Guillermo Almada: cuánto duran sus proyectos y por qué terminan desgastándose

Guillermo Almada suele necesitar tiempo para transformar un equipo. El River Plate de Uruguay, el Barcelona de Ecuador, el Santos y el Pachuca de la Liga MX lo tuvieron un promedio de tres años y medio, periodos suficientes para instalar una idea de juego, modificar planteles y desarrollar futbolistas jóvenes.
La otra cara aparece al final de algunos procesos. Armando Martínez, presidente del Pachuca, lo resumió: “Sí, es difícil de aguantar porque es muy intenso”. Recordó que Almada pedía constantemente mejores canchas, instalaciones y condiciones de entrenamiento.
Martínez también reconoció que el entrenador “se desgastaba mucho”, aunque calificó su experiencia con él como “buenísima”, aseguró que quería renovarlo y dejó abiertas las puertas para un eventual regreso.
La carrera del uruguayo no muestra que todos sus proyectos terminen mal, pero sí una constante: la exigencia que permite transformar a sus equipos también puede convertirse con el tiempo en fricción.
De ciclos largos a dos experiencias breves
Antes de llegar al América, Almada había dirigido siete clubes: el Tacuarembó uruguayo, el River Plate, el Barcelona, el Santos, el Pachuca, el Valladolid y el Oviedo.
Estuvo aproximadamente un año y medio en el Tacuarembó, cuatro años y dos meses en el River Plate, tres años y diez meses en el Barcelona, dos años y siete meses en el Santos y tres años y medio en el Pachuca.
Sus dos experiencias españolas redujeron considerablemente el promedio: permaneció alrededor de cinco meses tanto en el Valladolid como en el Oviedo. En conjunto, sus siete proyectos anteriores al América duraron aproximadamente dos años y cuatro meses, aunque sus cuatro grandes ciclos entre el River Plate y el Pachuca se acercaron a los tres años y medio.
En ellos también desarrolló una característica que ahora empieza a aparecer en el América: dar oportunidades a jóvenes y rejuvenecer progresivamente sus equipos. El Pachuca destacó al despedirlo su trabajo en la formación, debut y consolidación de futbolistas de fuerzas básicas.
El Santos: diferencias sobre el proyecto
Almada dejó el River Plate para dirigir al Barcelona y posteriormente salió de Ecuador para aceptar la propuesta del Santos. Fueron movimientos después de procesos prolongados.
En México apareció un desenlace distinto.
Dirigió al Santos entre abril de 2019 y noviembre de 2021, alcanzó la final del Guardianes 2021 y mantuvo al equipo regularmente en la pelea por las fases finales. Su etapa terminó después de la eliminación frente a los Tigres en el Apertura 2021.
El Santos explicó entonces que existían diferencias en la visión de mediano y largo plazo entre la institución y el cuerpo técnico. El final mostró que la metodología de Almada no depende solamente de lo que ocurre en la cancha: también exige determinadas condiciones de planificación y construcción del plantel.
El Pachuca: éxito y desgaste
El Pachuca ofrece el ejemplo más completo de las dos caras del método.
Por tres años y medio, Almada ganó el Apertura 2022 y la Copa de Campeones de la Concacaf de 2024, además de disputar la final de la Copa Intercontinental contra el Real Madrid.
También profundizó la apuesta por los jóvenes y convirtió al Pachuca en uno de los equipos de menor edad de la Liga MX.
Esa apuesta llegó incluso a modificar jerarquías del vestidor. En julio de 2023, Óscar Ustari, capitán y portero del equipo campeón del Apertura 2022, tuvo diferencias con Almada después de que el entrenador decidiera darle más minutos al canterano Carlos Moreno.
Los reportes de entonces señalaron que Ustari no coincidió con el manejo, abandonó un entrenamiento y pidió su salida del club. Moreno, entonces de 25 años, se quedó con la portería.
Pero el proceso concluyó pocas semanas antes del Mundial de Clubes de 2025. La primera informació hablo de diferencias entre la visión del estratega y la del Grupo Pachuca, aunque la institución evitó atribuir la separación a un único conflicto y calificó su etapa como “brillante”.
Un año después, Martínez reconoció el desgaste provocado por la intensidad cotidiana de Almada con los jugadores. El caso mostró que el desgaste puede aparecer incluso dentro de un proyecto exitoso.
España: dos finales diferentes
El Valladolid contrató a Almada en julio de 2025 para intentar regresar a Primera División. Cinco meses después, el Oviedo se interesó por él y el entrenador pidió escuchar la propuesta.
La directiva del Valladolid consideró que desde ese momento ya no podía continuar y acordó su salida al Oviedo. No fue una ruptura provocada por sus métodos, sino por la oportunidad de cambiar de club.
En el Oviedo volvió a aparecer otra señal.
Almada llegó en diciembre con la misión de evitar el descenso. No consiguió la permanencia y dejó el equipo al terminar la temporada. Después de su salida, Federico Viñas reconoció que “el día a día con Guillermo y el grupo no era el mejor” y afirmó que por eso no le sorprendió la decisión.
El desafío para el América
Los antecedentes dejan dos lecturas para el América.
La primera es favorable: los mejores proyectos de Almada necesitan tiempo. Sus etapas más importantes produjeron títulos, equipos con un estilo de juego reconocible y oportunidades para futbolistas jóvenes.
La segunda está relacionada con la forma de conseguirlo. Almada exige a los jugadores, pero también a las instituciones. Las condiciones de entrenamiento, la planificación y la conformación del plantel forman parte de una metodología sobre la que suele mostrar poca disposición a ceder.
Ahora el América empieza a experimentar la parte más visible de ese método: jóvenes recibiendo oportunidades y una plantilla que comienza a rejuvenecerse.
La historia de Almada demuestra que su intensidad puede transformar a un equipo, el desafío es cuánto tiempo puede sostenerse antes de convertirse en desgaste.
