo de 47 partidos dirigidos (24 victorias, 16 empates, 7 derrotas) y a un equipo que fue líder del Clausura 2026 hasta la Jornada 11. El desplome llegó en el peor momento: siete empates y dos derrotas en el cierre, eliminación en los cuartos de final de la Concachampions y pérdida del primer lugar. El empate ante Querétaro en la Jornada 16 terminó por sentenciar su salida.
El problema no empieza en Larcamón. Es parte de un patrón. Desde agosto de 2020, con Víctor Velázquez al frente, Cruz Azul ha cambiado 11 veces de entrenador y ha invertido 132.8 millones de euros en 87 futbolistas. Es el equipo que más ha gastado en ese periodo en la Liga MX, pero sin continuidad deportiva, y apenas dos títulos: uno del torneo local y otro de la Concacaf.
Ahí están los ejemplos. Jesús Orozco Chiquete (10.7 millones de euros, segundo fichaje más caro en la historia del club), Giorgos Giakoumakis (9.33), Gabriel Fernández (8.9) y Mateusz Bogusz (8.5). Inversión alta, rendimiento irregular. Giakoumakis dejó nueve goles y ocho asistencias en 40 partidos y hoy está cedido en el PAOK. Bogusz jugó 39 partidos (tres goles, siete asistencias) y salió a Houston por 5.5 millones, por debajo de su costo.
La primera gran cruzazuleada de esta gestión llegó de inmediato. Apertura 2020. Cruz Azul ganaba 4-0 la semifinal ante Pumas y terminó eliminado. La reacción fue despedir a Robert Dante Siboldi en medio de un entorno inestable, que sugería que algunos jugadores se dejaron vencer para mostrar lealtada al anterior presidente y jerarca, Billy Álvarez, quien permaneció en la presidencia más de tres décadas hasta ser perseguido por cargos de corrupción. Ahí empezó el ciclo de decisiones reactivas.
El único tramo de estabilidad fue con Juan Reynoso. Llegó en enero de 2021, se mantuvo 503 días y rompió la sequía de 23 años y medio sin título de Liga. Ganó la novena, pero ni eso alcanzó para sostener el proyecto. Fue despedido en 2022 tras caer en cuartos de final y después el club perdió una disputa legal con él por despido injustificado.
A partir de ahí, volvió la inestabilidad que ha sido el sello de la institución tanto con Álvarez como con Velázquez. Diego Aguirre duró 11 partidos y salió tras el 7-0 ante América, la peor goleada en la historia del club. Interinatos de Raúl Gutiérrez y Joaquín Moreno. Luego Ricardo Ferretti: 164 días, siete partidos consecutivos sin ganar y el tercer peor equipo del Apertura 2023. Ni siquiera el ‘Tuca’, uno de los técnicos más exitosos del futbol mexicano, sostuvo el proyecto.
Martín Anselmi pareció cambiar la tendencia: final en su primer torneo y semifinal en el segundo, ambas eliminaciones ante América. En su tercer torneo solo dirigió dos jornadas antes de irse al Porto. Otra ruptura en pleno proceso.
Vicente Sánchez tomó el equipo como interino y en seis meses ganó la Concacaf 2025. No era apuesta de la dirección deportiva encabezada por Iván Alonso. Aun así, fue removido para abrir paso a Larcamón, elegido por Alonso y respaldado con refuerzos a su medida como Agustín Palavecino y José Paradela.
Con Larcamón, Cruz Azul volvió a ser competitivo: líder del torneo, tercer mejor ataque (27 goles), líder en disparos a portería (79), más centros intentados (300) y más recuperaciones en campo rival (152). El volumen de juego estaba. La contundencia no. Las lesiones de Gabriel Fernández y Nicolás Ibáñez, junto con la baja de juego de Paradela en el cierre, acentuaron la caída.
El quiebre fue progresivo: empates desde la Jornada 12, derrota ante Pachuca en la 13, eliminación ante LAFC en Concachampions, con dominio pero sin eficacia, y una racha que se extendió hasta nueve partidos sin ganar. El equipo perdió forma y confianza.
La decisión fue intervenir antes de la Liguilla. Otra vez. En la gestión de Víctor Velázquez, Cruz Azul ha tenido inversión, planteles competitivos y picos de rendimiento. Lo que no ha tenido es continuidad. Cada baja de nivel se resuelve con un despido.
Larcamón es el caso más reciente, pero probablemente no será el último. Porque en Cruz Azul, el patrón ya está definido: cuando el equipo duda, la directiva despide. Y así, una cruzazuleada lleva a la siguiente.
