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REVISTA: Mérida, escala del sueño: la ruta silenciosa de los peloteros cubanos hacia el beisbol profesional

La capital yucateca es la primera base para peloteros cubanos que buscan llegar a Grandes Ligas. Muy pocos lo logran; la mayoría convierte México en su refugio beisbolero.
Mérida, escala del sueño: la ruta silenciosa de los peloteros cubanos hacia el beisbol profesional
Mérida, escala del sueño: la ruta silenciosa de los peloteros cubanos hacia el beisbol profesional | Edmundo Méndez

En las gradas del campo de beisbol de la colonia Bojórquez, unas 600 personas pasan una tarde cualquiera en Mérida. El calor supera los 28 grados, pero nadie parece demasiado preocupado. Algunos se abanican; otros comen kibis o piedras, botanas típicas de la península.

El juego avanza con calma. En el sureste de México, el beisbol rara vez tiene prisa: los aficionados conversan entre lanzamientos, los niños se levantan de las gradas para correr detrás de una pelota de foul y un vendedor camina entre los asientos con una charola de cervezas. Pero cuando el cubano Rigoberto Gómez camina hacia la caja de bateo, el murmullo baja.

Aunque su sueño original era llegar a Grandes Ligas, hoy es uno de los mejores bates de la Liga Meridana, una competencia semiprofesional que se juega en parques de barrio donde caben entre 600 y 700 aficionados.

Para muchos de los presentes, es solo un buen pelotero; para otros, representa algo distinto: una historia que empieza en Cuba, cruza el Caribe y termina en este campo del sureste de México.

En la más reciente temporada, 14 peloteros cubanos jugaron en este torneo local, que funciona como vitrina y refugio para quienes no llegan al beisbol profesional. Algunos lo consiguen. Otros, la gran mayoría, se quedan en el camino.

México es una de las principales rutas que encaminan a los caribeños (como Randy Arozarena, hoy figura de los Seattle Mariners) hacia los diamantes de paga. Es un camino que combina migración irregular y agentes o inversionistas que financian la salida y esperan recuperar entre el 30 y el 50% de una firma en Grandes Ligas que casi nunca llega.

El guante de Rigoberto Mendoza, un cubano que se quedó en Mérida
El guante de Rigoberto Mendoza, un cubano que se quedó en Mérida | Edmundo Méndez

SALIR DE LA ISLA

Cuando cae la tarde en la Bojórquez, el juego sigue con calma. Rigoberto Gómez conecta un sencillo al jardín derecho y corre a primera base mientras los aficionados lo ovacionan.

Antes de convertirse en una figura de la Liga Meridana, Gómez tuvo que seguir la ruta en lancha a México en 2016. Tenía 25 años y ocho temporadas en la Serie Nacional cuando apareció la oportunidad de salir. La propuesta llegó a través de conocidos, pero detrás había una práctica recurrente: el cazatalentos entró a la isla como un turista más, asistió a partidos sin levantar sospechas de la policía secreta y, mediante contactos, identificó a jugadores talentosos dispuestos a dar el paso.

Así llegó hasta Gómez. El acuerdo fue sencillo: si lograba firmar con una organización profesional, el intermediario recibiría el 30% del contrato.

La decisión no fue sencilla. En Cuba, salir del país implica romper con la familia y lanzarse a un terreno de incertidumbre. “Me costó mucho tomar la decisión”, dice el beisbolista, de 1.85 de estatura, piel oscura y una cadena de oro colgando al pecho, como si cargara a la vista ese sueño inconcluso de las Grandes Ligas. “Pero lo que ganaba allá no me alcanzaba para vivir”.

La travesía fue similar a la de otros peloteros. Salió en lancha rumbo a México, llegó a Isla Mujeres y después se trasladó a Cancún, donde permaneció varios meses mientras resolvía su situación migratoria. Finalmente, se estableció en Mérida, con un plan claro: entrenar, participar en visorías y esperar la llamada de un equipo de MLB. Nunca llegó.

El viaje, sin embargo, no se paga solo. La salida se financia con dinero de agentes. Un funcionario de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) explica que el costo puede ir de 180,000 a 200,000 pesos, solo por la salida en lancha. No es solo una apuesta deportiva. Es una inversión.

