El golpe del Mundial a Ollamani coincide con un América sin bombazos

Ollamani terminó el Mundial con una pérdida que todavía no acaba de registrar. La empresa propietaria del América y del Estadio Banorte calcula que las operaciones relacionadas con el torneo tendrán un impacto negativo de 813.1 millones de pesos, una factura que aparece mientras las Águilas atraviesan uno de sus mercados más discretos de los últimos años.
Hasta el 30 de junio, la compañía había reconocido un efecto negativo de 557.2 millones de pesos por las llamadas Operaciones FIFA. Como el torneo y las actividades relacionadas con Ciudad de México continuaron durante julio, anticipó que otros 255.9 millones aparecerán en sus resultados del tercer trimestre.
La afectación incluye la operación de los cinco partidos celebrados en el estadio, la compra de boletos para cumplir los compromisos con los propietarios de palcos y plateas y las actividades organizadas como parte de la ciudad sede. Ollamani describió esos gastos como temporales y no recurrentes, pero fueron suficientes para llevarla a una pérdida neta consolidada acumulada de 548.2 millones de pesos al cierre de junio.
En el primer trimestre, la compañía había obtenido una utilidad neta de 258.7 millones. Por diferencia entre ambos resultados acumulados, el segundo trimestre habría representado un vuelco cercano a 806.9 millones, aunque la cantidad deberá confirmarse cuando aparezcan los estados financieros completos.
Ollamani adelantó el golpe mediante un evento relevante de una sola página. Su portal para inversionistas todavía no muestra el reporte del segundo trimestre, por lo que se desconoce cuánto costó cada parte de la operación mundialista, qué ingresos produjo y cómo cambió el resultado del segmento que reúne al América y al estadio.
La falta de ese desglose abre una pregunta deportiva: ¿la factura del Mundial también modificó la manera en que el América construye su plantilla?
Ollamani no ha informado que la pérdida haya reducido el presupuesto deportivo. La cautela del club, sin embargo, comenzó antes de que terminara el Mundial.
Desde el Clausura 2026, el América recurrió con mayor frecuencia a fichar mediante cesiones.
El mercado de ese semestre incluyó a Rodrigo Dourado, Raphael Veiga, Vinícius Lima y Thiago Espinosa. Incluso Veiga, el nombre más reconocido de aquel grupo por su trayectoria con Palmeiras, llegó mediante una operación que limitaba el compromiso inicial del club.
Las cesiones y los acuerdos condicionados ganaron espacio frente a las compras definitivas con las que, durante otros periodos, el América convertía la presentación de un refuerzo en una demostración de poder económico.
La tendencia continuó en este verano. Las Águilas comenzaron el Apertura 2026 sin incorporaciones y después sumaron a Óscar Perea, un atacante colombiano de 20 años que ofrece velocidad, margen de crecimiento y la posibilidad de venderlo después por una cifra mayor.
Perea puede convertirse en una pieza importante, pero su llegada responde más a una apuesta a futuro que a un fichaje diseñado para marca diferencia desde el primer momento. El contraste es Allan Saint-Maximin, anunciado un año antes como la figura del mercado.
El cambio deportivo ocurre además bajo una nueva estructura. General Atlantic adquirió en enero 49 por ciento de Controladora Deportiva Águilas, mientras Ollamani conservó el control con el 51 por ciento. La sociedad reúne al club, el estadio y los terrenos adyacentes.
La llegada del fondo extranjero elevó la expectativa de una mayor inversión en la plantilla. Sus primeros meses, sin embargo, han estado marcados por la remodelación del inmueble, la factura mundialista y el reto de hacer más rentables al club y al estadio.
La contratación del entrenador Guillermo Almada también responde a esa nueva forma de construir el plantel. En Santos Laguna y Pachuca trabajó con equipos que priorizaban desarrollar jugadores de su cantera, antes de fichajes millonarios.
Eso no significa que esté conforme con el plantel actual. Al comenzar el torneo reconoció que esperaba entre cuatro y cinco incorporaciones para competir por el título. Aunque experiencia con jóvenes puede ayudarlo a afrontar la demora.
Almada ya comenzó a dar minutos a futbolistas menores de 23 años y a elementos como Dagoberto Espinoza. En el América deberá acelerar esos procesos: la exigencia por ganar no le concede el mismo margen que tuvo en Santos o Pachuca.
La pérdida mundialista llega, además, después de varios meses de inversión en el estadio. Durante el primer trimestre, Ollamani destinó 763.6 millones de pesos a su segmento de Futbol, principalmente por la remodelación del Estadio Banorte.
Parte de las obras se financió mediante la alianza que convirtió al Estadio Azteca en Estadio Banorte. El acuerdo no se limitó a los derechos de nombre y otros espacios publicitarios: el banco también autorizó una línea de crédito de hasta 2 mil 100 millones de pesos para modernizar el recinto.
El préstamo tiene un plazo de 12 años y comenzará a pagare mediante pagos semestrales de capital a partir de febrero de 2027. Su vencimiento está previsto para marzo de 2037.
Ollamani contrató además con Banorte otra préstamo de hasta 468 millones de pesos para cubrir necesidades de liquidez relacionadas con la devolución del IVA generado por la remodelación. Al cierre de marzo había dispuesto 208.4 millones de ese crédito y acumulaba 2 mil 297.7 millones de pesos de deuda con el banco.
El naming ayudó así a financiar la transformación del estadio, pero no eliminó su costo: Banorte se convirtió al mismo tiempo en patrocinador y principal acreedor de la obra. Ollamani tendrá que comenzar a pagar el capital de la remodelación en 2027, después de absorber durante 2026 el impacto extraordinario de las operaciones mundialistas.
El América todavía está a tiempo de cambiar la impresión que ha dejado su mercado. La llegada de los cuatro o cinco refuerzos solicitados por Almada daría otra dimensión al plantel. Mientras no se concreten, Perea seguirá como la única incorporación del verano: un jugador joven, con margen de crecimiento y lejos del perfil de un bombazo.
