A la sombra del Coliseo, el curling como atracción turística en Roma

Agachados y concentrados, unos jugadores lanzan su pesada piedra bajo un sol abrasador, frente a la imponente silueta del Coliseo. Ningún gladiador a la vista, sino nuevos adeptos del curling: en Roma, este deporte de invierno intenta una insólita irrupción en pleno verano.
Instalada a unos cuantos metros del famoso anfiteatro, esta pista temporal seduce a habitantes y turistas, atraídos por una disciplina que ha ganado popularidad desde los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026 de Milán-Cortina.
"En cuanto la gente ve la pista, se queda fascinada", se entusiasma Serena Rota, de 24 años, instructora encargada de iniciar a los principiantes.
Para adaptar el juego al clima romano, el ayuntamiento instaló en junio una superficie sintética de plástico de alta densidad. Algo que rompe los códigos de un deporte generalmente asociado a los lagos helados y a los paisajes nevados del norte.
El proyecto fue llevado a cabo por Sport e Salute, organismo público encargado del desarrollo y la promoción de iniciativas deportivas en toda Italia. Con zapatillas y pantalón corto, los participantes encadenan lanzamientos en el parque de Colle Oppio, acondicionado sobre los vestigios del vasto palacio de Nerón, donde resuena el ruido sordo de las piedras al contacto con la pista.
Pietro Valli, de 21 años, se topó con la instalación por casualidad cuando vino a jugar al baloncesto. Como muchos italianos antes de los Juegos Olímpicos, miraba este deporte con escepticismo. "Parecía muy estático", admite. La prueba en la pista le hizo cambiar de opinión: "Es muy estratégico y no tan fácil".
Un marco único
Nacido en Escocia en el siglo XVI, el curling es un deporte de equipo que se practica sobre hielo. Los jugadores deslizan piedras pulidas hacia una diana, mientras sus compañeros barren la superficie con escobas para influir en la velocidad y la dirección de las piedras.
En ausencia de hielo, se hace hincapié en el lanzamiento más que en el control de la trayectoria. Monitores acompañan a los participantes paso a paso, desde la toma de la piedra hasta su deslizamiento por la pista, de unos doce metros de longitud.
Para Serena Rota, la experiencia resulta especialmente enriquecedora porque permite dar a conocer "un deporte practicado principalmente en el norte de Italia y aún poco conocido aquí".
Mientras la luz se desvanece, Pietro Valli echa una mirada por encima del hombro hacia el Coliseo. "Lo agradable del verano en Roma es que también se disfruta de todo este entorno", subraya. Una experiencia que "desde luego no se encuentra en una pista de hielo cubierta y fría".
Según Federico Sanna, instructor de 24 años, entre 50 y 100 personas vienen cada día a probar el curling desde comienzos del verano, a pesar del calor húmedo.
"En las horas de más calor, es difícil aguantar más de una partida", señala, mientras el mercurio supera los 35 °C en la capital italiana.
El calor que se desprende de la superficie añade una dimensión claramente veraniega a este deporte de invierno, mientras los jugadores buscan con frecuencia la sombra de los pinos piñoneros.
Francesco Mariani, también de 24 años, participó en una competición amistosa con sus amigos, todos ellos debutantes. "Con este calor, ni siquiera salir a la calle es lo ideal, pero es algo diferente", explica. AFP