Pero salir no es suficiente. Para poder firmar, los peloteros necesitan establecer residencia en un país fuera de Cuba, un requisito indispensable para ser considerados agentes libres.

El mismo funcionario de la SRE comenta que la mayoría de los cubanos que llegan a México lo hacen de forma irregular. El país se ha convertido en un punto clave porque permite regularizar a una parte importante de los migrantes. Sin embargo, el proceso que en la vía legal tarda años, en algunos casos puede resolverse en meses.

“Si entran de forma irregular, batallan años. Si tienen familia, matrimonio o empleo, puede ser rápido”, afirma el funcionario.

En algunos casos, esa regularización no ocurre por las vías oficiales. El mismo funcionario reconoce que existen procesos irregulares en los que documentos son gestionados sin registro formal, lo que permite acelerar tiempos que, en teoría, deberían tomar años.

“En los países latinoamericanos hay mucha corrupción. Lo que he escuchado de las personas que están en estos negocios es que en México siempre ha sido mucho más rápido hacer estos procesos”, señala Yordano Carmona, cocreador de Pelota Cubana USA.

La migración de cubanos se ha intensificado a raíz del mayor éxodo migratorio registrado en los últimos cinco años. Tan solo entre 2021 y 2023, la Oficina de Washington para Asuntos Latinoamericanos documentó que cerca de 36,000 cubanos arribaron a México.

Carmona lo resume así: “Todo el mundo necesita papeles rápido. Entonces dicen: ‘¿Dónde me los dan más rápido? Mérida, Cancún, me voy para donde sea’”.

LA EDAD DEL MERCADO

El beisbol profesional responde a una lógica de negocio que privilegia la juventud. Las organizaciones apuestan, principalmente, por prospectos adolescentes que todavía pueden desarrollarse dentro de su sistema. Para quienes llegan al mercado internacional después de los 25 años, las oportunidades se reducen considerablemente.

Cuando Rigoberto Gómez estaba por cumplir 26, entendió que su margen se había reducido. Los equipos buscaban proyección más que rendimiento inmediato. “Son cosas del negocio”, dice.

Hoy, vive en Mérida. Juega en ligas semiprofesionales. Dirige una academia en Hunucmá, donde entrena a prospectos yucatecos o a quienes quieran usar su caja de bateo. Su historia no es una excepción: es uno de los desenlaces más comunes dentro de esta ruta.

Otro caso que ayuda a entender ese mismo recorrido es el de Jorge Tartabull, uno de los talentos más prometedores del beisbol cubano reciente: un jardinero de 1.80 de estatura que combinaba un brazo potente con una velocidad que marcaba diferencia en los jardines.

Como Gómez, salió de Cuba con el respaldo de un agente, aunque con un acuerdo distinto: entregar el 35% de una eventual firma.

A diferencia de otros peloteros latinoamericanos, los cubanos deben abandonar su país para poder firmar. El embargo estadounidense impide que organizaciones de Grandes Ligas paguen directamente a jugadores que residan en la isla y, además, en Cuba, los derechos deportivos pertenecen a la federación estatal, no a los atletas de manera individual.

Por ello, las franquicias de MLB no pueden negociar con ellos mientras permanezcan en el sistema local, lo que obliga a los jugadores a establecer residencia en un tercer país para convertirse en agentes libres.

En 2019, Tartabull participó en un showcase frente a scouts de los Cleveland Guardians, Chicago White Sox, Texas Rangers y San Diego Padres. “Tenía las herramientas. Lo que detuvo mi proceso fue la edad”.

También viajó en lancha. También llegó a México con el objetivo de establecer residencia y poder firmar.

“Tuve que irme obligado para establecerme como residente en un tercer país y calificar como agente libre”, recuerda. “Fue un evento de mucha adrenalina, porque entras a otro país de forma ilegal y tienes temor de lo que pueda pasar”.

Pasó cuatro meses en Mérida mientras resolvía sus papeles. Después, viajó a República Dominicana, donde los equipos de Grandes Ligas tienen academias internacionales.

Regresó a México. Jugó en la Liga Norte con los Delfines de La Paz, vinculados a organizaciones de la Liga Mexicana. Después, tuvo un breve paso con los Pericos de Puebla en 2021, donde apenas disputó tres partidos.

