El 'beisbol pequeño' de los Pericos somete a los Diablos Rojos

El beisbol de postemporada suele ser un escenario impredecible, pero lo que ocurre actualmente en la Serie de Zona de la Liga Mexicana de Beisbol obedece a una lógica construida meticulosamente durante meses.
Los Pericos de Puebla han dado un golpe sobre la mesa al tomar una ventaja de 2-0 sobre los Diablos Rojos del México, tras imponerse en sus dos primeros compromisos en el Estadio Alfredo Harp Helú.
Para el aficionado casual o para aquel que se dejó deslumbrar por el poderío y la nómina de la novena escarlata, este escenario resulta insólito, especialmente considerando que el cuadro poblano no lograba una ventaja de 2-0 como visitante ante los capitalinos en postemporada desde 1975.
En los dos primeros choques, la ofensiva verde validó su sistema al vapulear primero al pitcheo de Ricardo Pinto con un contundente 13-5 cimentado en 21 imparables, y posteriormente demostrando aplomo táctico para vencer 4-1 al estelar ganador del Cy Young, Trevor Bauer, en el segundo de la serie.
La superioridad de los Pericos se explica desde sus cimientos estadísticos.
En un circuito donde muchos equipos apuestan ciegamente por el cuadrangular, Puebla patentó un sistema de asfixia basado en el dinamismo absoluto y una paciencia inquebrantable en la caja de bateo.
Terminaron el rol regular como líderes indiscutibles en el departamento de bases robadas de toda la LMB, superando la barrera de las 120 estafas y desplazando del primer lugar a unos Charros de Jalisco que venían dominando ese rubro históricamente.
A la par, el equipo exhibió un control férreo de la zona de strike, ubicándose en el lugar 17 en ponches recibidos a nivel liga; es decir, operaron como una de las escuadras que menos abanicó la esférica, priorizando poner la pelota en circulación de manera constante.
El gran arquitecto detrás de la consolidación de este modelo en la recta final ha sido el mánager Ramón Orantes, quien asumió las riendas tras la salida del dirigente Darryl Brinkley.
Lejos de desestabilizarse por el cambio de mando, el roster encontró en Orantes a un líder que potenció sus virtudes. "No batallé mucho porque hicimos pretemporada con todos y los conocía", relató el timonel.
El asalto sin piedad a los senderos no fue un recurso táctico que Orantes perfeccionó en la temporada. Sobre esta identidad agresiva, el mánager fue claro: "La organización buscó implementar un equipo dinámico. El equipo siempre donde se para ha mostrado esa dinámica de siempre buscar la base extra, de ser agresivo en las bases y no lo hemos dejado de hacer".
Esta agresividad se sustentó en un exhaustivo estudio de los lanzadores rivales y en un trabajo psicológico para erradicar el miedo al error. "Viendo la característica de cada pelotero, a mí siempre me ha gustado ser agresivo en las bases y darle esa confianza; que aquí el que no arriesga no gana, y que se atrevan a hacer las cosas", detalló Orantes.
Naturalmente, un esquema basado en la velocidad pierde su efecto si los jugadores no se posicionan en la inicial.
Es allí donde cobra relevancia ese lugar 17 en ponches recibidos. Al rehuirle al chocolate, los Pericos aseguraron un tráfico constante en las almohadillas que puso a temblar a las defensivas rivales.
Esta disciplina superlativa en el plato es producto de la filosofía del cuerpo de coaches. "Tenemos un parque que es muy grande y siempre buscamos la manera de hacer contacto con la bola. Cualquier contacto puede caer. Y eso yo creo que los hizo ser más disciplinados", puntualizó el dirigente.
Con la serie trasladándose al Estadio Hermanos Serdán, el panorama luce inmejorable para unos Pericos que lucen imparables.
A pesar de tener al actual campeón contra las cuerdas, Orantes mantiene el enfoque. Consciente del poder de su rival, sabe que el boleto aún no está sellado. "Diablos tienen un gran equipo, por eso es mi campeón, y nosotros teniendo una buena temporada... la moneda va a estar en el aire. Yo creo que el que aprovecha los errores del contrario va a salir adelante", concluyó.