Fue lo más cerca que estuvo de los grandes reflectores. Hoy, vive en Mérida, donde, al igual que Rigoberto Gómez, juega en ligas semiprofesionales y entrena a equipos infantiles.

“No me quisieron cobrar. El inversionista sabe que es un riesgo, a veces, se gana y a veces, se pierde”.

Aquí, historias como la de Yadir Drake, primera base de los Leones de Yucatán en la LMB, marcan otro tipo de desenlace posible. El jugador, de 1.83 metros de estatura, rastas y lentes oscuros deportivos que le cubren casi todo el rostro, pasó por la Liga Meridana al llegar a México hace 14 años, cuando tenía 21.

Tras apenas dos años, dio el salto a los Dodgers, donde no logró pasar de Ligas Menores. A su juicio, le faltó “un toque de suerte y estar en el momento indicado”, en una organización que, según describe, apostaba por los mismos jugadores y ofrecía pocas oportunidades reales de ascenso al equipo de MLB.

Sin consolidarse en Grandes Ligas, encontró en México, en donde juega ininterrumpidamente en verano e invierno desde 2018, una carrera estable dentro del beisbol profesional: primero fue una oportunidad laboral; finalmente, su hogar. Yadir asegura que Mérida, donde juega desde 2021, le recuerda a Miami, el principal enclave de la comunidad cubana en Estados Unidos.

Su trayectoria funciona como punto intermedio entre el éxito total y el abandono del camino: casi nadie llega a Grandes Ligas, pero algunos logran quedarse dentro del sistema profesional.

Rigoberto Gómez, antes de un partido de beisbol
Rigoberto Gómez, antes de un partido de beisbol | Edmundo Méndez

EL MODELO SE VOLVIÓ NEGOCIO

Los agentes financian la salida, cubren alojamiento, alimentación, entrenamiento y procesos migratorios. A cambio, reciben entre el 30 y el 50% del bono de firma.

Para quienes participan en este sistema, el cálculo es claro: “Sacas a 10 peloteros y con dos o tres recuperas lo invertido”, resume Rigoberto Gómez.

Pero esa lógica no es unidireccional. Para Yordano Carmona, el sistema también se sostiene desde otro ángulo: el del riesgo.

“Puede parecer un robo”, explica, “pero también es alguien que apostó por ti cuando en Cuba no ibas a ganar dinero, que puso su plata y te dio la oportunidad de salir”.

En ese equilibrio se mantiene el modelo. Los agentes no solo intermedian: invierten, alimentan y apuestan por jugadores que, sin ese respaldo, difícilmente podrían salir de la isla.

La salida constante también ha tenido un efecto dentro de Cuba.

“El pelotero hecho en Cuba cada vez tiene menos talento, porque se ha ido todo el mundo. La Serie Nacional hoy mezcla jóvenes con veteranos que llegan a tener hasta 40 y tantos años. El nivel es bajísimo”, comenta Carmona.

UN SISTEMA QUE EVOLUCIONA

En los últimos años, el reclutamiento también ha cambiado. Muchos peloteros envían a academias en México videos grabados con teléfono celular, estadísticas y reportes físicos, lo que permite detectar talento a distancia.

Uno de los centros que reciben esos datos es la academia del cubano Carlos Thompson, quien, como Gómez y Tartabull, se estableció en Mérida.

Su academia, ubicada en las afueras de la ciudad, alberga a unos 30 jugadores de distintas nacionalidades: aproximadamente 12 mexicanos, ocho cubanos, cuatro venezolanos y un guatemalteco. Las edades oscilan entre los 14 y los 23 años.

El expelotero cubano Vladimir Hernández, quien alcanzó nivel AAA tras salir de Cuba, es uno de los principales entrenadores.

“Aquí los preparamos para ir a Grandes Ligas, pero también para Liga Mexicana. Ya hemos firmado tres peloteros en México y uno para MLB, el cubano Yadier Zamora, quien acordó con Dodgers”, comenta.

Pero el proceso comienza antes. “Los están sacando desde los 12 años. Los mantienen hasta los 16 para que puedan firmar”, añade Carmona.

Ese desarrollo tiene un costo oculto: muchos jóvenes dejan la escuela para dedicarse exclusivamente al beisbol. Durante años entrenan, esperan y compiten. No todos firman y, cuando no ocurre, el margen de regreso es limitado.

Un joven recluta lo confirma. Salió cuando era menor de edad, acompañado de su padre, bajo un acuerdo que lo obliga a ceder el 50% de su bono si llega a firmar.

No todos arriban por la misma vía. Otro recluta describe un proceso distinto. Su contacto ocurrió en Campeche, durante el Torneo Internacional Sub-18 de Randy Arozarena, en noviembre de 2024.

Llegó como parte de una selección de Mérida. Ahí llamó la atención de Thompson, quien lo invitó a quedarse.

“Yo vine a jugar”, relata. “Pero ahí fue donde me dijeron que me quedara”.

Además, Arozarena mantiene una relación cercana con el desarrollo de talento en Mérida. Apoya la academia de Thompson con donación de implementos, visitas y difusión. Su figura funciona como una referencia: no solo representa el éxito, también alguien que recorrió el mismo camino.

Jóvenes prospectos de la Academia de Thompson
Jóvenes prospectos de la Academia de Thompson | Edmundo Méndez

EL PRIMER ESCALÓN

La Liga Meridana forma parte del paisaje deportivo de la ciudad. Se juega en barrios tradicionales, con patrocinio local y apoyo del ayuntamiento.

El costo de operación por partido oscila entre 80,000 y 90,000 pesos. Cada equipo puede registrar hasta tres extranjeros, una regla vigente desde su fundación en 2010.

Esa norma convirtió a la liga en destino recurrente para peloteros cubanos. En la última temporada, las seis novenas tuvieron presencia de jugadores de la isla y en tres de ellas se ocuparon todas las plazas disponibles, de acuerdo con datos de Pelota Cubana USA.

Los salarios no son altos: entre 5,000 y 6,000 pesos por juego. Se disputan dos por semana. Pero el dinero no es el principal incentivo. La liga funciona como vitrina y punto estratégico dentro de una ruta cada vez más definida.

Carmona lo explica: “Muchos ven a Dominicana como un cementerio de peloteros por la cantidad de talento. Entonces, optan por México para firmar”.

México es, junto con Haití, una de las principales salidas para los cubanos. “En Haití es todavía más rápido. No hay ni gobierno. De ahí cruzan fácil a República Dominicana”, añade.

En algunos casos, México también funciona como refugio. Mérida ofrece estabilidad, seguridad y una comunidad cubana creciente. El clima, la comida y el ritmo de vida facilitan la adaptación.

También se ha convertido en una segunda oportunidad. En 2025, la Liga Mexicana de Beisbol contó con 31 cubanos en su día inaugural, mientras que la Liga del Pacífico registró 12, también con cifras brindadas por la página web dirigida por Carmona.

No es el destino soñado, pero sí una forma de sostener una carrera.

El caso más conocido es el de Randy Arozarena. Llegó a Yucatán en 2015 tras cruzar más de 270 kilómetros de mar abierto en una lancha durante nueve horas. Después pasó por la Liga Meridana, fue detectado por un scout y dio el salto al profesionalismo.

Historias como la suya circulan entre los peloteros que llegan a Mérida. Funcionan como esperanza, pero también como recordatorio: el éxito no es la norma, es la excepción.

Para la mayoría, es solo beisbol. Pero en cada swing se concentra todo lo que no se ve: el viaje, el dinero invertido, la promesa de un contrato y los años a la espera de una llamada que no llegó.

México, para muchos, es una escala. Para otros, como Gómez, es el lugar donde el sueño no se cumple: se transforma.

Mérida, escala del sueño: la ruta silenciosa de los peloteros cubanos hacia el beisbol profesional
Mérida, escala del sueño: la ruta silenciosa de los peloteros cubanos hacia el beisbol profesional | Edmundo Méndez

Nota editorial: Este reportaje fue publicado originalmente en la edición impresa de mayo de 2026 de Sports Illustrated México. El texto se reproduce respetando la versión publicada en la revista.

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Published | Modified
Rodrigo Corona
RODRIGO CORONA

Reportero en Sports Illustrated México. Apasionado por contar historias del mundo deportivo.

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